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II - Los Cinco Preceptos


By devangelos - Posted on 30 December 2007

1 - El Primer Precepto: Abstenerse de privar de la vida

En pali, el primero de los cinco preceptos se lee: "Pāṇātipātā veramaṇī sikkhāpadaṃ samādiyāmi;" "yo tomo el precepto de la abstención de matar seres vivientes." Aquí la palabra "pāṇa," que significa aquello que respira, denota a cualquier ser viviente con respiración y conciencia. Incluye animales e insectos tanto como a personas, pero no incluye plantas ya que éstas tienen únicamente vida pero no respiración o conciencia. La palabra "ser viviente" es un término estrictamente convencional, es decir, de uso común, cuyo significado filosófico está relacionado con la facultad vital (jīvitindriya). La palabra "atipāta" significa literalmente "derribar," es decir, matar o destruir. Por tanto el precepto manda abstenerse (veramaṇī) de destruir la vida. Aunque la formulación del precepto prohibe destruir la vida de los seres vivos, el propósito subyacente también implica la prohibición de herir, lisiar y torturar.

Los Comentarios Buddhistas en pali definen el acto de destruir la vida de la siguiente manera: "El quitar la vida es la volición de matar expresada a través de las puertas ya sea del cuerpo o del lenguaje, ocasionando la acción que resulta en cortar la facultad vital a un ser viviente, cuando haya un ser viviente presente y (el perpetrador del acto) lo perciba como un ser viviente" (Khuddakapāṭha Aṭṭhakathā -Khp. A. -, p. 26).

El primer punto importante a notar en esta definición es que el acto de privar de la vida es definido como una volición (cetanā). La volición es el factor mental responsable de la acción (kamma); tiene la función de estimular el aparato mental completo para el propósito de consumar un acto particular, en este caso, privar de la facultad vital a un ser viviente. La identificación de la transgresión con volición implica que la responsabilidad última para el acto de matar subyace en la mente, ya que la volición que realiza el acto es un factor mental. El cuerpo y el lenguaje funcionan meramente como puertas para esa volición, como canales a través de los cuales la volición de privar de la vida consigue expresarse. Matar es clasificado como un acto corporal ya que generalmente ocurre vía el cuerpo, pero la que realmente ejecuta el acto de matar es la mente usando al cuerpo como el instrumento para consumar su acto.

Un segundo punto importante a notar es que matar no necesita ocurrir directamente a través del cuerpo. La volición para privar de la vida también puede expresarse a través de la puerta del lenguaje. Esto significa que la orden de privar de la vida, dada a otros por vía de palabra, escritos o gestos, es también considerada un acto de matar. Alguien que emite tal orden se convierte en responsable de la acción tan pronto como ésta logre su intención de privar de la vida a algún ser.

Un acto completo de matar constituye una total violación del precepto e involucra cinco factores: 1) a un ser viviente; 2) la percepción del ser viviente como tal; 3) el pensamiento o volición de matar; 4) el esfuerzo apropiado para hacerlo y 5) la muerte real del ser como resultado de la acción. El segundo factor asegura que la responsabilidad de matar es incurrida solamente cuando el perpetrador del acto es consciente de que el objeto de su acción es un ser viviente. Así, si pisamos un insecto que no vemos, el precepto no ha sido roto porque falta la percepción o conciencia de que es un ser viviente. El tercer factor asegura que privar de la vida es un acto intencional. Sin el factor de la volición no hay transgresión, como cuando matamos a una mosca sólo por el intento de apartarla con nuestras manos. El cuarto factor sostiene que la acción debe ser dirigida a privar de la vida. El quinto se refiere a que el ser muera como resultado de la acción de privar de la vida. Si la facultad de vivir no es cortada, no se incurre en una violación total del precepto, aunque por perjudicar o herir a seres vivientes, de cualquier manera, su propósito sea violado.

