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Grandes Discípulos del Buddha - Parte I


By maggacitta - Posted on 20 August 2010

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Venerable Sāriputta-Estatua de Myanmar-Crédito asianart.com

Sāriputta-El General del Dhamma (audio-mp3)

En este blog damos inicio a la presentación de los perfiles biográficos de los principales discípulos de Buddha, de esos grandes seres que formaron parte de la Noble Comunidad de Ariyas y de algunos otros discípulos y discípulas laicos de gran estatura espiritual. En esta primera biografía será abordada la vida del Venerable Sāriputta, el principal discípulo del Bienaventurado, sin igual entre sus condiscípulos en la exposición del Dhamma y reconocido por sus cualidades de infinita bondad, paciencia y tolerancia. 

Que la lectura y consiguiente reflexión de las vidas de estos seres excelsos,  sus vicisitudes, sus logros en el camino de la Iluminación, y, como un elemento muy importante a considerar, la enseñanza que se deriva de sus propias experiencias, sirva para elevar nuestra visión espiritual y que nos permita a la vez penetrar en ese poco conocido y fascinante mundo de los Arahants, de tal manera que seamos más conscientes del alcance y significado de la "toma de los refugios" y, de manera particular, del tercer refugio o la tercera Joya: el Sangha.

Los primeros años

El Venerable Sāriputta fue uno de los más grandes discípulos del Buddha. Su vida juega una parte esencial en la historia del Bienaventurado, y en numerosas ocasiones, es el propio Sāriputta quien ejecuta el papel principal -como diestro preceptor y ejemplo, como amigo bondadoso y considerado, como guardián del bienestar de los bhikkhus a su cargo, como depositario de la doctrina del Buddha-; función ésta que le mereció el título de Dhammasenapati -Maestro de ceremonias del Dhamma. Como persona fue siempre un hombre sin igual en paciencia y determinación, modesto y recto de pensamiento, palabra y acción, un hombre para quien un acto de bondad debía recordarse con gratitud por tanto tiempo como su permanencia en vida y que resplandecía, incluso entre los Arahants - los seres liberados de toda corrupción de la pasión y del engaño- como la luna llena en un cielo estrellado. Un hombre de intelecto profundo y de naturaleza sublime, un verdadero discípulo del Gran Maestro.

La vida del Venerable Sāriputta no puede desligarse de otro de los discípulos principales del Buddha: Mahāmoggallāna. Ambos, Sāriputta y Mahāmoggallāna, vinieron al mundo al mismo tiempo, recibiendo los nombres de Upatissa y Kolita respectivamente. Ambos seres provenían de dos familias importantes estrechamente unidas por una amistad que mantenían desde hacía siete generaciones. Los niños crecieron juntos y se convirtieron rápidamente en compañeros de juego y amigos íntimos. Luego fueron debidamente instruidos y adquirieron maestría en todas las ciencias.

Cuando crecieron, los dos amigos solían reunirse en el río o en el parque para hacer deporte o divertirse junto a un séquito de quinientos jóvenes brahmanes que ambos poseían. Entre celebraciones, risas y momentos excitantes, estos dos jóvenes se divertían durante sus momentos libres. De pronto, un día, durante un festival, extraños pensamientos arrojaron sus sombras sobre los corazones de los dos amigos, que no pudieron seguir riendo y compartiendo su excitación. Mientras contemplaban sentados los juegos y las danzas, el espectro de la mortalidad humana se reveló, por un instante, ante su visión interna. Después, su actitud ya no pudo ser la misma. Para ambos, este ánimo sombrío cristalizaba gradualmente en una pregunta apremiante: “¿Qué estoy haciendo aquí? Antes de que estas gentes hayan cumplido cien años estarán todas muertas. ¿No deberíamos ir en busca de una enseñanza de liberación?” En lugar de estar perdiendo el tiempo en tales espectáculos vacíos que no les aportaban beneficio alguno, decidieron entonces buscar un camino que los liberara de la totalidad del ciclo de renacimientos.

