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V-Algunas Características Distintivas Del Buddhismo


By devangelos - Posted on 24 December 2007

Capítulo 5

Algunas Características Distintivas del Buddhismo


Las bases del Buddhismo son las Cuatro Verdades Nobles, a saber, el Sufrimiento (la razón de ser del Buddhismo), su causa (Deseo), su fin (el Nibbana, el Summum Bonum del Buddhismo), y el Camino Medio.

¿Cuál es la Noble Verdad del Sufrimiento?

El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, estar junto a lo que desagrada es sufrimiento, estar separado de lo que agrada es sufrimiento, no obtener lo que uno desea es sufrimiento; en resumen los Cinco Agregados del Apego son sufrimiento.”

¿Cuál es la Noble Verdad del la Causa del Sufrimiento?

“Es el deseo lo que nos lleva de nacimiento en nacimiento, acompañado por la avidez de la pasión, que goza aquí y allí, es el deseo de placeres sensuales (Kammatthana), el deseo de existir (Bhavatanha) (*) y el deseo de aniquilación (Vibhavatanha) (**)

*Deseo asociado al eternalismo: (Sassataditthi) (Comy)

** Deseo asociado al nihilismo: (ucchedaditthi) (Comy)

¿Cuál es la Noble Verdad de la Cesación del Sufrimiento?

“Es la ausencia de cualquier residuo, la total aniquilación del deseo, el abandono de éste, el desatarse, el escapar, el liberarse del deseo.”

¿Cuál es la Noble Verdad del Camino que conduce a la Cesación del Sufrimiento?

“Es el Noble Óctuple Sendero, que consiste en recto entendimiento, recto pensamiento, recta palabra, recta acción, recto modo de vida, recto esfuerzo, recta atención y recta concentración.”

Existan Budas o no, estas cuatro Verdades existen igualmente en el universo. Los Buddhas sólo revelan estas Verdades que permanecen escondidas en el abismo del tiempo.

Científicamente interpretado, el Dhamma puede ser llamado la ley de causa y efecto. Estos dos abarcan el cuerpo entero de las Enseñanzas del Buddha.

Las tres primeras representan la filosofía del Buddhismo; la cuarta representa la ética del Buddhismo basada en aquella filosofía. Las cuatro verdades son dependientes del cuerpo mismo. El Buddha declaró: “En este mismo cuerpo, de una braza de longitud, con sus percepciones y pensamientos, yo proclamo el mundo, el origen del mundo, el final del mundo y el camino que lleva al final del mundo”. Aquí, el termino “mundo” debe ser entendido como “sufrimiento”.

El Buddhismo se apoya sobre el pilar del sufrimiento y el pesar. Pero de ello no debe extraerse la consecuencia de que el Buddhismo es pesimista. No es totalmente pesimista ni es totalmente optimista sino que, al contrario, enseña una verdad que permanece en el medio de ambos. Sería justificable llamar “pesimista” al Buddhismo si el Buddha solamente hubiese enunciado la Verdad del sufrimiento sin sugerir un medio para ponerle fin. El Buddha percibió la universalidad del sufrimiento y prescribió una panacea para la enfermedad universal de la Humanidad. La más alta felicidad concebible, según el Buddha, es el Nibbana, que es la total extinción del sufrimiento.

El autor del artículo sobre el Pesimismo en la Enciclopedia Británica escribe: “El pesimismo denota una actitud de desesperación ante la vida, la vaga opinión general de que la pena y el dolor predominan en los asuntos humanos. La doctrina original del Buddha, de hecho, es tan optimista como cualquier optimismo de Occidente. Llamarle pesimista es meramente aplicarlo al principio característicamente occidental según el cual la felicidad es imposible sin personalidad. El verdadero buddhista apunta con entusiasmo hacia la absorción en la eterna felicidad.

Ordinariamente, el goce de los placeres sensuales es el más elevado y es la única felicidad del hombre común. No hay duda en este tipo de felicidad momentánea en la expectativa, gratificación y retrospección de tales placeres fugaces, pero son ilusorios y temporales. Según el Buddha, el no-apego es la más alta felicidad.

El Buddha no espera de sus seguidores que estén constantemente sopesando el sufrimiento y llevando una triste vida. Les exhorta a estar siempre felices y alegres, pues el gozo (piti) es uno de los factores de Iluminación.

La felicidad real se encuentra dentro y no puede definirse en términos de salud, hijos, honores o fama. Si tales posesiones son mal dirigidas, obtenidos injustamente o por la fuerza, malversadas o incluso vistas con apego, serán causa para la pena y el lamento de sus poseedores.

