Buddhismo en Pocas Palabras

Este libro es la traducción al español de la obra Buddhism in A Nutshell del Venerable Narada Mahathera.

Se recomienda usar la última versión traducida por Ricardo Guerrero Díañez: Buddhismo en Pocas Palabras (Venerable Nārada Mahāthera)
 


Traducción al español por Rafael Pérez Ibargüen y otros. Versión original © 1982 Buddhist Publication Society 1997. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Traducción española ©BTMAR 2007. Última revisión 21 de diciembre de 2007. BTMAR es Buddhismo Theravada México A.R. (Asociación Religiosa).

I-El Buddha

Capítulo 1
El Buddha

Namo Tassa Bhagavato Arahato Samma-Sambuddhassa

En la luna llena de mayo del año 623 a.C. nació en el distrito de Nepal un príncipe indio Sakya (1), llamado Siddhatta Gotama, que estaba destinado a ser el más grande maestro religioso del mundo. Criado entre toda clase de lujos, recibió la educación propia y digna de un príncipe. Se casó y tuvo un hijo.

Su naturaleza contemplativa y su compasión ilimitada no le permitieron gozar de los fugaces placeres materiales de la realeza. Aunque no tuvo que soportar penas ni calamidades, inmenso era el pesar que sentía por la sufriente humanidad. Rodeado de comodidades y prosperidad fue capaz de discernir la universalidad del sufrimiento. El palacio, henchido de mundanos entretenimientos, no fue por mucho tiempo un lugar afín al compasivo príncipe. Llegó la hora en la que hubo que partir. Habiendo constatado la futilidad de los gozos sensuales, renunció a los placeres mundanos a la edad de veintinueve años y vistiendo el sencillo atuendo de un asceta, sólo, sin posesión alguna, anduvo buscando la Verdad y la Paz.

Su renunciación no tiene precedente en la Historia, pues no renunció en su vejez sino en el esplendor de su vida, no en la pobreza sino en la plenitud. Dada la antigua creencia de que no es posible la liberación sin soportar una vida de estricto ascetismo, practicó ardientemente toda clase de severas austeridades. “Añadiendo vigilia a vigilia y penitencia a penitencia”, realizó sobrehumanos esfuerzos durante seis largos años.

Su cuerpo casi se redujo a un esqueleto. Cuanto más atormentaba su cuerpo, más se alejaba de su objetivo. Las dolorosas e infructuosas penitencias que enérgicamente practicó resultaron totalmente fútiles, quedando así totalmente convencido, por su propia experiencia, de la total inutilidad de una auto-mortificación que debilitó su cuerpo y extenuó su espíritu.

Beneficiado por esta inestimable experiencia, finalmente decidió recorrer su propio camino, evitando los dos extremos: la auto-indulgencia y la auto-mortificación. La primera retrasa el progreso espiritual y la segunda debilita el intelecto. El nuevo camino que descubrió por sí mismo fue el Sendero Medio, Majjhima Patipada, que se convirtió posteriormente en una de las características más notables de su Enseñanza.

Una mañana radiante, estando profundamente absorto en la meditación, sin ayuda ni guía de ningún poder sobrenatural y confiando únicamente en su propio esfuerzo y visión, erradicó todas las impurezas, se purificó a sí mismo y, comprendiendo la realidad, consiguió la Iluminación a la edad de 35 años. No nació como un Buddha pero se convirtió en un Buddha mediante su propio esfuerzo. Siendo la personalización perfecta de todas las virtudes que él mismo predicó y estando dotado de profunda sabiduría e ilimitada compasión, dedicó el resto de sus días a servir a la humanidad, con el ejemplo y con el precepto, sin estar influido por ninguna motivación personal.

* [Iluminado, Despierto.]

Tras un exitoso ministerio de 45 largos años, el Buddha sucumbió a la inexorable ley del cambio como cualquier otro ser humano y falleció a los 80 años, exhortando a sus discípulos a contemplar su Enseñanza como único maestro.

El Buddha fue un ser humano. Nació como hombre, vivió como hombre y también como hombre, su vida llegó al final.  Aunque fue sólo un hombre, fue un hombre extraordinario (Acchariya Manussa), pero nunca se atribuyó característica divina alguna. El Buddha enfatizó este asunto tan importante y no dejó ninguna duda, para que nadie creyese, equivocadamente, que Él era un ser divino e inmortal. Afortunadamente, no ha habido divinización de la persona del Buddha. Sin embargo, hay que destacar que jamás ha existido un Maestro que al mismo tiempo, haya sido tan diferente y tan similar a un dios.

El Buddha no fue la encarnación del dios hindú Vishnu, como muchos creen erróneamente ni fue un salvador que a su libre albedrío, salvó a otros con su propia redención. El Buddha exhortó a sus discípulos a depender de sí mismos para conseguir la liberación, pues tanto la pureza como la impureza –dijo- dependen de uno mismo. Precisó cual era la relación con sus seguidores y exaltando la auto-confianza y el esfuerzo personal, estableció sencillamente: “Vosotros debéis esforzaros, los Tathagatas (2) sólo son los maestros”.

* [Lit. “los que así se han ido”]

Los Buddhas señalan el camino. Nosotros debemos recorrer ese camino para obtener nuestra purificación.

“Depender de otros para la salvación es perjudicial, pero depender de uno mismo es beneficioso”. La dependencia de otros significa el abandono del propio esfuerzo.

Exhortando a sus discípulos a depender de sí mismos, el Buddha declaró en el Parinibbana Sutta: “Sed islas para vosotros mismos, sed un refugio para vosotros mismos, no busquéis el refugio en otros”. Estas significativas palabras son auto-ensalzadoras. Revelan cuán vital es el esfuerzo por conseguir el propio objetivo y cuán superficial y fútil es buscar la redención a través de salvadores, deseando una ilusoria felicidad en una vida posterior propiciada por imaginados dioses, plegarias incontestadas o sacrificios carentes de sentido.

El Buddha tampoco proclamó estar en posesión del monopolio de la Iluminación que, efectivamente, no es privilegio de una persona particularmente agraciada. Alcanzó el máximo estado posible de perfección a la que una persona puede aspirar y, sin el “puño cerrado” del maestro, reveló el único camino directo que conduce a tal estado. Según la Enseñanza del Buddha, todo el mundo puede aspirar al supremo estado de perfección siempre y cuando el esfuerzo necesario sea realizado. El Buddha no condenó a los hombres llamándoles “miserables pecadores”. Por el contrario, se regocijó, afirmando que el corazón del ser humano es puro en su naturaleza. Opinaba que el mundo no es malo, sino que está ofuscado por la ignorancia. En lugar de desanimar a sus seguidores y reservarse un loable estado para sí mismo, les animó e indujo a emularle, pues el potencial para alcanzar la Iluminación está latente en todos. En ese sentido, todos somos Buddhas potenciales.

Quien aspira a convertirse en un Buddha es conocido como Bodhisatta que literalmente, significa “ser de sabiduría”. El ideal del Bodhisatta es el más hermoso pues es la más refinada forma de vida nunca surgida en este mundo egocéntrico, porque ¿hay algo más noble que una vida de servicio y pureza?

Como hombre, Él alcanzó la Iluminación, proclamó al mundo las inconcebibles posibilidades latentes en el ser humano y su poder creativo. En lugar de colocar por encima del hombre un invisible visto dios todopoderoso que arbitrariamente controla los destinos de la humanidad y los subordina a su poder supremo, elevó la dignidad del genero humano. Enseñó que el hombre puede obtener la liberación y la purificación con su propio esfuerzo, sin depender de un dios externo o sacerdotes intermediarios. Fue Él quien enseñó al egocéntrico mundo el noble ideal del servicio no egoísta, se sublevó contra el degradante sistema de castas y enseño la igualdad entre los seres humanos, dando igualdad de oportunidades a todos, señalando que la única distinción entre los hombres es el camino recorrido en sus vidas.

Declaró que las puertas del éxito y la prosperidad están abiertas a todos, cualesquiera que sean sus condiciones de vida: alta, baja, santo o criminal, para todos los que se preocupen de pasar página y aspirar a la perfección.

Independientemente de casta, color o rango, estableció para los hombres y mujeres merecedores de ello, una orden célibe democráticamente constituida. No obligó a sus seguidores a ser esclavos de sus Enseñanzas o de sí mismo sino que les concedió la completa libertad de pensamiento.

Reconfortó a los desconsolados con sus alentadoras palabras. Auxilió a los enfermos que habían sido abandonados. Ayudó a los pobres que habían sido rechazados. Ennobleció las vidas de los engañados. Purificó las corruptas vidas de los criminales. Animó a los débiles. Unió a los divididos. Iluminó a los ignorantes. Alumbró a los místicos. Guió a los descarriados. Elevó a los indignos. Enalteció a los nobles. Ricos y pobres, santos y criminales le amaron por igual. Déspotas monarcas y justos reyes, famosos y sencillos príncipes y nobles, generosos y mezquinos millonarios, altaneros y humildes eruditos, pobres desvalidos, pisoteados recogedores de basuras, malvados asesinos, despreciadas cortesanas, todos se beneficiaron de sus palabras de sabiduría y compasión.

Su noble ejemplo constituyó una fuente de inspiración para todo el mundo. Su sereno y apacible semblante fue una imagen apaciguante ante los ojos piadosos. Su mensaje de paz y tolerancia fue recibido por todos con indescriptible gozo, convirtiéndose en un beneficio eterno para aquellos que tuvieron la fortuna de escucharlo y ponerlo en práctica.

Dondequiera que sus Enseñanzas penetraron dejaron una indeleble impresión en las mentes de las gentes. El avance cultural de todos los países buddhistas fue debido, principalmente, a sus Sublimes Enseñanzas. De hecho, naciones buddhistas como Ceilán, Birmania, Tailandia, Camboya, Vietnam, Laos, Tibet, China, Mongolia, Corea, Japón y otras crecieron en la cuna del Buddhismo. Aunque han transcurrido más de 2.500 años desde la muerte del gran Maestro, todavía su personalidad única ejerce una gran influencia en quienes llegan a conocerle.

Su impetuosa voluntad, su profunda visión, su amor universal, su ilimitada compasión, su desinteresado servicio, su histórica renunciación, su perfecta pureza, su personalidad magnética, los ejemplares métodos que utilizó para propagar sus Enseñanzas y su éxito final han contribuido a que una quinta parte de la población mundial aclame al Buddha como su Supremo Maestro.

Brindando un luminoso tributo al Buddha, Sri Radhakrishnan declara: “En el Buddha Gotama tenemos una mente magistral oriental, respecto a la influencia en el pensamiento y la vida de la raza humana, siendo venerado por todos como el fundador de una tradición religiosa cuyo dominio no es menos amplio y profundo que cualquier otra. Él pertenece a la historia del pensamiento mundial, a la herencia general de todos los hombres cultivados, pues, juzgado con integridad intelectual, seriedad moral e intuición espiritual, Él es, sin duda, una de las más grandes figuras de la Historia.

En “Los Tres Hombres Más Importantes de la Historia”, H.G. escribe: “En el Buddha vemos claramente a un hombre, simple, devoto, solitario, batallando por la luz – una vívida personalidad humana, no un mito. Él ofreció a la humanidad un mensaje de carácter universal. Muchas de nuestras ideas modernas están en cercana armonía con tal mensaje. Todas las miserias y descontentos son debidas, como él enseñó, al egoísmo. Para que un hombre pueda volverse sereno, debe dejar de vivir para sus sentidos o para sí mismo. Entonces se convierte en un gran hombre. El Buddha, en un lenguaje diferente, 500 años antes que Cristo, hizo una llamada al no-egoísmo. En algunos aspectos, está más cerca de nosotros y de nuestras necesidades. Sobre la importancia individual y el servicio fue más lucido que Cristo, y menos ambiguo sobre la cuestión de la inmortalidad personal.”

St. Hilaire remarca: “El perfecto modelo de todas las virtudes que él predica. Su vida no tiene mancha.”

Fausboll dice: “Cuánto más conozco de él, más le amo.”

Y un humilde seguidor del Buddha diría: “Cuanto más conozco de él, más le amo; cuanto más le amo, más conozco de él.”

II-El Dhamma. ¿Es una Filosofía?

Capítulo 2

EL DHAMMA: ¿Es una Filosofía?

El sistema no-agresivo, moral y filosófico expuesto por el Buddha, que no exige una fe ciega a sus seguidores, que no expone dogmáticos credos, que no anima a supersticiosos ritos ni ceremonias sino que aboga por un método que instruye a sus discípulos a través de la pureza en el modo de vida y en el pensamiento para obtener la suprema sabiduría y la liberación de lo perjudicial, se llama Dhamma y es popularmente conocido como Buddhismo

El todo-misericordioso Buddha murió pero el sublime Dhamma que sin reservas, legó a la Humanidad, todavía existe en su prístina pureza.