Upatissa y Kolita decidieron entonces abandonar sus hogares y convertirse en ascetas para ir en busca de una enseñanza de liberación. Así, vagaron por las aldeas, los pueblos y las ciudades de la India buscando a quien fuera capaz de enseñarles el camino. Cada vez que oían de un sabio brahmán o de un asceta, iban a su encuentro y aprendían su doctrina. No hubo, sin embargo, ningún maestro que pudiera responder a todas sus preguntas, mientras que ellos eran capaces de dar respuesta a todos aquellos que les cuestionaban. Después de viajar por todo India, regresaron a la ciudad de Rajagaha.

Un tiempo después ambos amigos se enteraron de que un Gran Maestro se encontraba en dicha ciudad en el Monasterio de la Arboleda de Bambú y hacia allá se dirigieron junto con doscientos cincuenta de sus seguidores para conocerle. Allí, el Maestro estaba enseñando el Dhamma, y cuando el Buddha los vio llegar, se dirigió a los bhikkhus diciendo: "Estos dos amigos, Upatissa y Kolita, que ahora se nos aproximan, serán mis dos discípulos principales, un par excelente".

Los dos amigos se postraron ante el Bienaventurado en homenaje y cuando tomaron asiento, dijeron al Maestro: "Señor, que obtengamos los votos de novicio bajo la guía del Bienaventurado, que obtengamos la más elevada ordenación". Y el Buddha dijo: "¡Venid, bhikkhus! Bien proclamado es el Dhamma. Ahora vivid la vida de pureza para poner fin al sufrimiento". Estas pocas palabras bastaron para que los dos seres recibieran la ordenación completa. A partir de su acogida en la orden buddhista, Upatissa y Kolita fueron conocidos como Sāriputta y Mahāmoggallāna respectivamente.         

La primera aspiración

La historia de Sāriputta comienza en el lejano pasado, con acontecimientos que han sido preservados para nosotros bajo forma de leyenda. Tales leyendas, no obstante, no son meras ficciones pregonadas por una imaginación excesivamente vibrante, sino más bien, representaciones narrativas de principios tan profundos y universales que no pueden ser reducidos a simples datos históricos. Estos principios sólo pueden expresarse adecuadamente cuando los hechos se transforman en arquetipos sagrados y los arquetipos, en ideales espirituales.

Esta leyenda tan especial revela un período incalculable de cien mil eones del pasado. Por aquel entonces, en los tiempos del Buddha Anomadassi –el decimoctavo Buddha contando hacia atrás a partir del presente Buddha Gotama- tanto Sāriputta como Moggallāna, generaron la aspiración de ser los discípulos principales de un futuro ser completamente iluminado. Fue entonces en la época del Buddha Gotama cuando habían madurado las condiciones para que el deseo de ambos seres pudiera ser satisfecho, tal como fue predicho por el Buddha Anomadassi.

El discípulo principal

Ser nombrado discípulo principal implica cargar con una gran responsabilidad en todas las áreas de la Orden. Es compartir la carga compasiva del Buddha y trabajar en la más estrecha cooperación con Él para asegurar que el Dhamma se convierta  en “exitoso y próspero, popular, extendido y bien proclamado entre devas y humanos” (DN 16; SN 51:10). Así pues, para supervisar las principales áreas de responsabilidad, un Buddha es invariablemente atendido por dos discípulos principales; uno está constantemente a su derecha, el otro a su izquierda. De los dos, el discípulo de la derecha, al que se considera como el más próximo al Maestro, es el discípulo que se distingue por su excelencia en sabiduría (mahāpañña). En el caso del Buddha Gotama, este discípulo es el Venerable Sāriputta. Su tarea principal en la Orden es la sistematización de la doctrina y el análisis detallado de su contenido. El otro discípulo principal, situado a la izquierda del Buddha, se distingue por su versatilidad en el ejercicio del poder espiritual. En el Sangha del Buddha Gotama, era el Venerable Mahāmoggallāna quien merecía tal puesto.

