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Padres Buddhistas


By cittagutta - Posted on 04 February 2009

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Ser practicante de las enseñanzas del Buddha ha facilitado inmensamente mi responsabilidad como padre. Recuerdo que la primera vez que fui a un retiro de meditación, una de las personas que llevaba un par de semanas en retiro, al presentarnos, le comenté que era esposo y que tenía una hija pequeña, fue la primera persona en decirme un comentario de compasión por ser padre. Y bueno aunque como dice el Buddha "el que tiene hijos se lamenta por ellos", lo que en verdad lamentaría sería no haber contactado con las enseñanzas del Buddha. Ser papá es muy difícil, ser uno mismo es difícil, pero por experiencia, se que la dificultad, ha sido una condición para que me esfuerce más en mi práctica y en mi estudio, cuando las cosas me fueron más fáciles en el pasado no hice mucho en realidad.

Mi hija se llama Ivanna, tiene tres años y medio y habla muchísimo, desde que comenzó a comer sólidos rechazó siempre la carne, el pescado y el pollo, cuando pudo hablar, nos comunicó que no iba a comer carne por que le gustaban las vacas y los caballos y que el pescado era para los delfines y las ballenas, eso fue hace poco más de un año. Intentamos hasta esconderle y disfrazarle la carne y el pollo pero fallamos, mejor decidimos hacernos todos vegetarianos. Hace poco nos sorprendió a mí y a mi esposa cuando espontáneamente sentada y con los ojos cerrados meditó cerca de media hora murmurando "no te muevas cuerpo", ante nuestros ojos venció al sopor y la somnolencia, se le estremeció el cuerpo y abrió los ojos, su cuerpo completamente vitalizado y su mente clara, hasta pronunciaba mejor las palabras. Y yo que si me moría de sueño dejaba de meditar. Ese día mi hija a sus tres años me dio tal lección de esfuerzo de la que hoy comienzo a ver sus frutos en mi meditación.

Su gusto por escuchar cuentos fue mi primera motivación a empezar  traducir historias del ingles al español y cuentos de la vida del Buddha y otras.  

Con ella practico paciencia, mucha paciencia, contribuye a mi atención en mi lenguaje, no quiero ser una mala condición para que desarrolle lenguaje incorrecto, como palabras rudas o de mala voluntad. Le gusta ir al monasterio en Xalapa y ver al Venerable Nandisena, dice que quiere meditar mucho y ser como Buddha, también quiere ser paleontóloga y veterinaria. Es muy curiosa y siempre hace preguntas, un día me preguntó ¿Por qué nacemos papá? Yo recién acababa de tomar el curso introductorio de Abhidhamma y no pude contarle la mentira de la cigüeña. Igualmente ha seguido haciendo preguntas complicadas, y yo me las hago también, sobre todo respecto a su educación, por ejemplo, yo se que he encontrado y estudiado el Dhamma por mi propia cuenta, ha sido lo correcto para mí, pero qué hay de los hijos, se les debe enseñar el Dhamma desde chiquitos, yo diría que si. Como padres seguimos el consejo del Venerable Nandisena y hacemos énfasis en la moralidad, vivir bajo los cinco preceptos ya es un comienzo ya que somos sus ejemplos a seguir, y también damos importancia a las moradas sublimes (amor benevolente, compasión, regocijo y ecuanimidad), Usamos Jatakas y Suttas como cuentos, para enseñarle lo que está bien y lo que está mal, le hablamos abiertamente de que uno reconecta constantemente de existencia en existencia y en cada una, uno sufre enfermedad, vejez y muerte. Sabe que los animalitos son un renacimiento infortunado y siente gran compasión por ellos. Mucha de su educación es muy diferente a la que tuvimos nosotros sus padres, pero para empezar hablamos con la verdad, aunque sí tratamos de ajustar nuestro lenguaje a su comprensión. A veces nos tacha de aburridos (a sus padres), pero creo que con el tiempo irá entendiendo más y más. Una vez leí que los niños en países no Buddhistas, ya tienen mucha mala influencia dada por las condiciones culturales, por ejemplo los valores, las creencias de la mayoría, la televisión, y ahora me queda claro, la escuela, los maestros y los compañeritos y hasta la demás familia, todos ellos que desconocen y mucho menos practican lo que el Buddha enseñó, por lo tanto es mejor no ser reservado en cuanto al Dhamma con los hijos, ya tiene mucho en contra.

 

Para finalizar quiero compartir una de las historias que traduje del libro "Treasury of Truth" de Ven. Weragoda Sarada Thero. Ahora con la gran labor del Venerable Nandisena de traducir el Dhammapada, me entusiasma mucho conocer las historias detrás de los versos. Otra historia para contarle a mi hija.

Que estén bien, contentos y en paz, con metta Cittagutta

 

La  historia de Kaaliyakkhini (verso 5)

 

Mientras el Buddha residía en Saavatthi, en el monasterio de Jeetavana, El Buddha habló en verso, en referencia a cierta mujer que era infértil.

 

En cierta ocasión vivió un dueño de casa, cuya esposa era infértil. Siendo incapaz de gestar a un niño y temerosa de ser maltratada por su esposo y su suegra, ella arregló que su esposo desposara a otra mujer. Pero en dos ocasiones, tan pronto como se enteró que la segunda esposa estaba embarazada, la esposa infértil le dio comida mezclada con drogas que le causó un aborto. En su tercer  embarazo, la mujer embarazada ocultó su embarazo a la esposa infértil. Pero cuando la segunda se dio cuenta, de nuevo provocó un aborto. Eventualmente la segunda mujer murió dando a luz. Antes de su muerte, la infortunada mujer estaba llena de odio y juró vengarse de la esposa infértil y su futuro hijo. Así comenzó la enemistad.

 

Entre sus existencias posteriores, las dos renacieron como una gallina y como un gato hembra; una cierva y un leopardo; y finalmente como una hija de un hombre noble en Saavatthi y un espíritu malvado femenino. Un día, ella (Kaali Yakkhinii) estaba persiguiendo a la hija de un noble señor y a su bebé. Cuando esta mujer escuchó que el Buddha estaba dando un discurso en el monasterio de Jeetavana, huyó a donde estaba el Buddha y puso a su hijo a sus pies para protección. El espíritu maligno fue prevenido de entrar en el monasterio. Después fue llamada a pasar y ambas, la mujer y el espíritu fueron amonestadas por el Buddha. El Buddha les habló acerca de sus problemas y su rivalidad como esposas en el pasado y cómo estuvieron albergando odio entre ellas. Les hizo ver que el odio sólo puede causar más odio, y que sólo podía ser superado por medio de la amistad, el entendimiento y la buena voluntad. Ambas se dieron cuenta de su error y dada la amonestación por el Buddha, hicieron la paz entre ellas.

 

Luego el Buddha le pidió a la mujer que le pasara su hijo al espíritu. Temiendo por la seguridad de su hijo, titubeó, pero como tenía devoción y confianza en el Buddha, entregó su hijo al espíritu.

 

El niño fue recibido afectuosamente por el espíritu maligno. Después de besarlo y  mimarlo como si fuera su propio hijo, le devolvió el niño a su madre. Como resultado no hubo más odio.

 

El verso que pronunció el Buddha es:

 

Los odios aquí nunca se apaciguan con el odio. Pero con el amor se apaciguan. Ésta es una ley antigua.