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Grandes Discípulas del Buddha: Ambapālī


By maggacitta - Posted on 15 October 2011

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Ambapālī: La Generosa Cortesana

Una figura que se reproduce en los primeros estadios de muchas religiones es la de la famosa cortesana o hetera, cuya conversión y transformación interna demuestran el invencible poder de la verdad y de la bondad en su contienda con los elementos inferiores de la naturaleza humana. Así como encontramos a María Magdalena en el Nuevo Testamento, a María la Egipcia en el desierto de Egipto y a Rabi´a en los primeros días del Sufismo, encontramos a Ambapālī y Sirimā en la época del Buddha. Contemplar sus vidas es un ejercicio útil, aunque sólo sea para ayudarnos a liberarnos del prejuicio y la presunción, y recordarnos que el potencial para la sabiduría y la santidad está simplemente oculto, nunca destruido por un modo de vida que es, externamente, miserable y degradante.

Un día, el jardinero de un soberano Licchavī de Vesāli, encontró un bebé recostado bajo un mango a quien puso el nombre de Ambapālī. A medida que la niña crecía, crecía también su belleza y encanto. Varios príncipes Licchavis quisieron casarse con ella, lo que desencadenó muchas discusiones y peleas, ya que cada uno de ellos la quería sólo para él. Incapaces de resolver el dilema, decidieron que Ambapālī no pertenecería exclusivamente a uno de ellos, sino a todos en común. De este modo, Ambapālī se vio obligada a convertirse en una cortesana en el sentido original de la palabra: una dama de placer en la corte, posición que poco tiene que ver con la de una prostituta normal y corriente. Gracias a su bondadoso carácter, Ambapālī ejercía una influencia sosegadora y ennoblecedora sobre los príncipes Licchavis y donaba grandes sumas de dinero a actividades caritativas. De este modo, Ambapālī se convirtió, virtualmente, en una reina sin corona en la república aristocrática de los Licchavis.

La fama de Ambapālī se extendió por todas partes, llegando incluso a oídos del Rey Bimbisāra de Magadha, a quien se le ocurrió la idea de proporcionar a su capital una atracción similar. El rey fue a conocer personalmente a Ambapālī y, como todos los demás, quedó inmediatamente subyugado por su hermosura y, tras disfrutar de los placeres que ella podía ofrecer, dejó embarazada a la bella joven.

En el transcurso de su último viaje, el Buddha se detuvo en Vesāli y se alojó en la Arboleda de Mangos de Ambapālī. La cortesana acudió ante el Buddha para presentarle sus respetos y éste le inspiró con un extenso discurso sobre el Dhamma. Al final del mismo, Ambapālī invitó a su casa al Maestro y a la Orden de monjes para la comida del día siguiente.

Cuando el hijo de Ambapālī y del Rey Bimbisara se hizo mayor, tomó los votos de monje y pronto alcanzó el estado de Arahant. Más tarde, tras escuchar uno de los sermones de su hijo, Ambapālī entró en la Orden de las monjas. Ella tomó su propio cuerpo como objeto de meditación, reflexionando sobre su transitoriedad y su vulnerabilidad al dolor y de este modo alcanzó el estado de Arahant. En sus versos del Therīgāthā, expresados en su vejez, ella compara de modo conmovedor su antigua belleza con su decrepitud del momento:

Mi cabello era negro, del color de las abejas,
y cada cabello terminaba en un rizo.
Ahora, a causa de la vejez,
parece más bien fibra del cáñamo.
Ésta y no otra es la palabra
del Portador de la Verdad.

Brillantes y bellos como joyas,
mis ojos rasgados eran de un color azul oscuro.
Ahora, con el peso de la vejez,
su belleza se ha desvanecido por entero.
Ésta y no otra es la palabra
del Portador de la Verdad.

Antes, mis dientes eran bonitos,
del color de las flores de llantén.
Ahora, a causa de la vejez,
están rotos y son amarillos.
Ésta y no otra es la palabra
del Portador de la Verdad.

Antes, mi cuerpo era hermoso,
como una lámina de oro bien pulida.
Ahora se halla todo cubierto de arrugas.
Ésta y no otra es la palabra
del Portador de la Verdad.

Así es este cuerpo, ahora decrépito,
morada de muchos tipos de sufrimiento.
No es más que una casa vieja
de la que se ha desprendido el yeso.
Ésta y no otra es la palabra
del Portador de la Verdad.

Tal contemplación, practicada con asiduidad, proporcionó a Ambapālī una visión cada vez más profunda de la naturaleza de la existencia. Pudiendo recordar ahora sus vidas previas, vio las tribulaciones de su viaje por el samsara: unas veces había sido una prostituta, otras veces una monja. Vio también que, a pesar de la degradación en la que a menudo se había visto sumergida, había sido frecuentemente hacedora de actos de extraordinaria generosidad que aportaron su recompensa en sucesivos nacimientos. A menudo había sido hermosa, pero su belleza física se había desvanecido siempre, aplastada por la vejez y por la muerte. Ahora, en su última vida había alcanzado por fin, mediante la extinción del engaño, la belleza imperecedera de la liberación final. En los siguientes versos, Ambapālī da testimonio de su ascenso a la posición de “hija del Buddha”:

Asistida por millones de criaturas
progresé en la Enseñanza del Conquistador.
He alcanzado el estado inmutable,
Soy una hija verdadera del Buddha.

Soy maestra de poderes espirituales
y del elemento aire purificado.
Soy, ¡oh gran sabio! maestra del conocimiento
que abarca las mentes de otros.

Conozco mis moradas previas,
el ojo divino he purificado,
todas mis corrupciones han sido destruidas,
ahora ya no hay más re-devenir.