En un decreto dirigido al Sangha, el Buddha ensalzó a los dos discípulos principales como modelos a ser emulados por todos los bhikkhus: “Un bhikkhu de fe, oh bhikkhus, ha de apreciar esta aspiración correcta: 'que llegue yo a ser como Sāriputta y Moggallāna', pues Sāriputta y Moggallāna son el modelo y la norma para mis discípulos bhikkhus” (AN 2:131). En su maestría en los tres aspectos del camino –virtud, concentración y sabiduría- Sāriputta y Moggallāna encarnan las cualidades que debían desarrollar los bhikkhus que todavía estaban adiestrándose.

Un hombre servicial

Sāriputta destacaba entre los bhikkhus por su capacidad para ayudar a los demás. En el Devadatta Sutta (SN 22:2) es el propio Buddha quien, refiriéndose a su gran discípulo, dijo: “sabio es Sāriputta y servicial con sus compañeros los bhikkhus”. Sāriputta era servicial en dos modos: ofreciendo servicio material (amisanuggaha) y ofreciendo servicio con el Dhamma (dhammanugga).

En su “servicio material”, cuando permanecía por algún tiempo en el monasterio, y a diferencia de los otros bhikkhus, Sāriputta no hacía su turno de recoger limosnas en las primeras horas del día. Cuando todos habían partido, deambulaba por el Monasterio, y donde veía un lugar sin barrer, lo barría; donde no se había retirado la basura, la retiraba; donde había objetos fuera de su sitio, ponía orden. Sāriputta hacía esto para que los ascetas no buddhistas que visitaran el Monasterio no vieran desorden alguno y no hablaran mal de los bhikkhus. Después solía ir a la enfermería, y tras ofrecer a los enfermos palabras de consuelo, averiguaba si tenían necesidad de alguna medicina. Luego de esta rutina, Sāriputta hacía su ronda de mendicante.

Cuando viajaba a pie con el Bienaventurado, no caminaba a la cabeza de la procesión, calzando sandalias y portando un parasol, como quien piensa: “soy el discípulo principal”. En su lugar, él atendía primero a los viejos, a los muy jóvenes o a los que se sentían mal, haciendo que se les aplicara aceite en las llagas que pudieran tener en sus cuerpos y después, partía con ellos. En cierta ocasión, debido a su solicitud por los demás, Sāriputta llegó algo tarde al lugar en donde descansaban los demás. A causa de su retraso, no le fue posible conseguir una acomodación adecuada y tuvo que pasar la noche sentado bajo una tienda que él mismo se había fabricado con los hábitos.

Además de medicamentos y alimentos, Sāriputta ofrecía a los enfermos y moribundos inspiradores sermones y temas de meditación por lo que muchos de ellos desarrollaron la sabiduría, alcanzaron poderes y lograron el estado de Arahant. Así es como el Venerable Sāriputta ayudaba con el Dhamma a los demás. Siendo un gran líder y un destacado consejero espiritual, no sólo ofrecía a sus discípulos consejos e instrucciones para el logro del acceso a la corriente, sino que también mostró un interés cálido y compasivo por otras personas, lo cual debió ser un gran estímulo para los que se hallaban bajo su guía. Dispensando, tanto los bienes físicos como los espirituales, a los bhikkhus a su cargo, conteniéndoles con admoniciones bondadosas y estimulándoles con las alabanzas que merecían sus esfuerzos, Sāriputta combinó las cualidades de un maestro perfecto con las de un amigo perfecto. Estaba dispuesto a ayudar por todos los medios, tanto en pequeñas cosas como en las grandes. Sāriputta era de una rica mezcla de exaltación espiritual y de las cualidades más hermosas y atractivas de un ser humano.