Aunque el Maestro no dejó testimonios escritos de sus Enseñanzas sus discípulos más distinguidos las preservaron, conservándolas en su memoria y transmitiéndolas de generación en generación.

Inmediatamente después de su fallecimiento los quinientos Arahants (1) más distinguidos, versados en el Dhamma (2) y el Vinaya (3) convocaron una asamblea para recitar la Doctrina tal y como había sido originalmente enseñada por el Buddha. El Venerable Ananda Thera, que gozó del especial privilegio de haber escuchado todos los discursos, recitó el Dhamma, y el Venerable Upali recitó el Vinaya.

* [Literalmente, los Respetables. Eran discípulos iluminados que habían destruido todas las pasiones.] ** [La Enseñanza.] *** [La Disciplina.]

El Tipitaka fue compilado y organizado en su actual estructura por aquellos Aharants de la antigüedad.

Durante el reinado del piadoso rey sinhala Vattagamani Abhaya, cerca del año 83 a.c., el Tipitaka fue, por primera vez en la historia del Buddhismo, escrito en hojas de palma (ola) en Ceilán.

El voluminoso Tipitaka, que contiene la esencia de las Enseñanzas del Buddha, es de un tamaño aproximado a once veces el tamaño de la Biblia. Otra diferencia notable entre el Tipitaka y la Biblia es que el primero no tuvo un desarrollo gradual.

Como su nombre indica, el Tipitaka consta de tres cestas: la Cesta de la Disciplina (Vinaya Pitaka), la Cesta de los Discursos (Sutta Pitaka) y la Cesta de la Doctrina Última (Abhidhamma Pitaka)

Vinaya Pitaka
El Vinaya Pitaka que es considerado como el sheet ancla de la más antigua orden célibe de la historia, -el Sangha- versa principalmente sobre las normas y reglas que el Buddha promulgaba, cuando la ocasión surgía, para la futura disciplina de la Orden de monjes (bhikkhus) y monjas (bhikkhunis). Aquí se describe detalladamente el desarrollo gradual de la Sasana (Enseñanza). El Vinaya contiene, además, un relato de la vida y ministerio del Buddha. Indirectamente, también revela información histórica muy importante e interesante, costumbres indias de la época, artes, ciencia, etc.
El Vinaya Pitaka consiste en los siguientes cinco libros:

(Vibhanga):
1. Parajika Pali – Ofensas Mayores
2. Pacittiya Pali – Ofensas Menores

(Khandaka):
3. Mahavagga Pali – Sección Larga
4. Cullavagga Pali – Sección Corta
5. Parivara Pali – Epítome del Vinaya

Sutta Pitaka

El Sutta Pitaka consiste, principalmente, en discursos recitados por el Buddha en distintas ocasiones. También incluye ciertos discursos dados por algunos de sus más distinguidos discípulos como el Venerable Sariputta, Ananda, Mogallana, etc. Es como un libro de recetas pues los sermones allí incluidos fueron expuestos para ajustarse a las diferentes ocasiones y los distintos temperamentos de distintas personas. Puede haber, aparentemente, declaraciones contradictorias, pero éstas no deberían ser malinterpretadas, pues fueron oportunamente expresadas por el Buddha para ajustarse a un determinado propósito. Por ejemplo, ante la cuestión del “yo” mantenía el silencio cuando sabía que quien preguntaba no era más que un necio preguntón o, por el contrario, daba respuestas detalladas si sabía que quien le interrogaba era un serio buscador. Muchos de sus sermones se destinaron principalmente a beneficiar a los monjes y estaban relacionados con la vida de santidad y con exposiciones de la doctrina. Pero también hay muchísimos sermones concernientes al progreso moral y material de sus seguidores laicos.
El Sutta Pitaka está dividido en cinco Nikayas o colecciones:

1. Digha Nikaya (Colección de Discursos Largos).
2. Majjhima Nikaya (Colección de Discursos Medios).
3. Samyutta Nikaya (Colección de Discursos Por Temas).
4. Anguttara Nikaya (Colección de Discursos por Orden Numérico).
5. Khuddaka Nikaya (Colección de Textos Cortos).

El quinto (Khuddaka Nikaya) esta subdivido en quince libros:

1.    Khuddaka Patha (Textos Cortos)
2. Dhammapada (El Camino de la Verdad)
3. Udana (Cantos de Gozo)
4. Iti Vuttaka (Los discursos que empiezan por "Así fue dicho")
5. Sutta Nipata (Colección de Discursos)
6. Vimana Vatthu (Historias de Mansiones Celestiales)
7. Peta Vatthu (Historias de Petas)
8. Theragatha (Salmos de los Monjes)
9. Therigatha (Salmos de las Monjas)
10. Jataka (Historias de Renacimientos)
11. Niddesa (Exposiciones)
12. Patisambhida Magga (Conocimiento Analítico)
13. Apadana (Vidas de Arahants)
14. Buddhavamsa (Historia del Buddha)
15.
Cariya Pitaka (Modos de Conducta)

Abhidhamma Pitaka

El Abhidhamma Pitaka es la más importante e interesante de las tres cestas pues contiene la filosofía profunda de la Enseñanza Buddhista, en contraste con los iluminadores y más sencillos discursos del Sutta Pitaka.

En el Sutta Pitaka encontramos la enseñanza convencional (vohara desana) mientras que en el Abhidhamma Pitaka hallamos la enseñanza última (paramattha-desana).

Para los sabios, el Abhidhamma es una guía indispensable; para los espiritualmente desarrollados, es un regalo intelectual; para los indagantes escolares, alimento para su intelecto. En él se define la conciencia; son analizados y clasificados los pensamientos, principalmente desde un punto de vista ético; son enumerados los estados mentales; es establecida detalladamente la composición de cada tipo de conciencia; se describe minuciosamente cómo surgen los pensamientos. Por otra parte, son deliberadamente apartados aquellos problemas irrelevantes que, aunque interesan a los seres humanos, no tienen relación con la purificación personal.

La materia es tratada brevemente: sus unidades fundamentales, sus propiedades, sus fuentes. La relación entre la mente y la materia es explicada.

Para ayudarnos a entender cabalmente la realidad, el Abhidhamma investiga la mente y la materia, los dos factores componentes de lo que conocemos como un “ser”. En estas líneas, una filosofía ha sido desarrollada. Sustentado en esta filosofía, un sistema ético ha sido expuesto para realizar el objetivo final: el Nibbana.

El Abhidhamma Pitaka consta de siete libros:

1. Dhammasangani (Clasificación de los Dhammas)
2. Vibhanga (El Libro de las Divisiones)
3. Katha-Vatthu (Puntos de Controversia)
4. Pubbala-Pannatti (Descripciones de Individuos)
5. Dhatu-Katha (Discusión Referente a los Elementos)
6. Yamaka (El Libro de los Pares),
7. Patthana (El Libro de las Relaciones)

En el Tipitaka uno encuentra leche para el recién nacido y carne para el adulto, pues el Buddha enseñó su Doctrina tanto para las masas como para intelectuales. El Sublime Dhamma preservado en estos textos sagrados versa sobre las verdades y los hechos, desechando teorías y filosofías que puedan ser aceptadas hoy como verdades profundas sólo para ser desechadas mañana. El Buddha no se presentó con nuevas y asombrosas teorías ni se aventuró a crear ninguna ciencia de lo material. Explicó lo interno y externo en tanto en cuanto concierne a nuestra emancipación y, en última instancia, expuso un camino para la liberación que es único. Circunstancialmente, se anticipó a muchos científicos y filósofos modernos.

Schopenhauer un “El mundo como voluntad e idea” presentó, desde una perspectiva occidental, la idea del sufrimiento y su causa. Spinoza, aunque no negó la existencia de una realidad permanente, afirmó que todos los fenómenos son transitorios. En su opinión, el sufrimiento se conquista “encontrando un objeto de conocimiento que no sea transitorio ni efímero, sino inmutable, permanente, perdurable”. Berkeley demostró que el llamado átomo indivisible es una ficción metafísica. Hume, después de un implacable análisis de la mente, concluyó que la conciencia consiste en estados mentales fugaces. Bergson abogó por la doctrina del cambio. El profesor James se refirió a la corriente de conciencia.

El Buddha expuso sus doctrinas sobre la Transitoriedad (Annica), Insatisfacción (Dukkha) y No-Yo (Anatta) hace 2.500 años mientras residía en el valle del Ganges.

Debemos comprender que el Buddha no enseñó todo lo que sabía. En cierta ocasión, mientras atravesaba un bosque, tomó un puñado de hojas y dijo: “¡Oh, monjes! Lo que os he enseñado es comparable a las hojas que hay en mi mano. Lo que no os he enseñado es comparable a las hojas de este bosque.”

Enseño lo que estimaba que era absolutamente esencial para la purificación, sin hacer distinciones entre una doctrina esotérica y una doctrina exotérica. Mantuvo un significativo silencio en cuestiones irrelevantes a su noble misión.

El Buddhismo no duda en coincidir con la ciencia pero ambos deben ser tratados como enseñanzas paralelas, ya que una aborda las verdades materiales mientras que la otra se confina en las verdades morales y espirituales. El objeto de estudio de cada una es diferente.

El Dhamma que el Buddha enseñó no es meramente para ser preservado en los libros ni es un tema para ser estudiado desde un punto de vista histórico o literario. Por el contrario, es para ser aprendido y puesto en práctica en el transcurso de la vida diaria, ya que sin práctica uno no puede apreciar la verdad. El Dhamma es para ser estudiado, pero todavía más para ser practicado y sobretodo para ser realizado; la realización inmediata es el fin último. Tal es el Dhamma que puede ser comparado con una balsa para utilizarse con el único objetivo de escapar del océano de nacimiento y muerte (Samsara).

El Buddhismo no puede ser llamado, estrictamente, una mera filosofía porqué no es únicamente “el amor por la sabiduría que induce a la investigación”. El Buddhismo se aproxima a la filosofía pero es mucho más amplio.

La filosofía trata principalmente del conocimiento y no se preocupa por la práctica, mientras que el Budismo enfatiza la práctica y la realización.

III-El Dhamma. ¿Es una religión?

Capítulo 3

¿Es una religión?

No es una religión tal y como esta palabra es entendida comúnmente, puesto que no es “un sistema de fe y veneración que debe lealtad a un ser supernatural.”

El Buddhismo no reclama una fe ciega a sus seguidores. Aquí la mera creencia es destronada y sustituida por la confianza basada en el conocimiento que, en Pali, se conoce como Saddha. La confianza que un seguidor tiene en el Buddha es como la de una persona enferma en un famoso médico o la de un estudiante en su profesor. Un Buddhista busca refugio en el Buddha porqué Él descubrió el Camino de la Liberación.

Un Buddhista no se refugia en el Buddha con la esperanza de ser salvado por Su purificación personal. El Buddha no ofrece tal garantía. No está en manos del Buddha limpiar las impurezas de los demás. Nadie puede purificar ni mancillar a otro.

El Buddha, como Maestro, nos instruye pero nosotros mismos somos los responsables directos de nuestra purificación.

Aunque un Buddhista va por refugio al Buddha, no se somete a sumisión. Un Buddhista, al convertirse en seguidor del Buddha, no sacrifica su libertad de pensamiento sino que puede ejercer su propia y libre voluntad y desarrollar su conocimiento hasta el extremo de convertirse él mismo en un Buddha.

El punto inicial del Buddhismo es el entendimiento o comprensión o, en otras palabras, Samma-ditthi. A los buscadores de la Verdad el Buddha dijo:

“No aceptéis nada sólo por que la gente lo dice, pensando que así lo habéis oído desde hace mucho tiempo. No aceptéis nada por mera tradición, pensando que esto se ha transmitido durante muchas generaciones. No aceptéis nada por meros rumores, creyendo lo que dicen los demás sin ninguna investigación. No aceptéis nada solamente porque concuerda con vuestras Escrituras. No aceptéis nada por mera suposición. No aceptéis nada por mera inferencia. No aceptéis nada considerando únicamente las razones. No aceptéis nada porque concuerda con vuestras ideas preconcebidas. No aceptéis nada solamente porque parece razonable, pensando que quien lo ha dicho parece una buena persona y por eso sus palabras deberían ser aceptadas. No aceptéis nada pensando que ese asceta es respetado por vosotros y que, por lo tanto, es correcto aceptar sus palabras.