El acto de privar de la vida se distingue en diferentes tipos según la motivación que subyace al ejecutarlo. Un criterio para determinar la motivación es la impureza que sea principalmente responsable de la acción. Los actos de matar pueden originarse en las tres raíces insanas en conjunto - avidez, odio e ignorancia. Como causa inmediata concomitante al acto de matar, el odio junto con la ignorancia funciona como la raíz, puesto que la fuerza que conduce al acto es el impulso de destruir la vida de la criatura, una forma de odio. Cualquiera de las tres raíces insanas, de cualquier forma, puede servir como la causa impulsora o apoyo decisivo (upanissaya paccaya) para el acto, operando sobre algunos períodos de tiempo. Aunque la avidez y el odio son siempre mutuamente excluyentes en un sólo momento, los dos pueden trabajar juntos en momentos diferentes por un período amplio para ocasionar el privar de la vida. El acto de matar motivado principalmente por la avidez es visto en tales casos como matar para obtener beneficios materiales o estatus alto, para eliminar las amenazas a nuestra comodidad y seguridad u obtener el gozo como en los casos de la caza o pesca por deporte. El acto de matar motivado por el odio es evidente en casos de asesinato donde el motivo es la fuerte aversión, la crueldad o los celos. El acto de matar motivado por la ignorancia puede ser visto en el caso de aquellos que practican sacrificios animales en la creencia de que es espiritualmente sano o quienes matan a los seguidores de otras religiones con la idea que hacerlo es un deber religioso.

Los actos de privar de la vida son diferenciados de acuerdo con el grado de gravedad moral. No todos los casos de matar son igualmente culpables. Todos son insanos, rompen el precepto, pero los textos buddhistas hacen una distinción en el peso moral atribuido a las diferentes clases de matar.

La primera distinción dada es entre la de matar seres con cualidades morales (guṇa) y matar seres sin cualidades morales. Para fines prácticos, los primeros son los seres humanos, los segundos los animales, y se sostiene que matar a un igual humano es un asunto más serio éticamente que matar a un animal. Entonces con cada categoría, otras distinciones son esbozadas. En el caso de animales, se dice que el grado de gravedad moral es proporcional al animal, matar a un ser animal grande es más censurable que matar a uno pequeño. Otros factores relevantes para determinar el peso moral son si el animal tiene propietario o no, si es doméstico o salvaje y si tiene temperamento manso o violento. La gravedad moral sería mayor en las tres primeras alternativas y menor en las tres segundas. En el caso de matar seres humanos, el grado de culpa moral depende de las cualidades personales de la víctima. Matar a una persona de estatura espiritual superior o a benefactores personales es más censurable que matar a una persona de menor desarrollo espiritual o a alguien no relacionado con el victimario. Los tres casos de matar considerados como los de mayor culpa son el matricidio, el parricidio y el asesinato de un arahant, un santo completamente purificado.

Otro factor determinante del peso moral es la motivación del acto. Esto conduce a una distinción entre asesinato premeditado y el matar impulsivo. El primero es asesinato a sangre fría, intencional y planeado de antemano, guiado sea por una fuerte avidez o un fuerte odio. El último es el acto de matar que no está planeado de antemano como cuando una persona mata a otra en un ataque de furia o en defensa propia. Generalmente, el asesinato premeditado es considerado como una transgresión más grave que el matar impulsivo y, la motivación del odio como más culpable que la motivación de la avidez. La presencia de la crueldad y el obtener placer sádico del acto incrementa más su peso moral.

Otros factores determinantes de la gravedad moral son la fuerza de las impurezas que acompañan al acto y la cantidad de esfuerzo aplicado para su perpetración, pero las limitaciones de espacio impiden una discusión completa de sus roles.