En lugar intentar racionalizar el sufrimiento, el Buddhismo toma el sufrimiento como otorgado y busca la causa para erradicarlo. El sufrimiento existe mientras existe el deseo. Sólo puede ser aniquilado caminado el Noble Octuple Sendero y alcanzando la suprema felicidad del Nibbana.

Estas cuatro Verdades deben ser verificadas por la experiencia. Así, el Buddha Dhamma no está basado en el temor a lo desconocido sino que está fundado en hechos que pueden ser comprobados y verificados mediante la experiencia. El Buddhismo es, por lo tanto, racional e intensamente práctico.

Un sistema tan racional y práctico no puede contener misterios o doctrinas esotéricas. La fe ciega, por lo tanto, es extraña al Buddhismo. Donde no hay fe ciega no hay coacción, persecución ni fanatismo. Como crédito al Buddhismo, debe decirse que durante su pacífica marcha de 2.500 años, ninguna gota de sangre ha sido derramada en el nombre del Buddha, ningún poderoso monarca empuñó su espada para propagar el Dhamma y no se realizó conversión alguna ni por la fuerza ni por métodos repulsivos. Aún más, el Buddha fue el primero y más grande misionero que vivió en esta Tierra.

Aldous Huxlye escribió: “Entre todas la grandes religiones del mundo, el Buddhismo hizo su camino sin persecución, censura ni inquisición.”

Lord Russell remarcó: “De las grandes religiones de la Historia, prefiero el Buddhismo, especialmente en sus formas tempranas, porqué ha tenido el más mínimo elemento de persecución.”

En nombre del Buddhismo no ha sido manchado ningún altar con la sangre de Hipatia, ningún Bruno fue quemado vivo.

El Buddhismo apela más al intelecto que a la emoción. Se preocupa más del carácter de sus devotos que de su supremacía numérica.

En cierta occasion Upali, un seguidor del Nigantha Nataputta, se acercó al Buddha, estando tan satisfecho con la exposición del Dhamma que el Buddha había realizado, que instantáneamente declaró su deseo de convertirse en seguidor del Buddha. Pero el Buddha le advirtió, diciendo:

“De verdad, hombre de familia, investiga plenamente. Es bueno para un distinguido hombre como tu, que primero hagas una completa investigación.”

Upali, jubiloso por este inesperado comentario del Buddha, dijo:

“Señor, he sido un seguidor de otra religión, sus partidarios me hubiesen llevado por las calles en procesión, proclamando que tal o cual millonario había renunciado a su anterior fe y abrazado la suya. Pero, Señor, Su Reverencia me aconseja que primero investigue un poco más. Todavía me regocijo más por este comentario que Vd. ha hecho. Por segunda vez, Señor, busco refugio en el Buddha, en el Dhamma y en el Sangha.”

El Buddhismo está imbuido de este espíritu de libre investigación y completa tolerancia. Es la enseñanza de la mente abierta y el corazón compasivo que, iluminando y aportando calidez a todo el universo con sus gemelos rayos de sabiduría y compasión, derrama su genial brillo en cada ser que brega en el océano de nacimiento y muerte.

El Buddha fue tan tolerante que ni siquiera ejerció Su poder para dictar mandamientos a sus seguidores laicos. En lugar de usar el imperativo, dijo: “Os atañe hacer esto... no os atañe hacer aquello”. En lugar de imponer, exhortó.

El Buddha extendió esta tolerancia a los hombres, mujeres y todas las criaturas vivientes.

Fue el Buddha quien primero intentó abolir la esclavitud y vehementemente protestó contra el degradante sistema de castas que estaba firmemente arraigado en tierras de la India. Según la palabra del Buddha, no es por mero nacimiento que uno es un descastado o un noble sino por sus propias acciones. La casta o el color no impiden a nadie convertirse en Buddhista o entrar en la Orden. Pescadores, barrenderos, cortesanos, guerreros, brahmines, fueron admitidos libremente en la Orden y gozaron de los mismos privilegios, las mismas posiciones de rango les fueron otorgadas. Upali, el barbero, por ejemplo, tuvo preferencia a los demás en materia del disciplina o Vinaya; el tímido Sunita, un basurero, con alcanzó el estado de Arahant fue admitido por el mismo Buddha en la Orden. Angulimala, ladrón y criminal, se convirtió en un compasivo santo. El fiero Alavaka buscó refugió en el Buddha y se convirtió en un santo. La cortesana Ambapali entró en la Orden y alcanzó el estado de Arahant. Tales ejemplos pueden ser fácilmente multiplicados en el Tipitaka para mostrar que las puertas del Buddhismo están abiertas a todos, sin tener en cuenta casta, color o rango.