“Pero cuando sepáis por vosotros mismos: todo esto es inmoral, todo esto es censurable, todo esto es reprobado por los sabios, todo esto, cuando es llevado a cabo, conduce a la pena y el dolor, entonces, en verdad rechazadlo.”

“Cuando sepáis por vosotros mismos: todo esto es ético, todo esto es intachable, todo esto es alabado por los sabios, todo esto, cuando es llevado a cabo, conduce al bienestar y la felicidad. Entonces vivid de acuerdo a ello”.

Estas inspiradoras palabras del Buddha todavía retienen su original fuerza y frescura.

Aunque en el Buddhismo no existe fe ciega, alguien podría argumentar que existe la veneración de imágenes y otros objetos. Los Buddhistas no veneran ninguna imagen esperando favores mundanos ni espirituales pero ofrecen reverencia a lo que las imágenes representan.

Un Buddhista comprensivo, al ofrecer flores e incienso a una imagen, trata de sentir intencionadamente que está ante la presencia del mismo Buddha para, en consecuencia, obtener inspiración de su Noble personalidad e inhalar su ilimitada compasión, tratando de seguir su noble ejemplo.

El árbol Bodhi también es un símbolo de la Iluminación. Estos objetos externos de reverencia no son absolutamente necesarios pero son útiles ya que ayudan a concentrar la atención. Una persona intelectual podría prescindir de ellos al ser capaz de concentrar su atención fácilmente y visualizar al Buddha.

Para nuestro beneficio y movidos por la gratitud pagamos este respeto externo pero lo que el Buddha esperaría de un discípulo no sería la reverencia sino la observancia y práctica de sus Enseñanzas. El Buddha dice: “El que más me venera es quien practica mis enseñanzas”, “El que ve el Dhamma, me ve a mí”.

Respecto a las imágenes, sin embargo, el Conde Kevserling comenta: “No veo nada más grandioso en este mundo que la imagen del Buddha. Es la personificación absoluta de la espiritualidad en el dominio de lo visible.”

Además, debe ser mencionado que en el Buddhismo no hay peticiones ni plegarias de intercesión. Por mucho que recemos al Buddha no seremos salvados. El Buddha no concede favores a quienes le rezan. En lugar de plegarias de petición, la meditación es lo que conduce al auto-control, la purificación y la Iluminación. La meditación no es una ensoñación silenciosa ni un mantener la mente en blanco. Es un esfuerzo activo. Sirve como tónico para el corazón y la mente. El Buddha no sólo habla de la futilidad del ofrecimiento de plegarias sino que desacredita la mentalidad del esclavo. Un buddhista no reza para ser salvado, sino que confía en sí mismo para ganar su libertad.

“Las plegarias toman el carácter de comunicaciones privadas, egoístas negociaciones con Dios. Se buscan objetos de ambiciones mundanas y se infla la idea del “yo”. La meditación, por el contrario, es un cambio interior.” – Sri Radhakrishnan.

En el Buddhismo no hay, como en muchas otras religiones, un Dios Topoderoso a quien obedecer y temer. El Buddha no cree en un monarca cósmico, omnisciente y omnipresente. En el Buddhismo no hay revelaciones divinas ni mensajeros divinos. Un Buddhista es, por lo tanto, no un sirviente de ningún poder superior sobrenatural que controla sus destinos y que arbitrariamente recompensa y castiga. Puesto que los Buddhistas no creen en revelaciones de un ser divino, el Buddhismo no proclama el monopolio de la Verdad y no condena a ninguna otra religión sino que reconoce las infinitas posibilidades latentes en el hombre y enseña a cada persona a ganar liberación del sufrimiento por sus propios esfuerzos independientes de la ayuda divina o sacerdotes mediadores.

El Buddhismo no puede, por lo tanto, ser denominado estrictamente una religión porque no es un sistema de fe y veneración, ni “acto externo por el cual los hombres indican su reconocimiento a la existencia de un Dios o dioses que tienen poder sobre su propio destino y a quien obediencia, servicio y honor son debidos.”

Pero si por religión se entiende “una enseñanza cuya visión de la vida supera lo superficial, una enseñanza que investiga la existencia y no simplemente la observa, una enseñanza que provee a los hombres de una guía de conducta acorde con tal visión interior, una enseñanza que capacita a aquellos que prestan atención a afrontar la vida con fortaleza y la muerte con serenidad” (*) o un sistema para liberarse de los males de la vida, entonces es ciertamente la religión de religiones.

* [Bhikkhu Silacara]

IV-¿Es el Buddhismo un Sistema Ético?

Capítulo 4

¿Es el Buddhismo un Sistema Ético?

Sin duda, contiene un excelente código ético que es inigualable en su perfección y altruista actitud. Está relacionado con un modo de vida para los monjes y otro para los laicos. Pero el buddhismo es mucho más que una enseñanza moral ordinaria. La moralidad es sólo el estadio preliminar en el Camino de Pureza y es un medio para la obtención de un fin, pero no un fin en si mismo. La conducta, aunque esencial, es insuficiente para obtener la propia emancipación. Debe estar asociada a la sabiduría o conocimiento (pañña). La base del Buddhismo es la moralidad y la sabiduría es su cumbre.

Al observar los principios de la moralidad, un buddhista no debería tener en cuenta sólo su propio “yo” sino que debería tener también consideración por otros, incluyendo los animales. La moralidad en el Buddhismo no se encuentra en ninguna dudosa revelación ni es la ingeniosa invención de una mente excepcional, sino un código racional y práctico basado en hechos verificables y la experiencia individual.

Debería ser mencionado que no hay ningún agente externo sobrenatural que juegue algún papel en la configuración del carácter un buddhista. En el buddhismo no hay nadie a quien recompensar o castigar. La pena o la felicidad son los resultados inevitables de las propias acciones. La cuestión de incurrir en gustar o disgustar a un dios no entra en la mente del buddhista. Ni esperanza de recompensa ni miedo al castigo actúan de incentivo para inducir a un Buddhista a hacer el bien y abstenerse del mal. El Buddhista es consciente de las consecuencias futuras, pero se abstiene del mal porque éste le hace atrasar y hace el bien porqué le ayuda a su progreso hacia la Iluminación (Bodhi). Hay algunos que hacen el bien porqué es bueno, y se abstienen del mal porque es malo.

Para entender la cualidad, excepcionalmente elevada, de la moralidad que el Buddha espera de sus seguidores, uno debe leer cuidadosamente el Dhammapada y algunos Suttas como Sigalovada Sutta, Vyaggapajja Sutta, Mangala Sutta, Karaniya Sutta, Parabhava Sutta, Vasala Sutta, Dhammika Sutta, etc.

Como enseñanza moral excede a otros sistemas éticos pero la moralidad es sólo el principio y no el fin de la enseñanza del Buddha.

En este sentido el Buddhismo no es una filosofía, en otro sentido es una filosofía de filosofías.

En un sentido, el Buddhismo no es una religión, en otro sentido es la religión de las religiones.

El Buddhismo no es un camino metafísico ni un camino ritualista.

No es escéptico ni dogmático.

No es auto mortificación ni auto indulgencia.

No es pesimista ni optimista.

No es eternalista ni nihilista

No es absolutamente mundano ni absolutamente extra-mundano.

Es el único camino hacia la Iluminación.

El término original Pali para Buddhismo es Dhamma, que, literalmente, significa “lo que sostiene”. No hay traducción al español que pueda comunicar exactamente el mismo significado del término Pali.

El Dhamma es lo que realmente existe. Es la Doctrina de la Realidad. Es un método para liberarse de sufrimiento y es la Liberación en si misma. Existan Buddhas o no, el Dhamma sigue existiendo. Permanece escondido a los ojos ignorantes de los hombres, hasta que un Buddha, un Iluminado, lo realiza y, por compasión, lo revela al mundo.

Este Dhamma no es algo separado de uno mismo sino que está estrechamente asociado a uno mismo. Como el Buddha declaró:

“Sed islas para vosotros mismos, como vosotros mismos como Refugio. Que el Dhamma sea vuestra isla, que el Dhamma sea vuestro refugio. No busquéis refugio externo” (Parinibbana Sutta).

V-Algunas Características Distintivas Del Buddhismo

Capítulo 5

Algunas Características Distintivas del Buddhismo


Las bases del Buddhismo son las Cuatro Verdades Nobles, a saber, el Sufrimiento (la razón de ser del Buddhismo), su causa (Deseo), su fin (el Nibbana, el Summum Bonum del Buddhismo), y el Camino Medio.

¿Cuál es la Noble Verdad del Sufrimiento?

El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, estar junto a lo que desagrada es sufrimiento, estar separado de lo que agrada es sufrimiento, no obtener lo que uno desea es sufrimiento; en resumen los Cinco Agregados del Apego son sufrimiento.”

¿Cuál es la Noble Verdad del la Causa del Sufrimiento?

“Es el deseo lo que nos lleva de nacimiento en nacimiento, acompañado por la avidez de la pasión, que goza aquí y allí, es el deseo de placeres sensuales (Kammatthana), el deseo de existir (Bhavatanha) (*) y el deseo de aniquilación (Vibhavatanha) (**)

*Deseo asociado al eternalismo: (Sassataditthi) (Comy)

** Deseo asociado al nihilismo: (ucchedaditthi) (Comy)

¿Cuál es la Noble Verdad de la Cesación del Sufrimiento?

“Es la ausencia de cualquier residuo, la total aniquilación del deseo, el abandono de éste, el desatarse, el escapar, el liberarse del deseo.”

¿Cuál es la Noble Verdad del Camino que conduce a la Cesación del Sufrimiento?

“Es el Noble Óctuple Sendero, que consiste en recto entendimiento, recto pensamiento, recta palabra, recta acción, recto modo de vida, recto esfuerzo, recta atención y recta concentración.”

Existan Budas o no, estas cuatro Verdades existen igualmente en el universo. Los Buddhas sólo revelan estas Verdades que permanecen escondidas en el abismo del tiempo.

Científicamente interpretado, el Dhamma puede ser llamado la ley de causa y efecto. Estos dos abarcan el cuerpo entero de las Enseñanzas del Buddha.

Las tres primeras representan la filosofía del Buddhismo; la cuarta representa la ética del Buddhismo basada en aquella filosofía. Las cuatro verdades son dependientes del cuerpo mismo. El Buddha declaró: “En este mismo cuerpo, de una braza de longitud, con sus percepciones y pensamientos, yo proclamo el mundo, el origen del mundo, el final del mundo y el camino que lleva al final del mundo”. Aquí, el termino “mundo” debe ser entendido como “sufrimiento”.

El Buddhismo se apoya sobre el pilar del sufrimiento y el pesar. Pero de ello no debe extraerse la consecuencia de que el Buddhismo es pesimista. No es totalmente pesimista ni es totalmente optimista sino que, al contrario, enseña una verdad que permanece en el medio de ambos. Sería justificable llamar “pesimista” al Buddhismo si el Buddha solamente hubiese enunciado la Verdad del sufrimiento sin sugerir un medio para ponerle fin. El Buddha percibió la universalidad del sufrimiento y prescribió una panacea para la enfermedad universal de la Humanidad. La más alta felicidad concebible, según el Buddha, es el Nibbana, que es la total extinción del sufrimiento.

El autor del artículo sobre el Pesimismo en la Enciclopedia Británica escribe: “El pesimismo denota una actitud de desesperación ante la vida, la vaga opinión general de que la pena y el dolor predominan en los asuntos humanos. La doctrina original del Buddha, de hecho, es tan optimista como cualquier optimismo de Occidente. Llamarle pesimista es meramente aplicarlo al principio característicamente occidental según el cual la felicidad es imposible sin personalidad. El verdadero buddhista apunta con entusiasmo hacia la absorción en la eterna felicidad.

Ordinariamente, el goce de los placeres sensuales es el más elevado y es la única felicidad del hombre común. No hay duda en este tipo de felicidad momentánea en la expectativa, gratificación y retrospección de tales placeres fugaces, pero son ilusorios y temporales. Según el Buddha, el no-apego es la más alta felicidad.

El Buddha no espera de sus seguidores que estén constantemente sopesando el sufrimiento y llevando una triste vida. Les exhorta a estar siempre felices y alegres, pues el gozo (piti) es uno de los factores de Iluminación.

La felicidad real se encuentra dentro y no puede definirse en términos de salud, hijos, honores o fama. Si tales posesiones son mal dirigidas, obtenidos injustamente o por la fuerza, malversadas o incluso vistas con apego, serán causa para la pena y el lamento de sus poseedores.