2 - El Segundo Precepto: Abstenerse de tomar lo que no ha sido dado

El segundo precepto dice: "Adinnādānā veramaṇī sikkhāpadaṃ samādiyāmi" "Yo tomo el precepto de la abstención de tomar lo que no es dado." La palabra "adinna" significa literalmente "lo que no es dado" y se refiere a las pertenencias de otra persona, sobre las cuales ejerce propiedad legal e irreprochablemente (adaṇḍaraho anupavajjo). Así ninguna ofensa es cometida si el artículo tomado no tiene propietario. Por ejemplo, cuando los leños son tomados para hacer fuego o las piedras recogidas para construir una pared. Además la otra persona tiene que tener posesión legal e irreprochable del artículo tomado, esto es, él tiene que poseer el derecho legal sobre el artículo y también tiene que ser irreprochable en su uso. Esta última frase aparentemente se torna aplicable en los casos en que una persona gana posesión legal de un artículo pero lo hace de manera incorrecta o lo usa para propósitos no éticos. En tales casos hay bases legítimamente fundadas para privarlo del artículo, como cuando la ley requiere a alguien que comete un delito menor haciéndolo pagar una multa o priva a una persona de algún arma de su legítima propiedad pero que está usando para propósitos destructivos.


El acto de tomar lo que no es dado es formalmente definido así: "Tomar lo que no es dado es la volición con intención de robo que origina la actividad de apropiarse de un artículo que pertenece legal e irreprochablemente a otro, por parte de alguien que lo percibe como perteneciente a otro" (Khp. S. p.26). Como en el caso del primer precepto la transgresión aquí consiste fundamentalmente en una volición. Esta volición puede cometer el acto de robar, originando la acción a través del cuerpo o el lenguaje. Así se incurre en una transgresión si se toma algo directamente por uno mismo o también indirectamente, ordenando a alguien que se apropie del artículo deseado. El propósito fundamental del precepto es proteger la propiedad de los individuos de la confiscación injustificada de otros. Su efecto ético es alentar la honestidad y la recta forma de vivir.

De acuerdo con los Comentarios, para que se cometa una ruptura completa del precepto deben presentarse como factores; 1) un artículo que pertenezca legalmente e irreprochablemente a otro; 2) la percepción del artículo como pertenencia de otro; 3) el pensamiento o intención de robo; 4) la actividad de tomar el artículo; y 5) la apropiación real del artículo. Por la razón del segundo factor, no hay violación por tomar el artículo de otro si nosotros equivocadamente lo percibimos como nuestro. Así como cuando confundimos sacos, sombrillas y otros artículos por ser exactamente iguales. El tercer factor nuevamente promueve una salvaguarda contra la apropiación accidental, mientras el quinto afirma que para caer en la clase de una transgresión, la acción debe privar al propietario de su artículo. No es necesario que él esté consciente de que su posesión está perdida, solamente que es removida de la esfera de su control, aunque sea sólo momentáneamente. Tomar lo que no es dado puede ser dividido en muchas clases diferentes de violación. Podemos mencionar algunas de las más importantes. Una es el "robo," que es tomar secretamente lo que no es dado sin consentimiento del propietario, como el robo a una casa, el robo de un banco a media noche, el carterismo, etc. Otro tipo es el "asalto," tomar por la fuerza lo que no es dado sea por arrebatar las pertenencias a alguien u obligarlo a entregarlas por vía de las amenazas. Un tercer tipo es el "fraude," apoyado en afirmaciones falsas o diciendo mentiras para ganar las posesiones de otro. Todavía otro es el "engaño," usando formas engañosas para privar a alguien de un artículo o ganar su dinero, como cuando los tenderos usan pesas y medidas falsas o cuando la gente produce billetes falsos para usarlos.

La violación de este precepto no necesariamente debe significar un crimen mayor. Este precepto es sutil y ofrece muchas oportunidades para su ruptura, alguna de ellas aparentemente insignificantes. Por ejemplo, será incurrir en la transgresión cuando empleados tomen bienes que pertenezcan a sus empleadores embolsándose pequeños artículos a los cuales no tienen derecho con el pensamiento de que la compañía no se percatará; cuando usamos el teléfono de otro para hacer llamadas de larga distancia, llamar sin su consentimiento, dejándolo que cubra la cuenta; introduciendo artículos a un país sin declararlos en la aduana para evitar pagar los derechos sobre ellos; en haraganear durante el tiempo de trabajo por el cual está siendo pagado aparentando que lo ha estado haciendo diligentemente; en hacer que los empleados trabajen sin darles la compensación adecuada, etc.

