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III-El Dhamma. ¿Es una religión?


By devangelos - Posted on 24 December 2007

Capítulo 3

¿Es una religión?

No es una religión tal y como esta palabra es entendida comúnmente, puesto que no es “un sistema de fe y veneración que debe lealtad a un ser supernatural.”

El Buddhismo no reclama una fe ciega a sus seguidores. Aquí la mera creencia es destronada y sustituida por la confianza basada en el conocimiento que, en Pali, se conoce como Saddha. La confianza que un seguidor tiene en el Buddha es como la de una persona enferma en un famoso médico o la de un estudiante en su profesor. Un Buddhista busca refugio en el Buddha porqué Él descubrió el Camino de la Liberación.

Un Buddhista no se refugia en el Buddha con la esperanza de ser salvado por Su purificación personal. El Buddha no ofrece tal garantía. No está en manos del Buddha limpiar las impurezas de los demás. Nadie puede purificar ni mancillar a otro.

El Buddha, como Maestro, nos instruye pero nosotros mismos somos los responsables directos de nuestra purificación.

Aunque un Buddhista va por refugio al Buddha, no se somete a sumisión. Un Buddhista, al convertirse en seguidor del Buddha, no sacrifica su libertad de pensamiento sino que puede ejercer su propia y libre voluntad y desarrollar su conocimiento hasta el extremo de convertirse él mismo en un Buddha.

El punto inicial del Buddhismo es el entendimiento o comprensión o, en otras palabras, Samma-ditthi. A los buscadores de la Verdad el Buddha dijo:

“No aceptéis nada sólo por que la gente lo dice, pensando que así lo habéis oído desde hace mucho tiempo. No aceptéis nada por mera tradición, pensando que esto se ha transmitido durante muchas generaciones. No aceptéis nada por meros rumores, creyendo lo que dicen los demás sin ninguna investigación. No aceptéis nada solamente porque concuerda con vuestras Escrituras. No aceptéis nada por mera suposición. No aceptéis nada por mera inferencia. No aceptéis nada considerando únicamente las razones. No aceptéis nada porque concuerda con vuestras ideas preconcebidas. No aceptéis nada solamente porque parece razonable, pensando que quien lo ha dicho parece una buena persona y por eso sus palabras deberían ser aceptadas. No aceptéis nada pensando que ese asceta es respetado por vosotros y que, por lo tanto, es correcto aceptar sus palabras.

“Pero cuando sepáis por vosotros mismos: todo esto es inmoral, todo esto es censurable, todo esto es reprobado por los sabios, todo esto, cuando es llevado a cabo, conduce a la pena y el dolor, entonces, en verdad rechazadlo.”

“Cuando sepáis por vosotros mismos: todo esto es ético, todo esto es intachable, todo esto es alabado por los sabios, todo esto, cuando es llevado a cabo, conduce al bienestar y la felicidad. Entonces vivid de acuerdo a ello”.

Estas inspiradoras palabras del Buddha todavía retienen su original fuerza y frescura.

Aunque en el Buddhismo no existe fe ciega, alguien podría argumentar que existe la veneración de imágenes y otros objetos. Los Buddhistas no veneran ninguna imagen esperando favores mundanos ni espirituales pero ofrecen reverencia a lo que las imágenes representan.

Un Buddhista comprensivo, al ofrecer flores e incienso a una imagen, trata de sentir intencionadamente que está ante la presencia del mismo Buddha para, en consecuencia, obtener inspiración de su Noble personalidad e inhalar su ilimitada compasión, tratando de seguir su noble ejemplo.

El árbol Bodhi también es un símbolo de la Iluminación. Estos objetos externos de reverencia no son absolutamente necesarios pero son útiles ya que ayudan a concentrar la atención. Una persona intelectual podría prescindir de ellos al ser capaz de concentrar su atención fácilmente y visualizar al Buddha.

Para nuestro beneficio y movidos por la gratitud pagamos este respeto externo pero lo que el Buddha esperaría de un discípulo no sería la reverencia sino la observancia y práctica de sus Enseñanzas. El Buddha dice: “El que más me venera es quien practica mis enseñanzas”, “El que ve el Dhamma, me ve a mí”.

Respecto a las imágenes, sin embargo, el Conde Kevserling comenta: “No veo nada más grandioso en este mundo que la imagen del Buddha. Es la personificación absoluta de la espiritualidad en el dominio de lo visible.”

Además, debe ser mencionado que en el Buddhismo no hay peticiones ni plegarias de intercesión. Por mucho que recemos al Buddha no seremos salvados. El Buddha no concede favores a quienes le rezan. En lugar de plegarias de petición, la meditación es lo que conduce al auto-control, la purificación y la Iluminación. La meditación no es una ensoñación silenciosa ni un mantener la mente en blanco. Es un esfuerzo activo. Sirve como tónico para el corazón y la mente. El Buddha no sólo habla de la futilidad del ofrecimiento de plegarias sino que desacredita la mentalidad del esclavo. Un buddhista no reza para ser salvado, sino que confía en sí mismo para ganar su libertad.

“Las plegarias toman el carácter de comunicaciones privadas, egoístas negociaciones con Dios. Se buscan objetos de ambiciones mundanas y se infla la idea del “yo”. La meditación, por el contrario, es un cambio interior.” – Sri Radhakrishnan.

En el Buddhismo no hay, como en muchas otras religiones, un Dios Topoderoso a quien obedecer y temer. El Buddha no cree en un monarca cósmico, omnisciente y omnipresente. En el Buddhismo no hay revelaciones divinas ni mensajeros divinos. Un Buddhista es, por lo tanto, no un sirviente de ningún poder superior sobrenatural que controla sus destinos y que arbitrariamente recompensa y castiga. Puesto que los Buddhistas no creen en revelaciones de un ser divino, el Buddhismo no proclama el monopolio de la Verdad y no condena a ninguna otra religión sino que reconoce las infinitas posibilidades latentes en el hombre y enseña a cada persona a ganar liberación del sufrimiento por sus propios esfuerzos independientes de la ayuda divina o sacerdotes mediadores.

El Buddhismo no puede, por lo tanto, ser denominado estrictamente una religión porque no es un sistema de fe y veneración, ni “acto externo por el cual los hombres indican su reconocimiento a la existencia de un Dios o dioses que tienen poder sobre su propio destino y a quien obediencia, servicio y honor son debidos.”

Pero si por religión se entiende “una enseñanza cuya visión de la vida supera lo superficial, una enseñanza que investiga la existencia y no simplemente la observa, una enseñanza que provee a los hombres de una guía de conducta acorde con tal visión interior, una enseñanza que capacita a aquellos que prestan atención a afrontar la vida con fortaleza y la muerte con serenidad” (*) o un sistema para liberarse de los males de la vida, entonces es ciertamente la religión de religiones.

* [Bhikkhu Silacara]