En lugar intentar racionalizar el sufrimiento, el Buddhismo toma el sufrimiento como otorgado y busca la causa para erradicarlo. El sufrimiento existe mientras existe el deseo. Sólo puede ser aniquilado caminado el Noble Octuple Sendero y alcanzando la suprema felicidad del Nibbana.

Estas cuatro Verdades deben ser verificadas por la experiencia. Así, el Buddha Dhamma no está basado en el temor a lo desconocido sino que está fundado en hechos que pueden ser comprobados y verificados mediante la experiencia. El Buddhismo es, por lo tanto, racional e intensamente práctico.

Un sistema tan racional y práctico no puede contener misterios o doctrinas esotéricas. La fe ciega, por lo tanto, es extraña al Buddhismo. Donde no hay fe ciega no hay coacción, persecución ni fanatismo. Como crédito al Buddhismo, debe decirse que durante su pacífica marcha de 2.500 años, ninguna gota de sangre ha sido derramada en el nombre del Buddha, ningún poderoso monarca empuñó su espada para propagar el Dhamma y no se realizó conversión alguna ni por la fuerza ni por métodos repulsivos. Aún más, el Buddha fue el primero y más grande misionero que vivió en esta Tierra.

Aldous Huxlye escribió: “Entre todas la grandes religiones del mundo, el Buddhismo hizo su camino sin persecución, censura ni inquisición.”

Lord Russell remarcó: “De las grandes religiones de la Historia, prefiero el Buddhismo, especialmente en sus formas tempranas, porqué ha tenido el más mínimo elemento de persecución.”

En nombre del Buddhismo no ha sido manchado ningún altar con la sangre de Hipatia, ningún Bruno fue quemado vivo.

El Buddhismo apela más al intelecto que a la emoción. Se preocupa más del carácter de sus devotos que de su supremacía numérica.

En cierta occasion Upali, un seguidor del Nigantha Nataputta, se acercó al Buddha, estando tan satisfecho con la exposición del Dhamma que el Buddha había realizado, que instantáneamente declaró su deseo de convertirse en seguidor del Buddha. Pero el Buddha le advirtió, diciendo:

“De verdad, hombre de familia, investiga plenamente. Es bueno para un distinguido hombre como tu, que primero hagas una completa investigación.”

Upali, jubiloso por este inesperado comentario del Buddha, dijo:

“Señor, he sido un seguidor de otra religión, sus partidarios me hubiesen llevado por las calles en procesión, proclamando que tal o cual millonario había renunciado a su anterior fe y abrazado la suya. Pero, Señor, Su Reverencia me aconseja que primero investigue un poco más. Todavía me regocijo más por este comentario que Vd. ha hecho. Por segunda vez, Señor, busco refugio en el Buddha, en el Dhamma y en el Sangha.”

El Buddhismo está imbuido de este espíritu de libre investigación y completa tolerancia. Es la enseñanza de la mente abierta y el corazón compasivo que, iluminando y aportando calidez a todo el universo con sus gemelos rayos de sabiduría y compasión, derrama su genial brillo en cada ser que brega en el océano de nacimiento y muerte.

El Buddha fue tan tolerante que ni siquiera ejerció Su poder para dictar mandamientos a sus seguidores laicos. En lugar de usar el imperativo, dijo: “Os atañe hacer esto... no os atañe hacer aquello”. En lugar de imponer, exhortó.

El Buddha extendió esta tolerancia a los hombres, mujeres y todas las criaturas vivientes.

Fue el Buddha quien primero intentó abolir la esclavitud y vehementemente protestó contra el degradante sistema de castas que estaba firmemente arraigado en tierras de la India. Según la palabra del Buddha, no es por mero nacimiento que uno es un descastado o un noble sino por sus propias acciones. La casta o el color no impiden a nadie convertirse en Buddhista o entrar en la Orden. Pescadores, barrenderos, cortesanos, guerreros, brahmines, fueron admitidos libremente en la Orden y gozaron de los mismos privilegios, las mismas posiciones de rango les fueron otorgadas. Upali, el barbero, por ejemplo, tuvo preferencia a los demás en materia del disciplina o Vinaya; el tímido Sunita, un basurero, con alcanzó el estado de Arahant fue admitido por el mismo Buddha en la Orden. Angulimala, ladrón y criminal, se convirtió en un compasivo santo. El fiero Alavaka buscó refugió en el Buddha y se convirtió en un santo. La cortesana Ambapali entró en la Orden y alcanzó el estado de Arahant. Tales ejemplos pueden ser fácilmente multiplicados en el Tipitaka para mostrar que las puertas del Buddhismo están abiertas a todos, sin tener en cuenta casta, color o rango.

Fue también el Buddha quien elevó el status de las oprimidas mujeres y no sólo las llevó a la realización de su importancia para la sociedad sino que fundó la primera orden célibe de mujeres con reglas y normas.

El Buddha no humilló a las mujeres, simplemente las consideraba de naturaleza más débil. Él vio la bondad innata tanto en hombres como en mujeres y les asignó a ambos debidos lugares en su Enseñanza. El sexo no sería una barrera para alcanzar la santidad.

A veces el término pali para designar a las mujeres es Matugama, que significa “pueblo de mujeres” o “sociedad de mujeres”. Como madre, la mujer tiene un honorable lugar en el Buddhismo. Incluso la esposa es considerada “la mejor amiga” (parama sakha) de su esposo.

Desconsiderados críticos toman deliberadamente fragmentos de frases cuando reprochan al Buddhismo que es hostil con las mujeres. Aunque al principio el Buddha rechazó admitir mujeres en la Orden por motivos razonables, después consintió ante las suplicas de su madrastra Pajapati Gotami y fundó la Orden de Bhikkhuni. Igual que Arahants Sariputta y Mogallana fueron elegidos dos discípulos jefes de la Orden de monjes, así señalo a las arahants Khema y Uppalavanna como las dos principales discípulas femeninas. Otras discípulas femeninas fueron nombradas por el mismo Buddha como sus distinguidas y piadosas seguidoras.

En cierta ocasion, el Buddha dijo al Rey de Kosala, quien estaba disgustado al oír que el bebé que esperaba había sido una niña:

“Una niña, ¡oh! Señor de los hombres, puede ser mejor descendencia que un varón.”

Muchas mujeres, que de otra manera hubiesen caído en el olvido, se distinguieron en varias facetas y ganaron su emancipación siguiendo el Dhamma y entrando en la Orden. En esta nueva Orden, que más tarde resultó ser una gran bendición para muchas mujeres, reinas, princesas, hijas de nobles familias, viudas, desconsoladas madres, mujeres destituidas, pobres cortesanas… todas, sin importar casta o rango, encontraron una plataforma común, gozaron del perfecto consuelo y paz y respiraron la libre atmósfera que nunca encuentran aquellas que están enclaustradas, ya sea en cabañas o en suntuosas mansiones.

También fue el Buddha quien prohibió el sacrificio de las pobres bestias y aconsejó a sus seguidores a extender su benevolencia (Metta) a todos los seres vivos, incluso las más diminutas criaturas que se arrastran a nuestros pies. Ningún hombre tiene el poder o el derecho de destruir la vida de otro ser, puesto que la vida es preciosa para todos.

Un genuino Buddhista ejecería este amor incondicional hacia todos los seres vivientes y se identificaría con todos ellos sin hacer distinción alguna en relación casta, color o sexo.

Este amor condicional del Buddhismo intenta romper todas las barreras que separan a unos de otros. No hay razón para permanecer indiferente ante los demás simplemente porque pertenecen a otra religión o nacionalidad. En este noble edicto de la Tolerancia que está basado en Cullay-Vyuha y Maha-Vyuha Suttas, Asoka dice:

“El Buddhismo no está confinado en ningún país o nación en particular. Es universal. No es un nacionalismo, que en otras palabras, sería otra forma de sistema de castas fundado en una base más amplia. El Buddhismo, si se permite la expresión, es un sobre-nacionalismo.”

Para un Buddhista no hay cerca o lejos, ni enemigo ni extranjero, ni renegado ni intocable, ya que el amor universal realizado a través de la comprensión ha establecido la hermandad entre todas las criaturas vivientes. Un Buddhista verdadero es un ciudadano del mundo, percibe el mundo entero como su tierra natal y a todos los seres como sus hermanos y hermanas.

El Buddhismo es, por lo tanto, único, principalmente debido a su tolerancia, no agresividad, practicidad, eficacia y universalidad. Es la más noble de todas las influencias unificadoras y la única palanca capaz de levantar el mundo.

Estas son algunas de las más notables características del Buddhismo y entre algunas de las doctrinas fundamentales podrían decirse: Kamma o Ley de Causa Moral, la Doctrina del Renacimiento, Anatta y Nibbana.

VI-Kamma o La Ley de Causa y Efecto

Capítulo 6

Kamma o La Ley de Causa y Efecto

Afrontamos un mundo totalmente desequilibrado. Percibimos las desigualdades, los diversos destinos de los hombres y los numerosos rangos de seres que existen en el universo. Vemos a uno que ha nacido en condiciones de abundancia, dotado de refinadas cualidades mentales, morales y físicas y otro que ha nacido en la pobreza y la miseria. He aquí un hombre virtuoso y santo, pero, a pesar de sus expectativas, la mala suerte está siempre al acecho para saludarle. Este mundo malvado va en sentido contrario a sus ambiciones y deseos. Él es pobre y miserable a pesar de su honestidad y piedad. He aquí que otro es vicioso y alocado pero resulta favorecido por la suerte. Es recompensado con toda clase de favores a pesar de sus negligencias y malos modos de vida.

Podría uno preguntarse ¿por qué unos han de ser inferiores y otros superiores? ¿Por qué uno es arrebatado de las manos de su afectuosa madre cuando escasamente ha vivido unas pocas primaveras y otro perece en la flor de la vida, o en la madura edad de ochenta o incluso cien años? ¿Por qué uno es enfermizo y débil mientras otro es fuerte y sano? ¿Por qué uno es bien parecido y otro es feo y horrible, repulsivo a todos? ¿Por qué uno crece en los regazos de la lujuria y otro en la absoluta pobreza, empapado de miseria? ¿Por qué uno nace como millonario y otro como pobre? ¿Por qué uno nace con características de santidad y otro con tendencias criminales? ¿Por qué unos son lingüistas, artistas, matemáticos o músicos desde la cuna? ¿Por qué algunos son ciegos congénitos, sordos o malformados? ¿Por qué algunos están bendecidos y otros maldecidos desde su nacimiento?

Estos son algunos problemas que dejan perplejas las mentes de los pensadores ¿Cómo contabilizar los desequilibrios del mundo, las diferencias en el género humano? ¿Todo esto es obra del ciego azar u ocurre por accidente?

Nada hay en este mundo que ocurra por casualidad o accidente. Decir que algo ocurre es debido a la casualidad no es menos cierto que decir que este libro ha surgido por si mismo. Estrictamente hablando, nada sucede a una persona que ésta no merezca por una u otra razón.

¿Podría acaso ser el mandato de un irresponsable creador?

Huxley escribe: “Si asumimos que alguien, intencionadamente, ha puesto en marcha este maravilloso universo, es perfectamente obvio que no es enteramente benevolente y justo, en el inteligible sentido de estas palabras, sino más bien malevolente e injusto”.

Según Einstein: “Si este ser (Dios) es omnipotente, entonces cada ocurrencia, incluidas las acciones del ser humano, cada pensamiento humano, cada aspiración y sensación humanas son también obra suya; ¿cómo es posible pensar que hombres son responsables por sus acciones y pensamientos ante tal Todopoderoso Ser?

“Al repartir castigos y recompensas, en cierto modo se estaría juzgando a si mismo. ¿Cómo podría esto ser compatible con la bondad y rectitud que se le atribuye?”

“Según los principios teológicos, el hombre es creado arbitrariamente sin haberlo deseado, y en el momento de su creación es bendecido o eternamente condenado. Desde ese momento el hombre es bueno o malo, afortunado o desafortunado, noble o depravado, desde el primer paso en el proceso de su creación física hasta el momento de su última respiración, sin importar sus deseos individuales, expectativas, ambiciones, esfuerzos o devotas plegarias. Éste es el fatalismo teológico”. Spencer Lewis.

Como Charles Bradlaugh apunta: “La existencia del mal es un obstáculo en el que tropieza el teísta. Pena, miseria, crimen, pobreza se enfrentan a quien aboga por la bondad eterna y desafían con su incontestable poder su afirmación de un Dios que es todo-bondadoso, omnisciente y todopoderoso.”

En palabras de Schopenhauer: “Quien se considera a si mismo surgido de la nada debe también pensar que también se convertirá en nada, pues una eternidad pasó antes de que el existiese y, luego, otra segunda eternidad ha empezado, a través de la cual nunca cesará de ser, es un pensamiento monstruoso.”