Por sus raíces subyacentes, el acto de tomar lo que no es dado puede provenir de la avidez o el odio, estando ambos asociados con la ignorancia. Robar por razones de avidez es el caso obvio pero la ofensa también puede ser impulsada por el odio. El odio funciona como el motivo para robar cuando una persona priva a otra de un artículo, no tanto porque lo desea para él, sino porque resiente que otro lo posea y quiere hacerlo sufrir a través de una pérdida.

El grado de culpa que se adjudica a los actos de robar está determinado por dos principales factores: el valor del artículo tomado y las cualidades morales del propietario. Robar un artículo de mucho valor tiene un grado de culpa obviamente mayor que robar un artículo de poco valor. Pero si el valor del artículo es el mismo, la culpabilidad de la acción todavía varía en relación al individuo contra quien ha sido cometida la ofensa. Determinado por este factor, robar a una persona de cualidades virtuosas altas o a un benefactor personal es una transgresión más seria que robar a una persona de cualidades menores o a una persona sin relación alguna. Este factor, de hecho puede todavía ser más importante que el valor económico del objeto. Así, si alguien roba un cuenco a un monje mientras medita, quien lo necesita para recolectar su comida, el peso moral del acto es más fuerte que el que encierra robarle a un extorsionista muchos miles de dólares por las características de la persona afectada por el acto. La motivación subyacente a la acción y la fuerza de las impurezas son también determinantes del grado de gravedad moral, siendo el odio considerado más culpable que la avidez.

3 - El Tercer Precepto: Abstenerse de conductas inadecuadas en relación a los placeres sensuales

El tercer precepto afirma: "Kāmesu micchācārā veramaṇī sikkhāpadaṃ samādiyāmi;" "yo tomo el precepto de abstenerme de malas conductas en relación a placeres sensuales." La palabra "kāmesu" tiene el significado general de placer sensual o deseo sensual pero los Comentarios lo explican como relaciones sexuales (methunasamācāra), una interpretación soportada por los suttas. "Micchācāra" significa "formas erróneas de conducta." Entonces el precepto manda abstenerse de relaciones sexuales impropias o ilícitas.

La conducta errónea con respecto a placeres sensuales está formalmente definida como "la volición con intención sexual, ocurrida a través de la puerta del cuerpo, causando transgresión con una pareja ilícita" (Majjima Nikāya Aṭṭhakathā, Vol. I, p. 202 Ed. Birmana). La pregunta fundamental que se desprende de esta definición es: ¿Quién es calificado como una pareja ilícita? Para los hombres, el texto enlista veinte tipos de mujeres que son parejas ilícitas. Estas pueden ser agrupadas en tres categorías: 1) una mujer que está bajo la protección de personas mayores u otras autoridades encargadas de su cuidado. Por ejemplo, una muchacha que es cuidada por sus padres, por su hermano o hermana mayor, por otros parientes o por la familia completa; 2) una mujer prohibida por convención, es decir, parientes cercanas prohibidas por la tradición familiar, monjas y otras mujeres bajo promesa de observar el celibato como disciplina espiritual y aquellas prohibidas como parejas bajo la ley del lugar; 3) una mujer que está casada o comprometida con otro hombre, aún cuando el lazo que la una a otro hombre solamente sea por acuerdo temporal. En el caso de mujeres casadas, cualquier otro hombre que no sea su esposo es una pareja ilícita. Para todas las mujeres, un hombre prohibido por tradición o bajo reglas religiosas es prohibido como pareja. Para ambos, hombres y mujeres, cualquier unión violenta, forzada o coercitiva, sea por fuerza física o presión psicológica, puede ser considerada como una transgresión del precepto, aún cuando la pareja no sea incluso ilícita. Pero un hombre o una mujer siendo viudos o divorciados pueden volver a casarse libremente si así lo eligen.