Fue también el Buddha quien elevó el status de las oprimidas mujeres y no sólo las llevó a la realización de su importancia para la sociedad sino que fundó la primera orden célibe de mujeres con reglas y normas.

El Buddha no humilló a las mujeres, simplemente las consideraba de naturaleza más débil. Él vio la bondad innata tanto en hombres como en mujeres y les asignó a ambos debidos lugares en su Enseñanza. El sexo no sería una barrera para alcanzar la santidad.

A veces el término pali para designar a las mujeres es Matugama, que significa “pueblo de mujeres” o “sociedad de mujeres”. Como madre, la mujer tiene un honorable lugar en el Buddhismo. Incluso la esposa es considerada “la mejor amiga” (parama sakha) de su esposo.

Desconsiderados críticos toman deliberadamente fragmentos de frases cuando reprochan al Buddhismo que es hostil con las mujeres. Aunque al principio el Buddha rechazó admitir mujeres en la Orden por motivos razonables, después consintió ante las suplicas de su madrastra Pajapati Gotami y fundó la Orden de Bhikkhuni. Igual que Arahants Sariputta y Mogallana fueron elegidos dos discípulos jefes de la Orden de monjes, así señalo a las arahants Khema y Uppalavanna como las dos principales discípulas femeninas. Otras discípulas femeninas fueron nombradas por el mismo Buddha como sus distinguidas y piadosas seguidoras.

En cierta ocasion, el Buddha dijo al Rey de Kosala, quien estaba disgustado al oír que el bebé que esperaba había sido una niña:

“Una niña, ¡oh! Señor de los hombres, puede ser mejor descendencia que un varón.”

Muchas mujeres, que de otra manera hubiesen caído en el olvido, se distinguieron en varias facetas y ganaron su emancipación siguiendo el Dhamma y entrando en la Orden. En esta nueva Orden, que más tarde resultó ser una gran bendición para muchas mujeres, reinas, princesas, hijas de nobles familias, viudas, desconsoladas madres, mujeres destituidas, pobres cortesanas… todas, sin importar casta o rango, encontraron una plataforma común, gozaron del perfecto consuelo y paz y respiraron la libre atmósfera que nunca encuentran aquellas que están enclaustradas, ya sea en cabañas o en suntuosas mansiones.

También fue el Buddha quien prohibió el sacrificio de las pobres bestias y aconsejó a sus seguidores a extender su benevolencia (Metta) a todos los seres vivos, incluso las más diminutas criaturas que se arrastran a nuestros pies. Ningún hombre tiene el poder o el derecho de destruir la vida de otro ser, puesto que la vida es preciosa para todos.

Un genuino Buddhista ejecería este amor incondicional hacia todos los seres vivientes y se identificaría con todos ellos sin hacer distinción alguna en relación casta, color o sexo.

Este amor condicional del Buddhismo intenta romper todas las barreras que separan a unos de otros. No hay razón para permanecer indiferente ante los demás simplemente porque pertenecen a otra religión o nacionalidad. En este noble edicto de la Tolerancia que está basado en Cullay-Vyuha y Maha-Vyuha Suttas, Asoka dice:

“El Buddhismo no está confinado en ningún país o nación en particular. Es universal. No es un nacionalismo, que en otras palabras, sería otra forma de sistema de castas fundado en una base más amplia. El Buddhismo, si se permite la expresión, es un sobre-nacionalismo.”

Para un Buddhista no hay cerca o lejos, ni enemigo ni extranjero, ni renegado ni intocable, ya que el amor universal realizado a través de la comprensión ha establecido la hermandad entre todas las criaturas vivientes. Un Buddhista verdadero es un ciudadano del mundo, percibe el mundo entero como su tierra natal y a todos los seres como sus hermanos y hermanas.

El Buddhismo es, por lo tanto, único, principalmente debido a su tolerancia, no agresividad, practicidad, eficacia y universalidad. Es la más noble de todas las influencias unificadoras y la única palanca capaz de levantar el mundo.

Estas son algunas de las más notables características del Buddhismo y entre algunas de las doctrinas fundamentales podrían decirse: Kamma o Ley de Causa Moral, la Doctrina del Renacimiento, Anatta y Nibbana.