“Si el nacimiento es el absoluto principio, entonces la muerte debe ser el absoluto final; asumir que el hombre surge de la nada conlleva necesariamente el asumir que la muerte es su absoluto final.”

Refiriéndose a los sufrimientos humanos y Dios, el profesor J.B.S Haldane escribe: “O bien el sufrimiento humano es necesario para perfeccionar el carácter humano, o Dios no es Todopoderoso. La primera teoría es descartada por el hecho de que algunos han sufrido muy poco y, sin embargo, han sido afortunados en su linaje y tienen rasgos muy refinados. La objeción a la segunda teoría es que, sólo respecto al Universo como un todo, hay un hueco intelectual que puede ser llenado con la postulación de una deidad. Presumiblemente un creador podría crear lo que quisiese.”

Lord Russell declara: “El mundo, se nos ha dicho, fue creado por un Dios que es bueno y omnipotente. Antes de que crease el mundo, advirtió todo el dolor y la miseria que contendría. Por lo tanto, es responsable por todo ello. Es inútil argumentar que el sufrimiento en el mundo es debido al pecado. Si Dios sabía de antemano los pecados de los que el hombre iba a ser culpable, él es claramente responsable de todas las consecuencias de estos pecados cuando decidió crear al hombre.”

En “Desesperación”, un poema escrito en su vejez, Lord Tennyson ataca audazmente a Dios, quien, como está escrito en Isaías, dice: “Yo hago la paz y origino el mal” (Isaías, XIV, 7)

¡Qué! ¿Debo solicitar de este infinito amor que tan bien nos ha servido?

Es más bien la infinita crueldad, que fabricó el infierno eterno.

Nos creo, nos preconcibió, nos pre-condenó, y hace lo que quiere con lo que le pertenece.

Mejor que nuestra madre haya muerto, pues nunca nos ha oído gemir.

Seguramente, “la doctrina de que todos los hombres son pecadores y tienen el pecado original de Adán es un desafío a la justicia, misericordia, amor y justicia omnipotente.”

Algunos escritores de la antigüedad declararon autorizadamente que Dios creó al hombre a su propia imagen. Algunos pensadores modernos declaran, por el contrario, que el hombre creó a Dios a su propia imagen. Con el crecimiento de la civilización el concepto humano de Dios se refinó cada vez más.

Es, sin embargo, imposible concebir tal ser, dentro o fuera del Universo.

¿Podría esta diferenciación entre seres humanos deberse a la herencia o el medio ambiente? Puede admitirse que todos los fenómenos químico-físicos revelados por los científicos son parcialmente instrumentales pero no pueden ser los únicos responsables de las sutiles distinciones y vastas diferencias existentes entre individuos. Además, ¿por qué gemelos idénticos físicamente parecidos, herederos de los mismos genes, habiendo gozado de la misma educación, son a menudo totalmente diferentes en temperamento, moralidad e intelectualidad?

La herencia no puede ser la única responsable de estas vastas diferencias. Estrictamente hablando, es más plausible tener en cuenta la herencia para las semejanzas que para muchas de las diferencias. El infinitesimalmente diminuto gen químico-físico, de un tamaño aproximado a la treinta millonésima parte de una pulgada, heredado de los padres, explica solo una parte del hombre, su fundamento físico. En relación a la más complejas y sutiles diferencias mentales, intelectuales y morales necesitamos un poco más de iluminación. La teoría de la herencia no puede dar explicaciones satisfactorias para el nacimiento de un criminal en una larga línea de honorables antepasados, el nacimiento de un santo o un noble en una familia de mala reputación, para el surgimiento de niños prodigio, hombres geniales y grandes maestros religiosos.

De acuerdo al Buddhismo, esta variación es debida no sólo a la herencia, al medio ambiente, “naturaleza y alimento”, sino también a nuestro kamma, en otras palabras, al resultado de nuestras heredadas acciones pasadas y a nuestros actos presentes. Nosotros somos responsables de nuestros actos, felicidad y miseria. Construimos nuestros propios infiernos. Creamos nuestros propios cielos. Somos los arquitectos de nuestro destino. En resumen, nosotros somos nuestro kamma.

En cierta ocasión, un joven hombre llamado Subbha se acercó al Buddha y le preguntó por qué motivo existían entre los seres humanos estados bajos y elevados.

-Pues, -dijo- encontramos entre la humanidad aquellos de breve vida y otros de larga existencia, los sanos y los achacosos, los bellos y los feos, los poderosos y los que no tienen poder alguno, los pobres y los ricos, los mal nacidos y los de elevado linaje, los ignorantes y los inteligentes.”

El Buddha replico, brevemente: “Cada criatura viviente tiene el kamma como propiedad, como herencia, como causa, como origen, como refugio. El kamma es lo que diferencia a los seres vivientes en los bajos y elevados estados.”

Él explicó la causa de tales diferencias de acuerdo a la ley de causalidad moral.

Así, desde elpunto de vista buddhista, nuestras diferencias mentales, intelectuales, morales y temperamentales son debidas principalmente a nuestras acciones y tendencias, tanto pasadas como presentes.

Kamma, literalmente, significa acción; pero, en sentido último, significa la volición meritoria y demeritoria (kusala akusala cetana). El kamma constituye el bien y el mal. El bien produce bien. El málproduce mal. Lo igual atrae lo igual. Ésta es la ley del kamma.

Como algunos occidentales prefieren referir, el kamma es “la influencia de la acción”.

Cosechamos lo que sembramos. Lo que sembramos lo cosecharemos en algún lugar, dentro de algún tiempo. En cierto sentido, somos el resultado de lo que fuimos. En otro sentido, no somos totalmente el resultado de lo que fuimos ni tampoco seremos de modo absoluto el resultado de lo que somos. Por ejemplo, un criminal hoy puede ser un santo mañana.

El Buddhismo atribuye esta variación al kamma, pero no afirma que absolutamente todo se debe al kamma.

Si todo fuese debido al kamma, un hombre sería siempre malo, pues su kamma es el de un hombre malo. Ni otro hombre necesitaría ir al médico para curarse de la enfermedad, pues si tal fuese su kamma, ese hombre se curaría.

De acuerdo al Buddhismo, hay cinco órdenes o procesos (niyamas) que operan en el ámbito de lo físico y lo mental:

     I.        Kamma niyama: orden de acto y consecuencia, por ejemplo, actos deseables o indeseables producen los correspondientes buenos o malos resultados.

   II.        Utu niyama: orden físico (inorgánico), por ejemplo, fenómenos estacionales de viento y lluvias.

 III.        Bija niyama: orden de los gérmenes y semillas (orden orgánico-físico); por ejemplo, el arroz producido por semillas de arroz, el sabor dulce de la caña de azúcar o la miel, etc. La teoría científica de las células y genes y la semejanza entre hermanos gemelos son ejemplos de este orden

 IV.        Citta niyama: orden de la mente o ley psíquica, por ejemplo, procesos de la conciencia (citta vithi), poder de la mente, etc.

    V.        Dhamma niyama: orden de la norma, por ejemplo, los fenómenos naturales que suceden cuando adviene un Bodhisatta en su último nacimiento, la gravedad, etc.

Cada fenómeno físico o mental podría ser explicado con estos cinco órdenes que todo lo abarcan, con estos procesos que son leyes en si mismas. Kamma es, por lo tanto, sólo uno de estos cinco órdenes que prevalecen en el Universo. Es una ley en si misma, pero de ello no debe conseguirse que deba haber un legislador. Las leyes ordinarias de la naturaleza, como la gravedad, no necesitan un legislador. Operan en su propio campo sin la intervención de un agente gobernante independiente.

Nadie, por ejemplo, decretó que el fuego deba arder. Nadie ordenó que el agua busque su propio nivel. Ningún científico ha ordenado que el agua consista en H2O y que la frialdad fuese una de sus propiedades. Éstas son características intrínsecas. Kamma no es destino ni predestinación impuesta sobre nosotros por algún desconocido y misterioso poder al cual debemos desvalidamente someternos. Son los propios actos reaccionando sobre uno mismo, con lo cual uno tiene la posibilidad de desviar el curso del kamma hasta cierto punto. Cuan lejos uno sea capaz de desviarlo depende de si mismo.

Sea remarcado que fraseología tal como “recompensa” o “castigo” no debería ser usada para introducirse en discusiones relativas al kamma. El buddhismo no reconoce un Ser Todopoderoso que gobierna a sus súbditos y los premia o castiga. Los Buddhistas, por el contrario, creen que la pena y felicidad que uno experimenta son el resultado natural de las propias acciones buenas o malas. Debe decirse que el kamma tiene tanto el principio continuativo como el retributivo.

Inherente al kamma existe la potencialidad de producir el efecto correspondiente. La causa produce el efecto; el efecto explica la causa. La semilla produce el fruto; el fruto explica la semilla, ambos están interrelacionados. De la misma manera el kamma y su efecto están interrelacionados; “el efecto ya ha florecido en la causa”.

Un Buddhista que está plenamente convencido de la doctrina del kamma no reza a otro para ser salvado sino que confía en si mismo para su purificación porqué el kamma enseña la responsabilidad individual.

Es esta doctrina la que le da consuelo, esperanza, confianza en si mismo, y valor moral. Es esta creencia en el kamma “lo que valida su esfuerzo, enciende su entusiasmo”, le vuelve siempre amable, tolerante y considerado. Es esta firme creencia en el kamma lo que le induce a abstenerse del mal, hacer el bien sin estar atemorizado por ningún castigo o tentado por ningún premio.

Es esta doctrina del kamma la que puede explicar el problema del sufrimiento, el misterio del llamado “destino” o “predestinación” en otras religiones, y sobre todo la desigualdad entre los seres humanos.

El kamma y el renacimiento son aceptados como axiomáticos.

VII-Renacimiento

Capítulo 7
Renacimiento


En tanto esta fuerza kámmica existe, hay renacimiento, pues los seres son únicamente la manifestación visible de esa fuerza kámmica invisible. La muerte no es sino el fin temporal de este fenómeno temporal. No es la completa aniquilación del llamado “ser”. La vida orgánica ha cesado pero la fuerza kámmica que hasta entonces actuó no es destruida. Mientras la fuerza kámmica permanece enteramente impasible ante la desintegración del perecedero cuerpo, la cesación del momento en que el ocurre el pensamiento de la muerte sólo condiciona una conciencia nuevo en un nuevo en otro nacimiento.

Es el kamma, arraigado en la ignorancia y el deseo, lo que condiciona el renacimiento. El kamma pasado condiciona el nacimiento presente; y el kamma presente en combinación con el kamma pasado, condiciona el futuro. El presente es vástago del pasado y se convierte, a su vez, en padre del futuro.

Si postulamos pasadas, presentes y futuras vidas, nos enfrentamos a un misterioso problema: ¿Cuál es el origen último de la vida?

Podría haber habido un principio o podría no haberlo habido.

Una escuela, en el intento de resolver el problema, postula una causa primera, Dios, que es percibido como una fuerza o ser todopoderoso.

Otra escuela niega una causa primera pues, según la experiencia común, la causa se convierte en el efecto y el efecto se convierte en la causa. En un círculo de causa y efecto una causa primera es inconcebible. De acuerdo a la primera teoría, la vida tuvo un comienzo; de acuerdo a esta última, la vida es sin-comienzo.

Desde el punto de vista científico, somos los productos directos del esperma y el óvulo provistos por nuestros padres. Así, la vida precede a la vida. En relación al origen del primer protoplasma de la vida, o coloide, las científicos alegan ignorancia.

Según el Buddhismo, hemos nacido de la matriz de la acción (kammayoni). Los padres sólo proveen una célula infinitesimalmente pequeña. Por lo tanto, el ser precede al ser. En el momento de la concepción el kamma pasado condiciona la conciencia inicial que vitaliza el feto. Esta energía kámmica invisible, generada del pasado nacimiento, produce los fenómenos mentales y el fenómeno de la vida en un fenómeno físico existente, para completar el trío que constituye a un hombre.

Para que aquí nazca un ser, un ser debe morir en alguna parte. El nacimiento de un ser, que estrictamente significa el surgimiento de los cinco agregados o fenómenos psico-físicos en la vida presente, corresponde a la muerte de la vida de un ser, en términos convencionales, el surgimiento del sol en un lugar significa la puesta del sol en otro lugar. Esta declaración enigmática puede ser mejor comprendida imaginando la vida como una ola y no como una línea recta. Nacimiento y muerte son sólo dos fases del mismo proceso. El nacimiento precede a la muerte, y la muerte, a su vez, precede al nacimiento. La constante sucesión de nacimiento y muerte en conexión con el flujo vital de cada individuo constituye lo que técnicamente se ha llamado samsara, el vagar repetido.

