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Nuestra única propiedad


By kanthaka - Posted on 17 April 2008

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Me parece que podemos hacer una clara distinción entre dos clases muy diferentes de conocimiento: el conocimiento de “segunda mano”, que no es más que pura información obtenida a través de lecturas, manifestaciones de otras personas, de lo que hemos oído, de lo que damos por supuesto o, incluso, el que es producto de una elaboración más o menos intelectual; y el conocimiento directo, que toma como fuente la propia experiencia personal. Si fuéramos más honestos, además de hablar muchísimo menos (algún día me gustaría tratar el asunto del “noble silencio”, uno de los tópicos más bellos del buddhismo) deberíamos tratar casi exclusivamente de aquellas situaciones que hemos vivido en primera persona, que conocemos por nosotros mismos, de “primera mano”… En mi niñez viví en una zona rural, recuerdo que los campesinos eran gentes de pocas palabras, pocas pero bien dichas, y cuando hablaban era generalmente sobre cuestiones que ellos conocían muy bien, con las que tenían trato directo: sus tierras, el campo, el ganado, las gentes del pueblo, etc. En contraste con esto, la jerga habitual de nosotros, los actuales urbanitas… Opinamos de todo (de lo que “sabemos” y de lo que “suponemos”)… Hace unos minutos veía, con bastante desgana por cierto, uno de esos programas televisivos en que un grupo de periodistas “opinadores profesionales” hablaba sin cesar de un montón de cuestiones de las que tenían noticia, a su vez, a través de otros programas similares, lecturas de periódicos y demás chismorreos semejantes. Se dice que vivimos en la época de la información, aunque no se insiste lo suficiente en que la mayoría de esa información es de pésima o dudosa calidad. Esa relativa repulsión hacia ese “fast food” informativo, cuya expresión más emblemática es quizás el Google, me reconduce hacia ese campo sano de la propia experiencia y al hilo del discurso con que quiero hilvanar este artículo, y perdona, amigo/a lector/a, que quizás me estoy liando demasiado con este preámbulo.

Centrando el tema: quiero hablar del kamma, pero solamente quiero hablar de los aspectos de esta cuestión que conozco por experiencia propia. Es sabido que el kamma está muy relacionado con el renacimiento o, si se quiere, en términos más técnicos del Abhidhamma, la “reconexión”. Pero yo no voy a tratar de esos aspectos porque he de confesar que no tengo experiencia personal de esas cuestiones. Se dice que el Buddha recordó, tras su iluminación, todas sus vidas anteriores… Posiblemente ese es uno de los efectos de tan alto estado de conciencia. Un servidor, para desgracia propia, se halla muy lejos de eso. Los completamente iluminados han sido siempre seguramente bastante escasos y más aun en la época actual, en la que, por el contrario, brillan multitud de “alucinados”. Es sorprendente como en los ambientes de esa corte de los milagros que circula por ahí y que se llama a sí misma la “Nueva Era” abundan personajes que, ignorando casi todo acerca de sí mismos, pretenden conocer al dedillo sus anteriores “reencarnaciones”, hablando de ellas con tal desparpajo como si relataran las incidencias de sus pasadas vacaciones estivales… Pero bueno, dejemos a cada uno con lo suyo y volvamos al kamma… Quiero hablar un poco del “kamma inmediatamente efectivo”, como denomina el Abhidhamma al que rinde sus frutos en la vida presente.

A veces se topa uno con algunas afirmaciones que impactan nuestra sensibilidad como un rayo… e inmediatamente nos decimos: “qué gran verdad es esta”. Creo que en esas ocasiones ocurre que contrastamos la información recibida con la propia experiencia e inmediatamente reconocemos su verdad… Y eso nadie nos lo puede rebatir, pues ¿quién puede explicarnos nuestra vida mejor que nosotros mismos? Esta es la afirmación que leí no hace mucho en el curso de Introducción al Abhidhamma y que me causó ese efecto: “El kamma y sus resultados son nuestra única propiedad”. Constaté inmediatamente que eso, para mí, no era una simple afirmación intelectual que requiriese siquiera una explicación, era una evidencia constatada en la experiencia de mi vida… No obstante, trataré de racionalizarla y explicarla un poco: El kamma es la acción volitiva, cuando actuamos somos libres y soberanos…, somos por tanto dueños de esos actos que realizamos, pero… una vez efectuados… ¡Ay!, ya somos totalmente esclavos de sus resultados; sus consecuencias nos acompañarán como nuestra sombra…, son también “nuestras”, al menos hasta que se agotan y extinguen…. Si examinamos nuestras vidas, veremos que es así. Fuera de esas “propiedades” no tenemos realmente nada, todas las cosas en nuestras vidas vienen y se van… De nuestras pretendidas propiedades materiales no somos más que simples usufructuarios temporales, al igual que de nuestra propia vida. Sólo nuestros actos, y sus consecuencias, son NUESTROS.

Esta toma de conciencia nos aleja definitivamente de la “cultura de la queja” en que viven permanentemente instalados muchos de nuestros contemporáneos, que culpan constantemente de sus males a los demás… Esos “demás” pueden ser desde el gobierno de turno hasta sus amigos, familiares, jefes y compañeros de sus trabajos, vecinos, etc… Siempre son “otros” los culpables de sus males. Por el contrario, si sabemos que el kamma y sus consecuencias son nuestra única propiedad, este saber nos reconducirá hacia el camino de la responsabilidad.

Joven brahmán, los seres tienen el kamma como su propiedad, ellos son los herederos de su kamma, ellos tienen el kamma como su progenitor, el kamma es sus familiares, el kamma es su refugio. El kamma es lo que diferencia a los seres en inferiores y superiores”. Majjhima Nikāya, discurso 135.

Con mettā.

Kanthaka

Kamma, ¡que gran verdad!.
Ya sea solo para esta vida, o para todas las vidas imaginables, que gran verdad, la gran ley de la causalidad.
Kanthaka, yo también creo que nuestros pensamientos-motivaciones (con sus respectivas acciones), son la única propiedad que nos acompaña, por, y para siempre.
Como decía Siddharta:
“Aunque no haya recompensa o castigo en próximas vidas...”, nuestras acciones en esta vida, nos llevan sin remedio al punto donde nos encontramos. Hay un dicho que dice, “el tiempo pone a cada uno en su lugar”, pero no es el tiempo, es uno mismo, con las huellas que va dejando.
Yo era de los que siempre les echaba la culpa a los demás. Léase, gobiernos con sistemas políticos de dudosa valía, (aunque, “haberlos haylos”, y mas de los que debiera), a maestros, compañeros, vecinos etc.… De repente un buen día, en ese aspecto me “iluminé”, y lo comprendí, tanto intelectual como empíricamente.

Kanthaka, cuando se publique tu primer libro házmelo saber, pues iré raudo a comprarlo. O igual, ya lo tienes publicado?
Lo que esta claro es que tu forma de escribir es más que correcta, y no deberías dejar pasar la oportunidad, pues tienes dotes más que suficientes.

Seguro que con ello, tus “meritos”, irían in crescendo.
Por cierto, hiciste mención al “cementerio de los libros olvidados”. Siempre tuve curiosidad. ¿Podría existir, ciertamente, un lugar así en Barcelona?.
Quizas tu sepas algo?

Con metta.
SerArahant.

Kanthaka, últimamente, me estoy preguntando, si en verdad existes, o eres una creación del tipo, “red neuronal informática de inteligencia artificial”.
Me lo pregunto, pues no respondes a ningún contertulio.
En fin, espero que existas.