Un corazón sin resentimiento

Se dice que Sāriputta era de una humildad tan grande como su paciencia, a la vez que mostraba una tolerancia infinita. Siempre estaba dispuesto a recibir correcciones de cualquiera, y no sólo con sumisión, sino también con gratitud. Se dice en el comentario al Sutta Susima (SN 2:29) que en cierta ocasión, a causa de una negligencia momentánea, el hábito inferior de Sāriputta pendía incorrectamente de un lado y un  novicio de siete años, que se había percatado de ello, se lo señaló. Sāriputta se detuvo de inmediato, ajustó la prenda como convenía y después, juntando las manos delante del novicio, le dijo: "¡Ahora está bien, maestro!"

El Milindapañha hace referencia a este incidente citando los versos siguientes que se atribuyen a Sāriputta:

Si el que hoy ha renunciado,
a los siete años de edad,                          
ha de enseñarme, lo acepto con la cabeza inclinada;
a la vista de tal persona, muestro celo y respeto;
que yo le asigne siempre el lugar del maestro.

Ante las reiteradas muestras de paciencia y de tolerancia del Venerable Sāriputta frente a las provocaciones y difamaciones de otros bhikkhus y brahmanes que le adversaban, el Buddha comentó: "Bhikkhus, es imposible que Sāriputta y sus semejantes aprecien el enfado o el odio. La mente de Sāriputta es como la gran tierra, firme como un pilar, como una balsa en aguas serenas". Y a continuación recitó la siguiente estrofa:

Sin rencor alguno, como la tierra,
firme como un pilar.
Equilibrado y fuerte en los votos,   
mente sin impurezas como una balsa;

para tal persona el ciclo de nacimientos ha dejado de existir.  

Amigos y familiares

Sāriputta era un verdadero amigo en el sentido más completo de la palabra. Comprendía bien cómo hacer surgir lo mejor de los demás, y al hacer esto, no dudaba en hablar a veces con franqueza y en tono crítico, como el amigo ideal descrito por el Buddha, que señala las faltas de su amigo. Sāriputta debió ser una compañía estimulante, pues eran muchos los que la solicitaban. Gentes de muy diversos temperamentos se sentían atraídas por su persona y su conversación. Parece ser que el propio Buddha gustaba de conversar con Sāriputta, pues lo hacía a menudo, y muchos de sus discursos iban dirigidos a su “Maestro de Ceremonias del Dhamma”.

Así eran las cualidades personales del Venerable Sāriputta. Su gratitud, bondad, asistencia a los demás, paciencia, etc., ganaron para él grandes y profundas amistades que perduraron a lo largo de toda su vida de bhikkhu.

El que gira la Rueda del Dhamma

Los discursos del Venerable Sāriputta y los libros que se le atribuyen forman un cuerpo exhaustivo de enseñanza, que por su alcance y variedad de exposición, es digno de equipararse al del propio Maestro. Sāriputta comprendía, como ningún otro discípulo, el modo de organizar y de presentar lúcidamente el rico material del Dhamma, de forma que resultara intelectualmente estimulante y sirviera también como inspiración para el esfuerzo práctico. En la tradición theravada, no sólo se considera a Sāriputta como el progenitor de muchos Suttas de importancia fundamental, sino también como la inspiración original que subyace en tres estados exegéticos substanciales y como el responsable de la codificación final del Abhidhamma con el fin de que resultara más fácil aprender, recordar, estudiar y enseñar.  

En cuanto a la maestría en el Dhamma del Venerable Sāriputta y a su destreza en la exposición del mismo, dijo el Buddha (SN 12:32):

“La esencia del Dhamma ha sido tan bien comprendida por Sāriputta, oh bhikkhus, que si le cuestionara acerca de ella con distintas palabras y frases durante un día, Sāriputta respondería con diversas palabras y frases durante un día; y si le preguntara sobre ella durante una noche, o por un día y una noche, o por dos días con sus noches, incluso hasta siete días con sus siete noches, Sāriputta expondría la materia con diversas palabras y frases durante el mismo período de tiempo”.