¿Cúal es el origen último de la vida?

El Buddha declara: “Este samsara no tiene fin cognoscible. Un primer comienzo de los seres, que, obstruidos por la ignorancia y trabados por el deseo, erran y (fare on), no puede ser percibido.”

¿Cúal es el origen último de la vida?

El Buddha declara: “Este samsara no tiene fin conocible. Un primer comienzo de los seres, que, obstruidos por la ignorancia y trabados por el deseo, erran y (fare on), no puede ser percibido.”

La corriente de la vida fluye ad infinitum, por tanto tiempo como sea alimentada por las cenagosas aguas de la ignorancia y el deseo. Sólo cuando éstos dos son completamente cortados, si uno así lo desea, la corriente cesa de fluir, el renacimiento acaba como en el caso de los Buddhas y Arahats. Un primer comienzo de esta corriente de vida no puede ser determinada, al que igual que no puede ser percibido un estado cuando esta fuerza vital no estuvo cargada de ignorancia y deseo.

El Buddha aquí se refirió meramente al principio de la corriente vital en los seres vivos. Se deja a los científicos especular sobre el origen y la evolución del universo. El Buddha no intenta solucionar todos los problemas éticos y filosóficos que dejan perpleja a Humanidad. No trata con teorías ni especulaciones, que ni tienden ni a la edificación ni a la iluminación. No demanda fe ciega de sus seguidores. Está principalmente preocupado por el problema del sufrimiento y su destrucción. Con este práctico y específico propósito en vista, todos los irrelevantes temas adyacentes son completamente ignorados.

Pero, ¿cómo debemos creer que hubo una existencia pasada?

La más valiosa evidencia que los Buddhistas citan a favor del renacimiento es el Buddha, que desarrolló un conocimiento tal que le permitió leer las vidas pasadas y futuras.

Siguiendo sus instrucciones, sus discípulos también desarrollaron este conocimiento y fueron capaces de leer sus vidas pasadas hasta un gran punto.

Incluso algunos rishis indios, antes de la llegada del Buddha, se distinguieron por tales poderes psíquicos como clari-audiencia, clarividencia, capacidad para leer el pensamiento, recordar las vidas pasadas, etc.

Hay también algunas personas, que probablemente de acuerdo con las leyes de asociación, espontáneamente desarrollan el recuerdo de su pasado nacimiento y recuerdan fragmentos de sus vidas previas. Tales casos son muy raros, pero estos pocos casos fehacientes y respetables tienden a arrojar un poco de luz sobre la idea de una vida pasada. Así, existen experiencias modernas de casos psíquicos de personalidades alternativas o múltiples.

En estados hipnóticos algunos relatan experiencias de sus vidas pasadas; mientras que otros, leen las vidas pasadas de otros e incluso sanan enfermedades.

A veces tenemos extrañas experiencias que sólo pueden ser explicadas mediante el renacimiento. ¿Cuántas veces encontramos personas a las que vemos por primera vez, e instintivamente, sentimos que son muy familiares a nosotros? ¿Cuán a menudo visitamos lugares y tenemos la impresión de que estamos perfectamente familiarizados con esos alrededores?

El Buddha dice: “Mediante previas asociaciones o presentes ventajas, ese viejo amor surge de nuevo como el loto en el agua.”

Experiencias de algunos verosímiles casos modernos de fenómenos psíquicos, fenómenos fantasmagóricos, comunicaciones de espíritus, extrañas personalidades alternativas y múltiples, etc, arrojan algo de luz en este tema del renacimiento.

A este mundo vienen Perfectos como los Buddhas y personalidades altamente desarrolladas. ¿Evolucionan rápidamente? ¿Pueden ser producto de una sola existencia?

¿Cómo vamos a explicar las grandes personalidades como Buddhaghosa, Panini, Kalidasa, Homero y Platón, o genios como Shakespeare, niños prodigio como Pascal, Mozart, Beethoven, Rafael, Ramanujan, etc.?

La herencia únicamente no puede explicarles. “Su ascendencia lo hubiese revelado, su descendencia, que hubiese sido aún más grande que ellos, lo hubiese demostrado”. ¿Podrían haberse elevado a tales alturas si no hubiesen vivido nobles vidas y obtenido experiencias similares en el pasado? ¿Es por mera causalidad que ellos han nacido de esos padres en particular y colocados bajo tan favorables circunstancias?

Los pocos años que tenemos el privilegio de pasar aquí deben ciertamente ser una preparación inadecuada para la eternidad. Si uno cree en el presente y el futuro, es muy lógico creer en el pasado. El presente es vástago del pasado y actúa, a su vez, como padre del futuro.

Si hay razones para creer que hemos existido en el pasado, entonces, con toda seguridad no hay razones para no creer que continuaremos existiendo después de que nuestra presenta existencia haya, aparentemente, cesado.

Es, en verdad, un fuerte argumento a favor de las vidas pasadas y futuras el que “en este mundo, personas virtuosas son a menudo desafortunadas y personas viciosas son prosperas”.

Un escritor occidental escribió: “Creamos o no en una pasada existencia, eso es lo único que conforma una hipótesis razonable que tiende un puente entre ciertos huecos en el conocimiento humano, respecto a ciertos hechos de la vida diaria. Nuestra razón nos dice que sólo esta idea de nacimientos pasados y kamma puede explicar los grados de diferencia que existen entre gemelos, o como hombres como Shakespeare con una experiencia verdaderamente limitada son hábiles para retratar con maravillosa exactitud los muy diversos tipos de caracteres humanos, escenas y demás, de los cuales ellos no podían tener conocimiento real, o por qué el trabajo de un genio invariablemente trasciende su experiencia, la existencia de la precocidad infantil, la vasta diversidad en mente y moral, en cerebro y psique, en condiciones, circunstancias y ambiente observables en todo el mundo y todo lo demás.

Debe decirse que esta doctrina del renacimiento no puede ser probada ni refutada experimentalmente, pero es aceptada como un hecho evidentemente verificable.

La causa de este kamma, continúa el Buddha, es avijja o ignorancia de las Cuatro Nobles Verdades. La ignorancia es, por lo tanto, la causa del nacimiento y muerte; y su transmutación en conocimiento o vijja es consecuentemente su cesación.

El resultado de este analítico método es resumido en el Paticca Samuppada (El Origen Dependiente).

VIII-El Origen Interdependiente

Capítulo 8

El origen interdependiente


Paticca significa “por razón de”, o “dependiente de”; Samuppada significa “surgimiento” u “origen”. Paticca Samuppada, por lo tanto, significa literalmente “Surgimiento Dependiente” u “Origen Dependiente”

Debe ser tenido en cuenta que Paticca Samuppada es únicamente un discurso sobre el proceso de vida y muerte y no una teoría sobre el origen último de la vida. Tiene que ver con la causa del renacimiento y el sufrimiento, pero no es un intento de mostrar la evolución del mundo a partir de la materia primaria.

La ignorancia ((Avijja) es el primer enlace o causa de la rueda de la vida. Ella nubla cualquier recto entendimiento.

Dependiendo de la ignorancia de las Cuatro Verdades Nobles surgen las actividades (Sankhara), tanto morales como inmorales. Las actividades, sean buenas o malas, enraizadas en la ignorancia que necesariamente debe tener sus efectos correspondientes, sólo tienden a prolongar el deambular por la vida. Sin embargo, las buenas acciones son esenciales para liberarse de (ills) de la vida.

Dependiendo de las actividades surge la conciencia de renacimiento (vinnana), que es lo que enlaza el pasado con el presente.

Simultáneamente con el surgimiento de la conciencia de renacimiento llega a surgir la mente y el cuerpo (Nama-rupa)

Los seis sentidos (salayatana) son la consecuencia inevitable de mente y cuerpo.

Debido a los seis sentidos, surge el contacto (Phassa). Contacto lleva a la sensación (Vedana)

Estos cinco, a saber, conciencia, mente y materia, seis sentidos, contacto y sensación, son los efectos de las acciones pasadas y son conocidos como el lado pasivo de la vida.

Dependiente de la sensación surge el deseo (Tanha). El deseo resulta en apego (Upadana). El apego es la causa del Kamma (Bhava) que, a su vez, condiciona el futuro nacimiento (Jati). El nacimiento es la causa inevitable de la vejez y la muerte (Jara-marana)

If on account of cause effect comes to be, then if the cause ceases, the effect also must cease.

Si, debido a la causa, el efecto llega, entonces si la causa cesa, el efecto también debe cesar.

El orden inverso del Paticca Samuppada clarifica la materia.

La vejez y la muerte son posibles en y con un organismo psicofísico. Tal organismo debe haber nacido; por lo tanto, eso presupone el nacimiento. Pero el nacimiento es el inevitable resultado de las acciones pasadas o kamma. Kamma está condicionado por el apego, que es debido al deseo. Tal deseo sólo puede aparecer cuando la sensación existe. La sensación es el resultado del contacto entre los sentidos y los objetos. Por lo tanto, se presupone que los órganos de los sentidos que no pueden existir sin la mente y cuerpo. Cuando hay mente y cuerpo, hay conciencia. Es el resultado del bien y mal pasados. La adquisición del bien y el mal es debido a la ignorancia de las cosas como realmente son.

La fórmula completa puede resumirse así:

Dependiendo de la ignorancia surgen las actividades (morales e inmorales)

Dependiendo de las actividades surge la conciencia (conciencia de renacimiento)

Dependiendo de la conciencia surge la mente y la materia.

Dependiendo de la mente y la materia surgen las seis esferas de los sentidos.

Dependiendo de las seis esferas de los sentidos surge el contacto.

Dependiendo del contacto surge la sensación.

Dependiendo de la sensación surge el deseo.

Dependiendo del deseo surge el apego.

Dependiendo del apego surgen las acciones (kamma)

Dependiendo de las acciones surge el renacimiento.

Dependiendo del nacimiento, surge la decadencia, la tristeza, el lamento, la pena, la angustia y el pesar.

" " Birth arise Decay, Death, Sorrow, Lamentation, Pain, Grief, and Despair.

Así surge el agregado entero del sufrimiento. Los primeros dos de estos doce pertenecen al pasado, los ocho del medio al presente, y los dos últimos al futuro.

La completa cesación de la ignorancia conduce a la cesación de las actividades.

La cesación de las actividades conduce a la cesación de la conciencia.

La cesación de la conciencia conduce a la cesación de la mente y la materia.

La cesación de la mente y la materia conduce a la cesación de las seis esferas de los sentidos.

La cesación de las seis esferas de los sentidos conduce a la cesación de la sensación.

La cesación de la sensación conduce a la cesación del deseo.

La cesación del deseo conduce a la cesación del apego.

La cesación del apego conduce a la cesación de las acciones

La cesación de las acciones conduce a la cesación del renacimiento.

La cesación del renacimiento conduce a la cesación del decaimiento, muerte, tristeza, lamento, pena, angustia y desesperación.

Así resulta la cesación del completo agregado del sufrimiento.

Este proceso de causa y efecto continúa ad infinitud. El principio de ese proceso no puede ser determinado y es imposible decir cuando este flujo vital fue encompassed by nescience. Pero cuando este nescience se vuelve conocimiento, y el flujo vital es desviado hacia Nibbanadhatu, entonces el final del proceso vital del Samsara aparece.

IX-Anatta (Insubstancialidad)

Capítulo 9

Anatta o No-Alma

La doctrina Buddhista del renacimiento debería ser distinguida de la teoría de la reencarnación que implica la trasmigración de un alma y su invariable renacimiento material. El Buddhismo niega la existencia de un alma incambiable y eterna creada por un Dios o emanada de una Esencia Divina (Paramatma).

Si el alma inmortal, que se supone que es la esencia de un hombre, es eterna, no puede haber ni surgimiento ni caída. Además, uno no puede entender porqué “almas diferentes son tan variadamente constituidas al principio”.

Para probar la existencia de una felicidad sin final en un cielo eterno y eternos tormentos en un eterno infierno, un alma inmortal es absolutamente necesaria. De otra manera, ¿Qué es aquello que es castigado o recompensado en el cielo?.

“Debería decirse –escribe Bretrand Rusell- que la vieja distinción entre cuerpo y mente se ha evaporado en gran medida porqué la materia ha perdido su solidez y la mente ha perdido su espiritualidad. La psicología está empezando a ser científica. En el presente estado de la psicología, la creencia en la inmortalidad no puede para nada clamar apoyo de la ciencia”.