Los textos mencionan cuatro factores que deben presentarse para que se incurra en una ruptura del precepto: 1) una pareja ilícita, como se definió anteriormente; 2) el pensamiento o volición de unirse sexualmente con esa persona; 3) el acto de unirse; y 4) la aceptación de la unión. Este último factor es añadido con el propósito de excluir de la violación del precepto a aquellas personas que son involuntariamente forzadas a relaciones sexuales impropias.

El grado de gravedad moral involucrado en la ofensa está determinado por la fuerza del deseo sexual que motive la acción y las cualidades de la persona contra quien se comete la transgresión. Si la transgresión involucra a alguien de altas cualidades espirituales, el deseo sexual es fuerte y la fuerza es usada, la culpa es más pesada que cuando la pareja tiene cualidades menos desarrolladas, el deseo sexual es débil y no es usada la fuerza. Las más serias violaciones son el incesto y la violación de un arahant (o arahantesa). La raíz subyacente es siempre la avidez acompañada con la ignorancia.

4 - El Cuarto Precepto: Abstenerse de Lenguaje Falso

El cuarto precepto afirma: "Musāvādā veramaṇī sikkhāpadaṃ samādiyāmi;" "yo tomo el precepto de abstenerme de lenguaje falso." El lenguaje falso es definido como "la volición errónea con intención de engañar que ocurre a través de la puerta, sea del cuerpo o del lenguaje, originando esfuerzo corporal o verbal para engañar a otro" (Khp. A. p. 26). La transgresión debe ser entendida como intencional. El precepto no es violado meramente por hablar algo que es falso, sino por hablar algo que es falso con la intención de representarlo como verdadero; así que es equivalente a decir mentiras o a engañar. La volición se dice que origina la acción corporal o verbal. El uso del lenguaje para engañar es obvio, pero el cuerpo también puede ser usado como un instrumento de comunicación - como la escritura, el lenguaje con señas y los gestos - y así puede ser usado para engañar a otros.

Cuatro factores intervienen en la ofensa del lenguaje falso: 1) un estado falso de cualquier situación; 2) la intención de engañar a otro; 3) el esfuerzo para expresar eso, sea verbal o corporalmente; 4) la comunicación de una impresión falsa a otro. Debido a que la intención es requerida, si alguien habla falsamente sin ánimo de engañar a otro, como cuando alguien habla algo falso creyendo que es verdad, no hay ruptura del precepto. El engaño real, sin embargo, no es necesario para que el precepto sea roto. Es suficiente si la falsa impresión es comunicada a otro. Aún si el otro no cree esta falsa declaración, pero si uno expresa lo que es falso y el otro comprende lo que ha sido dicho, la transgresión de hablar falsamente ha sido cometida.

La motivación para el falso lenguaje puede ser cualquiera de las tres raíces insanas. Estas generan tres principales clases de mentiras: 1) falso lenguaje motivado por la avidez, con la intención de incrementar el beneficio de uno o promover su estatus o el de aquellos que estima; 2) falso lenguaje motivado por el odio, con la intención de destruir el bienestar de otros o traerles daño o sufrimiento; 3) falso lenguaje, de una clase menor sería motivado principalmente por la ignorancia en asociación con grados menos nocivos de avidez u odio y sin intención de allegarse beneficios especiales o dañar a otros. Algunos ejemplos al respecto serían: mentir por bromear, exagerar un acontecimiento para hacerlo más interesante, decir halagos para gratificar a otros. etc.

Los principales determinantes de la gravedad de la transgresión son el receptor de la mentira, el objeto de la mentira y la motivación de la mentira. El receptor es la persona a quien es dicha la mentira. El peso moral del acto es proporcional al carácter de esta persona, la culpa más grande corresponde a las mentiras dichas a benefactores de uno o a personas espiritualmente desarrolladas. El peso moral nuevamente varía de acuerdo al objeto de la mentira, la persona a la que afecta la mentira, siendo proporcional a sus cualidades espirituales y su relación con uno, en la misma forma que como el receptor. En tercer lugar, la gravedad de la mentira depende de su motivación, los casos más serios son aquellos que con intención maliciosa son dirigidos a destruir el bienestar de otros. Los peores casos de falso lenguaje se sitúan en el sentido de difamar al Buddha, a un arahant y hacer afirmaciones falsas de haber conseguido una realización espiritual superior, con el fin de incrementar el beneficio y estatus propio. En el caso de un bhikkhu esta última ofensa puede conducir a su expulsión del Sangha.