Esta magnífica reputación de Sāriputta vive todavía en nuestros días sustentada por las preciadas enseñanzas del gran discípulo, que se guardan y preservan como reliquias en algunos de los libros más antiguos del buddhismo, junto con las palabras de su Maestro.

La última deuda saldada

Llegamos ahora al año del Parinibbāna del maestro, su marcha definitiva.

Después de haber percibido que su energía vital no le sostendría por más de una semana, se presentó al Buddha, le saludó y dijo: "Oh Señor, que el Bienaventurado lo permita, que el Exaltado lo consienta: ha llegado el momento de alcanzar mi Nibbāna final. He agotado mi energía vital".

Inmediatamente después de que el Maestro le diera su permiso y de que Sāriputta se alzara tras rendir homenaje a sus pies, la gran tierra bramó, y con un sólo e inmenso temblor, se estremeció hasta el confín de los mares. Mientras rendía homenaje pensaba: “En el pasado me postré a los pies del Buddha Anomadassi y generé la aspiración de verte. Ahora, tras un período incalculable y cien mil eones, mi aspiración se ha hecho realidad y te he visto. En nuestro primer encuentro, contemplé tu rostro por primera vez; ésta es la última y no habrá otra en el futuro”. Tras pronunciar tales palabras, juntó las manos en signo de despedida y se marchó, andando hacia atrás, hasta que perdió de vista al Bienaventurado.

Sāriputta, entonces, se dirigió a los bhikkhus y demás ciudadanos que le seguían entre lamentos y sollozos, diciendo: “Éste es un camino que nadie puede evitar. ¡Prestad atención amigos! Tal es, en verdad, la naturaleza de todas las cosas formadas y condicionadas”.

Después de esto, Sāriputta,  junto con un grupo de bhikkhus, se dirigió al pueblo de Nalaka, lugar donde nació. Luego se dirigió a la casa de su madre; una vez allí, el anciano Sāriputta entró en la habitación donde ella le dio a luz, luego cayó presa de una grave y dolorosa enfermedad.

Su madre, una brahmán incondicional y hostil a las enseñanzas del Budhha y sus seguidores, se percató de las virtudes de su hijo, lo que hizo que el éxtasis y el júbilo inundaran todo su ser. Al percatarse de ello, Sāriputta pensó que era el momento de enseñarle el Dhamma, y tras impartirle a su madre una exposición del Dhamma basada en las virtudes del Buddha, la mujer brahmán, madre de siete Arahants, pero sin fe en el Buddha, quedó firmemente establecida en el fruto del acceso a la corriente. Luego el anciano pensó: “Ahora he saldado la deuda que tenía con mi madre, la mujer brahmán Rūpasāri, por efectuar la tarea de cuidar de mí. Esto debería ser suficiente”. Y la despidió con las siguientes palabras: “Ahora puedes marcharte, upasika (devota laica)”.

Posteriormente, el anciano se envolvió en su hábito largo, cubriendo su rostro, y se acostó sobre su costado derecho. En ese momento Sāriputta abandonó definitivamente su cuerpo para entrar en el Nibbāna final.

Así termina la vida del joven Upatissa, el ser que se convirtió en el discípulo principal del Bienaventurado, el querido Maestro de Ceremonias del Dhamma.

Que maravillosa la vida de este Maestro el Venerable Sarputta, es muy inspirador.

Dejo un link para bajar el mismo texto en formato mp3:

http://www.megaupload.com/?d=RXBTPLFQ

Maravillosa esta página, a pesar de que no soy budista, encuentro aqui mucha información útil y motivadora para el mejoramiento personal, que es el primer paso en el camino para hallar la felicidad verdadera. Les agradezco por ello.