Los Buddhistas están de acuerdo con Russell cuando dice “hay obviamente alguna razón por la cual soy la misma persona que ayer, y, para tomar todavía un ejemplo más obvio si yo simultáneamente veo a un hombre y le oigo hablar, hay un sentido de que el “yo” que ve es el mismo que el “yo” que escucha.

Hasta hace poco los científicos creían en un átomo indivisible e indestructible. “Por suficientes razones, los físicos han reducido este átomo a series de eventos. Por igualmente buenas razones, los psicólogos encuentran que la mente no tiene la identidad de una continuidad única, sino que consiste en series de ocurrencias entrelazadas por ciertas relaciones recónditas. La cuestión de la inmortalidad, sin embargo, se ha vuelto la cuestión si estas relaciones recónditas existen entre las ocurrencias conectadas con un cuerpo viviente y las otras ocurrencias que tiene lugar cuando un cuerpo está muerto”.

Como C.E.M. Joad dice en “El significado de la Vida”, la materia se ha desintegrado bajo nuestros propios ojos. No es ya sólida; no es ya permanente; no es ya determinada por compulsivas leyes causales; y más importante todavía, no es ya conocida.

Los llamados átomos, parece, son “divisibles y destructibles”. Los electrones y protones que componen los átomos “pueden encontrarse y aniquilarse unos a otros mientras su persistencia, tal y como es, es la de una ola sin límites determinados, y en un proceso de cambio continuo

* [C.E.M. Joad, The Meaning of Life]

El obispo Berkeley que enseñó que el llamado átomo es una ficción metafísica mantuvo que existe una sustancia espiritual llamada alma.

Hume, por ejemplo, investigó la conciencia y percibió que no hay más que fugaces estados mentales y concluyó que el supuesto “ego permanente” no existe.

“Hay algunos filósofos”, dice, “que imaginan que somos en cada momento conscientes de lo que llamamos ‘yo mismo’, que sentimos su existencia y su continuidad en existencia y que estamos ciertos, tanto de su perfecta identidad como simplicidad. Por mi parte, cuanto más íntimamente entro en lo que yo llamo “yo mismo” siempre tropiezo con alguna u otra percepción particular, o calor o frío, luz o sombra, amor u odio, pena o placer. Nunca me encuentro a mi mismo… y nunca puedo ver nada más que percepción… ni puedo concebir qué el requisito que me falta para hacerme una perfecta no-entidad.”

Bergson says, "All consciousness is time existence; and a conscious state is not a state that endures without changing. It is a change without ceasing, when change ceases it ceases; it is itself nothing but change."

Tratando de esta cuestión del alma, Professor James dijo: “La teoría del alma es un completamente superflua, y más teniendo en cuenta los hechos realmente verificados de la experiencia consciente. Es más, nadie puede ser obligado a suscribirse a tal teoría por razones científicas definidas”. Concluyendo este interesante capítulo sobre el alma, dijo: “Y en este libro, la solución provisional que hemos alcanzado debe ser la palabra final: los pensamientos mismos son los pensadores.”

Watson, un distinguido psicólogo, declara: “Nadie ha tocado nunca un alma o ha vista una en un tubo de ensayo o ha tenido de alguna manera una relación con ella como con otros objetos de la experiencia diaria. Sin embargo, dudar de su existencia es ser un hereje y, en el pasado, pudiese haberle llevado a cortarle la cabeza. Todavía hoy, el hombre no se atreve a mantener tal posición en público.”

El Buddha adelantó estos hechos hace unos 2500 años.

De acuerdo con el buddhismo la mente no es nada más que una compleja mezcla de estados mentales transitorios. Una unidad de conciencia consiste en tres fases –surgimiento o génesis (uppada), estático o desarrollo (thiti), y cesación o disolución (bhanga). Inmediatamente después de la fase de cesación de un momento del pensamiento ocurre la fase de génesis del momento-pensamiento subsecuente. Al extinguirse, cada momento de conciencia de este proceso vital de cambio permanente transmite a su sucesor la totalidad de su energía y de sus impresiones indeleblemente grabadas. Toda nueva conciencia consiste en las potencialidades de sus predecesoras junto con algo más. Consecuentemente, hay un flujo de conciencia continuo como un arroyo sin interrupción alguna. El momento-pensamiento subsiguiente no es absolutamente igual a su predecesor –debido a que aquello que lo compone no es idéntico- ni tampoco es totalmente otro –siendo la misma continuidad de energía Kamma. Aquí no hay un ser idéntico pero sí hay una identidad en proceso.

En todo momento hay nacimiento, en todo momento hay muerte. El surgimiento de un momento de pensamiento significa la extinción de otro momento-pensamiento y viceversa. En curso de un periodo de vida hay renacimiento momentáneo sin un alma.

No debe entenderse que una conciencia está cortada en trocitos y enlazada como un tren o una cadena. Sino por el contrario, “fluye persistentemente como un río que recibe de sus afluentes de la percepción aportaciones constantes a su caudal y siempre se dispersa al mundo sin la materia-de-pensamiento que ha recolectado por el camino.” [*] Obtiene el nacimiento por su fuente y la muerte por su boca. La rapidez del fluido es tal que difícilmente hay una medida para cauntificarla siquiera en forma aproximada. No obstante, a los comentaristas les gusta decir que la duración de un momento-de-pensamiento es todavía menor a una billonésima parte del tiempo transcurrido en un destello.

*[Ver Compendium of Philosophy, Trad. de Shwe Zan Aung (Pali Text Society, London) –Introduction p. 12]

Aquí encontramos una yuxtaposición de tales estados mentales de conciencia fugaces, contraria a una superposición de los mismos como aparentemente creen algunos. Una vez que se ha ido, ningún estado se repite ni es idéntico a lo que lo antecede. Pero nosotros, simples mundanos cubiertos por la red de la ilusión, confundimos esta aparente continuidad con algo eterno y llegamos al grado de introducir a esta conciencia en cambio perpetuo un alma inmutable, un Atta, la supuesta hacedora y receptáculo de todas las acciones.

El así llamado ser es como un destello que se disipa en una sucesión de chispas que se suceden una a otra con tal rapidez que la retina humana no puede percibirlas en forma separada y quien no está entrenado no puede concebir dicha sucesión de chispas separadas. [*] Así como la rueda de una carreta descansa en el suelo en un punto, el ser vive solamente por espacio de un momento-de-pensamiento. Se encuentra siempre en el presente y constantemente se desliza en el pasado irrevocable. Lo que llegaremos a ser está determinado por este momento-de-pensamiento presente.

*[Comparar con una película cinematográfica en la que la noción de movimiento surge de las fotografías individuales]

Si no existe un alma, qué es lo que renace, puede uno preguntar. Bien, nada hay que renazca. Cuando la vida se extingue, la energía Kammica se re-materializa en otra forma. Como Bhikkhu Silacara dice: “Pasa a donde quiera sin ser vista, estando presentes las condiciones apropiadas de su manifestación visible. Aquí presentándose como un diminuto mosquito o gusano, allá haciendo notar su presencia en la resplandeciente magnificencia de la existencia de un Deva o un Arcángel. Cuando una forma de su manifestación cesa, solamente pasa, y cuando aparecen circunstancias adecuadas, se revela de nuevo bajo otro nombre o forma.”

El nacimiento es el surgimiento del fenómeno psíquico-físico. La muerte es simplemente el fin temporal de un fenómeno temporal.

Así como el surgimiento de un estado físico está condicionado por un estado precedente como su causa, la aparición de un fenómeno psíquico-físico está condicionado por una causa anterior a su nacimiento. Al igual que el proceso de un ciclo de vida es posible sin que una entidad permanente pase de un momento-pensamiento a otro, una serie de ciclos de vida es posible sin que un alma inmortal transmigre de una existencia a otra.

El buddhismo no niega totalmente la existencia de una personalidad en el sentido empírico. Sólo intenta demostrar que no existe en un sentido último. El término filosófico del buddhismo para designar a un individuo esSantana , (...), flujo o continuidad. Incluye tanto los elementos mentales como los físicos. La fuerza Kámmica de cada individuo une los elementos. Este flujo sin interrupción o continuidad del fenómeno psico-fisico, el cual es condicionado por el Kamma, y que no se limita solamente a la vida presente, sino que tiene su fuente en el pasado sin comienzo y su continuación en el futuro, es el sustituto del buddhismo para el ego permanente o el alma inmortal de otras religiones.

X-Nibbana

Capítulo 10

Nibbana

 

Este proceso de nacimiento y muerte continúa ad infinitum hasta que este flujo se transmuta, por así decirlo, en Nibbanadhatu, el objetivo final de los budistas.

El término pali Nibbana está formado or Ni y Vana; Ni es un fragmento negativo y Vana significa codiciar o anhelar con vehemencia. “Se le nombra Nibbana por cuanto es una salida del anhelo llamado Vana, codicia”. Literalmente, Nibbana significa desapego.

También se puede definir como la extinción de la codicia, el odio y la ignorancia. “El mundo entero está en llamas”, dice el Buddha. “¿Por medio de qué fuego se enciende? Por el fuego de la codicia, el odio y la ignorancia, se enciende por el fuego del nacimiento, la vejez, la muerte, el dolor, la pesadumbre, la aflicción, la desesperación”.

Por el hecho de que no podemos percibirlo con nuestro conocimiento mundano, no debemos entender que Nibanna es la nada o un estado de aniquilación. No puede decirse que la luz no existe sólo porque el ciego no la ve. También, en aquella historia bien conocida, el pez que discute con su amiga, la tortuga, concluye triunfalmente que no hay tierra.

El Nibbana de los budistas no es simplemente la nada o un estado de aniquilación, pero no hay palabras para expresar adecuadamente lo que es. Nibbana es un Dhamma que es “no-nacido, no-originado, no-creado y no-formado”. Por tanto, es eterno (Dhuva), deseable (Subha) y feliz (Sukha).

En Nibanna nada se “eterniza” ni se “aniquila”, a no ser el sufrimiento.

De acuerdo con las Escrituras, se hace referencia a Nibbana Sopadisesa y Anupadisesa. Éstos, de hecho, no son dos clases de Nibbana, sino el único Nibbana que recibe su nombre de acuerdo con la forma en que es experimentado antes y después de la muerte.

El Nibbana no se sitúa en lugar alguno ni es una especie de cielo en donde reside un ego trascendental. Es un estado que depende de este mismo cuerpo. Es un logro (Dhamma) que está al alcance de todos. Nibbana es un estado supramundano adquirible aun en la vida presente. El Budismo no afirma que este fin último podría alcanzarse sólo en una vida futura. Aquí se ubica la principal diferencia entre la concepción budista de Nibbana y la concepción no-budista de un cielo eterno alcanzable sólo después de la muerte o una unión con un Dios o Esencia Divina en una vida después de la vida. Cuando el Nibbana se realiza en esta vida con la permanencia del cuerpo, se le nombra Sopadisesa Nibbana-dhatu. Cuando un Arahat alcanza el Parinbbana, después de la disolución de su cuerpo, sin residuo alguno de su existencia física, se le denomina Anupadisesa Nibbana-dhatu.

En palabras de Sir Edward Arnold:

[*] Párrafo en proceso

Desde una perspectiva metafísica Nibbana es la liberación del sufrimiento. Desde l aperspectiva psicológica Nibbana es la erradicación del egoísmo. Desde la perspectiva ética Nibbana es la destrucción de la codicia, el odio y la ignorancia.

¿El Arahat existe o no después de la muerte?
Responde el Buddha:

“El Arahat que ha sido liberado de los cinco agregados es profundo, inconmensurable como el poderoso océano. Decir que renace no se ajusta al caso. Decir que ni renace ni no renace no se ajusta al caso”.

Robert Oppenheimer, a scientist, writes:

No se puede decir que un Arahat renace pues todas la pasiones que condicionan el renacimiento son erradicadas; ni se puede decir que el Arahat es aniquilado puesto que nada hay para aniquilar.

Escribe Robert Oppenheimer, un científico:

“Si preguntamos, por ejemplo, si la posición del electrón permanece igual, debemos decir ‘no’; si preguntamos si la posición del electrón cambia con el tiempo, debemos decir ‘no’; si preguntamos si el electrón está estático, debemos decir ‘no’; si preguntamos si está en movimiento, debemos decir ‘no’.

“El Buddha ha dado tales respuestas al preguntársele sobre las condiciones del yo humano después de la muerte; [*] pero no son respuestas habituales desde la tradición de la ciencia de los siglos XVII y XVIII.

[*] Evidentemente, quien escribe se refiere al estado de un Arahat después de la muerte.

