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II - La Existencia de un Refugio


By devangelos - Posted on 30 December 2007

Reconocer que la situación humana requiere de la búsqueda de un refugio, es una condición necesaria, aunque no suficiente, si antes no estamos convencidos de que existe un refugio real y verdadero. Antes de la posibilidad de discernir sobre la existencia de un refugio, parece imprescindible determinar, desde nuestro punto de vista y de manera exacta, lo que significa un refugio.

El diccionario define "refugio", como un abrigo o protección de los peligros y la aflicción; una persona o lugar que proporciona protección; recurso utilizado para obtener protección. Esta definición coincide con la que ofrece en pali el término "saraṇa", significando "refugio" que ha sido expuesta en los Comentarios Pali. Los Comentarios glosan el término "saraṇa" con otro, "hiṃsati" que significa aplastar o abatir. Además, explican que "Cuando la gente decide ir hacia el refugio, es éste mismo ir hacia el refugio el que aplasta, disipa, remueve y elimina sus miedos, angustias y sufrimientos; evitando así las impurezas y el peligro de un renacimiento infeliz".1

Este planteamiento sugiere que por la importancia en sí mismo, un refugio habrá de constar de dos cualidades esenciales: una primera, sustentada sobre la base de que un refugio debe estar más allá de todo peligro y aflicción, ya que una persona o cosa - refugio - expuesta a los peligros no es segura de sí misma y, por tanto, no puede proporcionar seguridad y protección a otras. Solamente cuando está más allá del miedo y los peligros se puede tener confianza en esta protección.

La segunda cualidad supone que el refugio debe estar al alcance de todos nosotros. Una situación más allá del miedo y los peligros, pero inaccesible, es irrelevante para nosotros y, por tanto, no puede funcionar como un refugio. Para que algo sirva como refugio, debe estar disponible y ser capaz de ofrecer protección contra los peligros.

Después de exponer las determinaciones abstractas sobre las características de un refugio, volvemos a la pregunta concreta. ¿Existe un refugio capaz de dar protección para los tres tipos de peligros anteriormente delineados y referidos a la ansiedad, frustración, penas y aflicciones de la vida presente; del riesgo de un destino desdichado después de la muerte y de un continuo errar en el ciclo?

La tarea de trabajar para lograr una respuesta a esta pregunta ha de emprenderse con suma cautela. De entrada, es necesario reconocer que no es posible arribar a una respuesta objetivamente verificable y públicamente demostrable. La existencia y particularidades de un refugio no pueden ser comprobados lógicamente como una alternativa irrefutable. Lo más que puede lograrse es la defensa profunda de nuestra convicción sobre la existencia de personas u objetos que poseen las cualidades de un refugio. El resto dependerá de la fe y la esperanza nacidas de la confianza, al menos hasta que esta convicción inicial sea transformada en conocimiento a través de la experiencia directa. Pero aún entonces, la verificación permanece interna y personal, como un asunto de aprehensión subjetiva, más que como una prueba lógica o de posible demostración objetiva.

Desde la perspectiva buddhista, existen tres refugios que en forma conjunta ofrecen protección completa para los peligros y aflicciones que nos aquejan: El Buddha, el Dhamma y el Sangha. Su interrelación conforma un sólo refugio que se divide en tres estadios, dependiendo de las características y funciones de cada uno y, la diferencia entre ellos se torna más clara, si consideramos el orden en que los tres se presentan.

El Buddha aparece primero porque representa a una persona y, partiendo del hecho de que nosotros somos personas, tendemos a considerar a otra como guía, inspiración y dirección; ya que cuando se trata de obtener la liberación final, lo que necesitamos en primer lugar, es a una persona que haya alcanzado la completa liberación de peligros y pueda así, conducirnos hacia el mismo estado de salvación y seguridad. Este es el Buddha, el Iluminado, la persona que descubre, alcanza y proclama la existencia del refugio, el que encabeza la tríada del refugio.

En segundo lugar, necesitamos un refugio para lograr avanzar en el camino hacia el refugio mediato, aquel estado más allá de miedos y peligros. Por tanto, necesitamos un camino que conduzca a esa meta y también un conjunto de preceptos e instrucciones que no guíen a lo largo del sendero, Esto constituye el Dhamma, que, como veremos más adelante, tiene estas tres connotaciones.

En tercer lugar, necesitamos de las personas que comenzaron como nosotros, con problemas y aflicciones y que a través de seguir el sendero mostrado por el Buddha, han ido alcanzando un estado de seguridad, alejándose de los temores y calamidades. Ésta es el Sangha, que agrupa a la comunidad de personas espirituales que han penetrado en el sendero y que juntas ahora, podrán mostrar el camino hacia el refugio.

En esa tríada llamada la Triple Joya - el Buddha, el Dhamma y el Sangha -, cada miembro trabaja en armonía con los otros dos, con el fin de lograr que el proceso de liberación resulte más provechoso y efectivo.

El Buddha es el que sugiere y señala el refugio, pero no es un salvador que puede otorgar la salvación por medio de la acción de su persona. Salvación o liberación, dependen de nosotros mismos, de nuestro esfuerzo y dedicación en la práctica de las enseñanzas. El Buddha es fundamentalmente el maestro que nos señala el sendero que habremos de caminar con nuestra propia energía e inteligencia. El Dhamma constituye el refugio real y verdadero y, como meta de las enseñanzas, es el estado de seguridad libre de peligros; como camino, los medios para arribar a esa meta; como enseñanza oral, el cuerpo de instrucciones que describe la forma de practicar el camino.

Para lograr un uso más efectivo de los medios a nuestra disposición, se requiere de la ayuda de otras personas que estén familiarizadas con el sendero. Así, el Sangha es la comunidad de amigos espirituales que conocen el camino y que nos brindan apoyo para ir hacia el refugio, pero a través de nuestra propia experiencia.

Esta tríada de refugios puede ser comprendida con la ayuda de una simple analogía. Si estamos enfermos y deseamos curarnos, requerimos de un médico que diagnostique nuestra enfermedad y prescriba el remedio. Es decir, por un lado necesitamos la asistencia adecuada a nuestra enfermedad y por otro, la medicina para curarla. El médico y su asistencia por sí mismos no pueden curarnos; lo más que pueden hacer por nosotros, es prescribir la medicina correcta y exhortarnos, en la medida de lo posible, a que la tomemos. Esa medicina constituye el remedio real y verdadero para restablecer nuestra salud.

De manera similar, cuando enfermamos de sufrimiento y ansiedad, confiamos en el Buddha como el médico que puede descubrir la causa de nuestra enfermedad y mostrarnos el camino a seguir para sentirnos bien;  confiamos en el Dhamma, como la medicina que cura nuestras aflicciones y, confiamos en el Sangha, como la asistencia que nos estimula a tomar la medicina. Para restablecernos, habremos de tomar la medicina, ya que no podemos sentarnos a esperar que el doctor nos cure por sí mismo.

De la misma forma, para lograr liberarnos del sufrimiento debemos practicar el Dhamma, pues constituye el refugio real y verdadero que nos conduce al estado de liberación.


1 Khuddakapāṭha-Aṭṭhakathā: "Saraṇāgatānam ten'eva saraṇagamanena ghayaṃ santasaṃ dukkhaṃ duggatiṃ parikkilesaṃ hiṃsati vidhamati nīharati nirodheti."