5 - El Quinto Precepto: Abstenerse de Bebidas Intoxicantes y Drogas

El quinto precepto afirma: "Surāmerayamajjapamādaṭṭhānā veramaṇī sikkhāpadaṃ samādiyāmi," "Yo tomo el precepto de abstenerme de intoxicantes fermentados y destilados que conducen a la desatención." La palabra "meraya" significa licores fermentados, "surā" significa licores que han sido destilados para incrementar su fuerza y sabor. La palabra "majja" significando un intoxicante, puede ser relacionada con el resto del pasaje; es decir es calificada por "surameraya" o como es una adición. En el primer caso, la frase completa significa licores fermentados y destilados que sean intoxicantes, en el último, significa licores fermentados y destilados y otros intoxicantes. Si esta segunda lectura es adoptada, el precepto explícitamente incluye drogas intoxicantes usadas no médicamente, tales como los opiáceos, el cáñamo (planta canabácea) y los psicodélicos. Pero aún en la primera lectura, el precepto implícitamente prohíbe estas drogas por su propósito orientador, que es prevenir la desatención causada por el consumo de intoxicantes.

El consumo de intoxicantes es definido como la volición que guía al acto corporal de consumir intoxicantes destilados o fermentados (Khp. A. p.26). Puede ser cometida solamente por la propia persona (no por orden a otras) y solamente ocurre a través de la puerta del cuerpo. Para que el precepto sea violado son requeridos cuatro factores: 1) el intoxicante; 2) la intención de consumirlo; 3) la acción de consumirlo; 4) el consumo real del intoxicante. El factor motivante de la violación es la avidez, asociada a la ignorancia. Ninguna gradación del peso moral es dado. Ninguna ruptura del precepto es cometida por tomar medicinas que contengan alcohol o drogas intoxicantes por razones médicas. Tampoco hay violación por tomar comidas que contengan una cantidad insignificante de alcohol como saborizante.

Este quinto precepto difiere de los cuatro que lo preceden porque los otros directamente involucran la relación de un hombre con sus semejantes, mientras que este precepto ostensiblemente se ocupa sólo de la relación de una persona con ella misma - su propio cuerpo y mente -. Así, mientras los primeros cuatro preceptos claramente pertenecen a la esfera moral, una pregunta puede surgir sobre si este precepto tiene un carácter realmente ético o solamente sanitario. La respuesta es que es ético por la razón de que lo que una persona hace a su propio cuerpo y mente puede tener un efecto decisivo sobre las relaciones con su prójimo. Consumir intoxicantes puede influir en las formas en las que un hombre interactúa con otros y conducir a la violación de todos los cinco preceptos. Bajo la influencia de intoxicantes, un hombre que puede en otras circunstancias ser reservado, puede perder el control, volverse indolente e involucrarse en matar, robar, cometer adulterio y mentir. El abstenerse de intoxicantes se prohibe sobre la base de que es esencial para la auto-protección del individuo y para establecer el bienestar familiar y social. Así, el precepto previene los infortunios que resultan del uso de intoxicantes, tales como la pérdida de bienes, riñas y crímenes, enfermedad corporal, pérdida de la reputación, conducta vergonzosa, negligencia y locura.

El precepto, debe hacerse hincapié, no prohibe meramente la intoxicación sino el mismo uso de sustancias intoxicantes. Aunque el uso ocasional, en forma aislada, puede no ser inmediatamente perjudicial, hay que recordar las propiedades seductoras y adictivas de los intoxicantes que son bien conocidas. La mayor salvaguarda contra la tentación es evitarlos completamente.