XI-El Camino al Nibbana

Capítulo 11

El Camino al Nibbana


¿Cómo se alcanza Nibbana?

Mediante el seguimiento del Óctuple Noble Sendero que consiste en Correcto Entendimiento (Samma-ditthi), Correcto Pensamiento (samma-sankappa), Correcto Lenguaje (samma-yaca), Correcta Acción (samma-kammanta), Correcto Modo de Subsistencia (samma-aiiva), Correcto Esfuerzo (samma-vayama), Correcta Atención (saamma-sati) y Correcta Concentración (samma-samadi).

1. Correcto Entendimiento, que constituye en la piedra angular del buddhismo, se explica como el conocimiento de las Cuatro Nobles Verdades. Entender correctamente significa entender las cosas como realmente son y no como aparentan ser. Esto se refiere en primer lugar al correcto entendimiento de uno mismo, porque, como lo expresa el Rohitassa Sutta, “Dependientes de este cuerpo de una braza de longitud con su conciencia están” las cuatro Verdades todas. En la práctica del Óctuple Noble Sendero, el Correcto Entendimiento está situado en el principio al igual que en su final. Un grado mínimo de Correcto Entendimiento es necesario en el mismo principio porque proporciona el estímulo necesario para los otros siete elementos del Sendero y les da la dirección correcta. En la culminación de la práctica, el Correcto Entendimiento ha madurado en una perfecta Sabiduría Interior (vipassana-pañña), que conduce directamente a los Estados de Santidad.

2. Una visión clara del Correcto Entendimiento conduce a un pensamiento claro. En consecuencia, el segundo elemento de Óctuple Noble Sendero es Correcto Pensamiento, el cual sirve al doble propósito de eliminar los malos pensamientos y desarrollar pensamientos puros. Los Pensamientos Correctos, en este vínculo en particular, son de tres vías. Éstas consisten en:

i. Nekkhamma – Renuncia a los placeres mundanos o la virtud de la supresión del egoísmo, lo cual se opone al apego, al egocentrismo y a la posesividad

ii. Avyapada – Amor benevolente, buena voluntad o bondad, lo cual se opone al odio, a la mala voluntad y a la aversión; y

1. Avhimsa – Mansedumbre o compasión, lo cual se opone a la crueldad y a la insensibilidad.

3. Right Thoughts lead to Right Speech, the third factor. This includes abstinence from falsehood, slandering, harsh words, and frivolous talk.

3. El Correcto Pensamiento conduce al Correcto Lenguaje, el tercer elemento. Esto incluye el abstenerse de falsedad, calumnia, palabras ásperas y hablar frívolo.

4. Right Speech must be followed by Right Action which comprises abstinence from killing, stealing and sexual misconduct.

4. Al Correcto Lenguaje debe seguir la Correcta Acción que comprende abstenerse de matar, de robar y de malas conductas sexuales.

5. Al purificar en principio sus pensamientos, palabras y obras, el peregrino espiritual trata de purificar su modo de subsistencia renunciando a las cinco clases de negocios que están prohibidos a los discípulos laicos. Éstos son el comercio de armas, seres humanos, animales para matanza, bebidas y drogas intoxicantes y venenos.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

Para los monjes, incorrecto modo de subsistencia consiste en conducta hipócrita y modo incorrecto de obtener los requisitos para ser monje.

6. Correcto Esfuerzo es de cuatro vías, a saber:

i. el empeño por deponer el mal que ya ha aparecido;

ii. el empeño por prevenir la aparición del mal que no ha aparecido;

iii. el empeño por desarrollar el bien que no ha aparecido;

iv. el empeño por promover el bien que ya ha aparecido.

7. Correcta Atención es constante atención respecto al cuerpo, los sentimientos, los pensamientos y los objetos mentales.

8. El Correcto Esfuerzo y la Correcta Atención conducen a la Correcta Concentración. Es la focalización de la mente que culmina en Jhanas o absorbimiento meditativo. De estos ocho factores del Óctuple Noble Sendero los primeros dos están agrupados bajo el encabezado de Sabiduría (pañña), los siguientes tres bajo Moralidad (sila), y los últimos tres bajo Concentración (samadhi). Pero, de acuerdo con el orden de desarrollo, la secuencia es la siguiente:

I. Moralidad (sila)

Correcto Lenguaje
Correcta Acción
Correcto modo de Subsistencia

II. Concentración (samadhi)

Correcto Esfuerzo

Correcta Atención

Correcta Concentración

III. Sabiduría (pañña)

Correcto Entendimiento

Correcto Pensamiento

Moralidad (sila) es la etapa en el sendero a Nibbana.

Sin matar o herir a criatura viviente alguna, la persona debe ser benévola y compasiva hacia todos, aun hacia la más pequeña de las criaturas que se arrastre a sus pies. Renunciando al robo, debe ser recta y honesta en todas sus transacciones. Absteniéndose de conducta sexual incorrecta, que envilece la sublime naturaleza del ser humano, debe ser pura. Evitando el lenguaje falso, debe ser veraz. Prescindiendo de bebidas perniciosas que propician aturdimiento, debe ser sobria y diligente.

Estos principios elementales de conducta regulada son esenciales para quien recorre el sendero a Nibbana. La transgresión de los mismos significa introducir obstáculos en el sendero que obstruirán su progreso moral. La observancia de ellos significa progreso firme y fluido a lo largo del sendero.

El (la) peregrino(a) espiritual, al disciplinar así sus palabras y sus actos, puede avanzar un paso más y tratar de controlar sus sentidos.

Conforme progresa lenta y constantemente con palabra y acción reguladas y con sentidos atemperados, la fuerza Kámmica de este(a) aspirante esforzado(a) puede impulsarle a renunciar a los placeres mundanos y adoptar la vida ascética. Entonces le llega la idea de que 

“Un rincón de lucha es la vida hogareña,

Lleno de afanes y necesidades;

Pero libre y alta como el cielo abierto

Es la vida que el carente de hogar lleva”.

No debe entenderse que de todos se espera el seguir la vida de un Bhikku o una vida de celibato para lograr su objetivo. El progreso espiritual de la persona se acelera siendo un Bhikku aun cuando, como seguidor(a) laico(a), se puede llegar a ser un arahant. Después de alcanzar el tercer estado de Santidad, la persona lleva una vida de celibato.

Al asegurar sólidos fundamentos en el campo de la moralidad, el (la) peregrino(a) avanzado(a) se embarca entonces en la práctica más elevada de Samadhi, el control y cultivo de la mente – la segunda etapa en este Sendero.

Samadhi – es la “focalización de la mente”. Es la concentración de la mente en un objeto con entera exclusión de toda materia irrelevante.

Hay diferentes objetos de meditación en concordancia con los temperamentos individuales. La concentración en la respiración es la más sencilla para lograr la focalización de la mente. La meditación en el amor benevolente es muy benéfica ya que conduce a la paz mental y a la felicidad.

El cultivo de los cuatro estados sublimes – amor benevolente (Metta), compasión (Karuna), alegría misericordiosa (Mudita) y ecuanimidad (Upekka) – es altamente recomendable.

Después de considerar cuidadosamente el objeto de contemplación, ella (él) debe elegir el más apropiado su temperamento. Una vez que esto ha sido establecido a satisfacción, hace un esfuerzo persistente de enfocar la mente hasta llegar a estar tan absorto(a) e interesado(a) en el objeto, que ipso facto quedan excluidos de la mente todos los demás pensamientos. Los cinco obstáculos al progreso –a saber, deseo sensual, odio, pereza y adormecimiento, intranquilidad y aflicción, y vacilación son entonces temporalmente inhibidos. Eventualmente logra concentración extática y, para su indescriptible alegría, llega a estar absorta(o) en Jhana, gozando de la calma y serenidad de la mente focalizada.

Cuando uno(a) logra esta perfecta focalización de la mente es posible para él (ella) desarrollar los cinco Poderes Supranormales (Abhiñña): Visión Divina (Dibbacakkhu). Oído Divino (Dibhasota), Reminiscencia de nacimientos pasados (Pubbenivasaunssati-ñana). Lectura del Pensamiento (Paracitta vijañana), y distintos Poderes Síquicos (Iddhividha). No debe entenderse que esos poderes supranormales son esenciales para la Santidad.

Aunque la mente está ahora purificada aún está latente en ella (él) la tendencia a dar paso a sus pasiones pues, por la concentración, las pasiones son adormecidas temporalmente. Pueden surgir a la superficie en momentos inesperados.

Tanto la Disciplina como la concentración son útiles para limpiar el Sendero de obstáculos pero es sólo la Percepción de la Naturaleza Interior lo que permite a una (uno) ver las cosas como realmente son y, consecuentemente, alcanzar el objetivo fundamental mediante la aniquilación completa de las pasiones inhibidas por Samadhi. Esta es la tercera y última etapa en el Sendero a Nibbana. Con su mente focalizada que ahora semeja un espejo pulido, la persona mira al mundo para obtener una correcta visión de la vida. A dondequiera que voltee la mirada ve nada más las Tres Características –Anicca (tansitoriedad), Dukka (sufrimiento) y anatta (carencia de alma)- resistiendo en denodado alivio. Comprende que la vida está cambiando constantemente y que todas las cosas condicionadas son transitorias. Ni en el cielo ni en la tierra encuentra felicidad genuina, pues toda forma de placer es un preludio al dolor. Lo que es transitorio es consecuentemente doloroso, y cuando prevalecen el cambio y el sufrimiento no puede existir un alma inmortal permanente.

Después de lo cual, la persona elige de estas tres características la que más le atraiga y sigue desarrollando atentamente su Percepción de la Naturaleza Interior en esa dirección en particular hasta que le llega el glorioso día en que habrá de comprender Nibbana por primera vez en su vida, habiendo destruido los tres Obstáculos –ilusión de sí mismo (Sakkaya-ditthi), incertidumbre (Vicikiccha), complacencia con (indebidos) ritos y ceremonias (Silabbataparamassa).

En esta etapa se le denomina un Sotapanna (ganador del arroyo) –alguien que ha entrado en el arroyo que conduce a Nibbana. Como no ha erradicado todos los Obstáculos, renace siete veces como máximo.

Al reunir nuevos bríos, como resultado de este atisbo de Nibbana, el (la) Peregrino(a) progresa rápidamente y al cultivar mas profundamente la percepción de su Naturaleza Interior se convierte en un Sakadagami [(*)onnce-returner] por el debilitamiento de dos Obstáculos adicionales, a saber, deseo sensual (Kamaraga) y mala voluntad (Patigha). Se le denomina un Sakadagami porque renace en la tierra sólo un vez en caso de no alcanzar el estado de Arahant.

Es en el tercer estado de Santidad –Anagama (que nunca regresa)- cuando ella (él) desecha completamente los dos Obstáculos arriba citados. Entonces no regresa a este mundo ni busca nacimiento en los dominios celestiales, puesto que ya no tiene más deseo de placeres sensuales. Después de la muerte renace en la “Permanencia Pura” (*) ((Suddhavasa), un plano análogo a Brahma, hasta alcanzar el estado de Arahant.

Ahora el peregrino santificado, alentado por el éxito sin precedente de sus empeños, realiza su ascenso final y, destruyendo los Obstáculos remanentes -a saber, concupiscencia después de la vida en la Esfera de las Formas (Ruparaga) y la Esfera de lo sin Forma, fatuidad (Mana), impaciencia (Uddhacca) e ignorancia (Avijja)- se convierte en un Santo perfecto: un Arahant, una Dignidad.

Inmediatamente comprende que aquello que debía consumarse se ha realizado, que una pesada aflicción ha sido desechada, que todas las formas de apego han sido totalmente aniquiladas, y que el Sendero a Nibbana ha sido recorrido. La Dignidad se alza ahora a alturas más que celestiales, muy distante de las pasiones rebeldes y los vicios del mundo, consumando la inefable gloria de Nibbana y, como muchos Arahants antiguos, pronunciando ese himno de alegría:

“Buena voluntad y sabiduría, mente adiestrada por método,

La más elevada conducta en buena moral basada,

Esto hace a los mortales puros, no el rango o la riqueza.”

Como afirma T.H. Huxley, “el budismo es un sistema que no conoce Dios en el sentido occidental, que deniega un alma al ser humano, que considera un disparate la creencia en la inmortalidad, que rechaza eficacia alguna a la oración y el sacrificio, que invita a hombres y mujeres a ver nada más que sus propios esfuerzos para la salvación, que en su pureza original nada supo de votos de obediencia y nunca buscó el concurso del brazo secular: aun así se extiende con asombrosa rapidez sobre medio mundo - y es todavía el credo dominante de una gran proporción de la humanidad”.