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V - La Observancia de la Moralidad


By devangelos - Posted on 30 December 2007

La tradición buddhista reconoce tres caminos distintos de observar los preceptos. Uno es llamado "la abstinencia inmediata o natural" (sampattavirati), que significa abstenerse de acciones insanas naturalmente, a través de un sentido arraigado de conciencia, producto ya sea de una disposición ética innatamente buena o de la educación y el entrenamiento. El segundo es llamado "la abstinencia a través de la observancia" (samādānavirati), que significa abstenerse como resultado de haber asumido las reglas de entrenamiento con la determinación de seguirlas como pautas para la recta acción. El tercer camino es llamado "la abstinencia a través de la erradicación" (samucchedavirati), que significa abstenerse de las transgresiones cubiertas por los preceptos como resultado de haber erradicado las impurezas de las que surgen las transgresiones.

Para propósitos del propio entrenamiento, el buddhismo enfatiza la importancia del segundo tipo de abstención. La abstinencia inmediata es vista como digna de alabanza en sí misma, pero no suficiente como base para el entrenamiento puesto que presupone la existencia previa de una fuerte conciencia, lo cual no es una realidad en la inmensa mayoría de los hombres. Con el objeto de desarrollar la fuerza mental que resista el surgimiento repentino de las impurezas, es esencial asumir los preceptos a través de un acto deliberado de voluntad y contraer la determinación de observarlos diligentemente.

Hay dos maneras de asumir formalmente los cinco preceptos: la inicial y la recurrente, correspondiendo a las dos maneras de ir hacia el refugio. La inicial toma lugar inmediatamente después del inicio de ir hacia el refugio. Cuando el aspirante recibe los tres refugios de parte de un bhikkhu en ceremonia formal, esto después será seguido por la administración de los cinco preceptos, recitando el monje en orden cada uno de ellos y repitiéndolos el discípulo laico después del monje. Si no hay monje disponible que suministre el refugio y los preceptos, el aspirante puede tomarlos por él mismo, mediante una fuerte y deliberada resolución mental, de preferencia ante una imagen del Buddha. La presencia de un monje no es necesaria pero es generalmente deseable para dar un sentido de la continuidad del linaje.

El asumir los preceptos no es un evento de un solo disparo a ser efectuado por única vez y luego caer escarpadamente en el banco de almacenamiento de los recuerdos. Mejor dicho, como en el ir hacia el refugio, los preceptos deben ser asumidos repetidamente, de preferencia sobre la base diaria. Éste es el asumir recurrente de los preceptos. Así como el discípulo repite a diario los tres refugios para fortalecer su compromiso con el Dhamma, así debe recitar los cinco preceptos inmediatamente después de los refugios, para expresar su determinación de incorporar el Dhamma en su conducta. Sin embargo, la práctica de la moralidad no debe ser confundida con la mera recitación de una fórmula verbal. La recitación de la fórmula ayuda a reforzar la voluntad para llevar a cabo el entrenamiento, pero más allá de todas las recitaciones verbales, los preceptos tienen que ser puestos en práctica día a día, especialmente en las ocasiones que se vuelven pertinentes.

Asumir los preceptos es como comprar un boleto de tren: la compra del boleto nos permite abordar el tren pero no nos lleva por sí mismo a ningún lado. De manera similar, la aceptación formal de los preceptos nos facilita embarcarnos en el entrenamiento, pero después de la aceptación, tenemos que convertir los preceptos en acción.

Una vez que hemos tomado la determinación inicial de cultivar la moralidad, hay ciertos factores mentales que ayudan entonces a proteger nuestra observancia de los preceptos. Uno de éstos es la atención plena (sati). La atención plena es conciencia, atención constante y fina observación. La atención plena abraza todos los aspectos de nuestro ser - nuestras actividades corporales, nuestros sentimientos, nuestros estados mentales, nuestros objetos de pensamiento. Con la atención afinada podemos estar conscientes exactamente en lo que estamos haciendo, qué sentimientos y estados mentales nos están impulsando hacia líneas particulares de acción, qué pensamientos forman nuestras motivaciones. Entonces, por medio de esta atención plena, podemos evitar lo insano y desarrollar lo sano.

Otro factor que nos ayuda a mantener los preceptos es el entendimiento (paññā). El entrenamiento en la disciplina moral no debe ser emprendido como una ciega sumisión dogmática a reglas externas, sino como un proceso completamente consciente guiado por la inteligencia. Los factores de entendimiento nos dan esa guía inteligente. Para observar propiamente los preceptos, tenemos que entender por nosotros mismos qué clase de acciones son sanas y cuáles insanas. También tenemos que entender porqué unas son sanas y otras insanas, porqué unas deben ser perseguidas y otras abandonadas. La profundización en el entendimiento nos capacita para ver las raíces de nuestras acciones. Por ejemplo, los factores mentales de los que ellas brotan y las consecuencias a las que conducen, sus efectos a largo plazo sobre nosotros y sobre los demás. El entendimiento expande nuestra visión no solamente hasta las consecuencias sino también hasta las alternativas, hasta las diferentes líneas de acción que ofrece cualquier situación objetiva. De allí que, el entrenamiento nos da el conocimiento desde varias alternativas abiertas a nosotros y la sabiduría para elegir alguna en preferencia a otras.

Un tercer factor que ayuda a mantener los preceptos es la energía (viriya). El entrenamiento en la recta conducta es básicamente un camino de entrenamiento de la mente, puesto que es la mente la que dirige nuestras acciones. Pero la mente no puede ser entrenada sin esfuerzo, sin la aplicación de la energía que la conduzca a los canales sanos. La energía trabaja a la par con la atención y el entendimiento para efectuar la purificación gradual de la moralidad. A través de la atención plena ganamos conciencia de nuestros estados mentales; a través del entendimiento podemos determinar las tendencias de estos estados y sus características, raíces y consecuencias; entonces, a través de la energía, nos esforzamos para abandonar lo insano y cultivar lo sano.

El cuarto factor conducente al entrenamiento en la moralidad es la paciencia (khanti). La paciencia nos capacita para resistir las acciones ofensivas de otros sin enojarnos o buscar la venganza. La paciencia también nos capacita para resistir las circunstancias desagradables sin insatisfacción y depresión. Frena nuestros deseos y aversiones restringiendo nuestras transgresiones motivadas por la avidez o por represalias violentas.

La abstinencia por erradicación (samucchedavirati), la más alta forma de observar los preceptos, ocurre automáticamente con la realización del estado de ariya, alguien que ha alcanzado la realización directa del Dhamma. Cuando el discípulo alcanza el estado de "entrada en la corriente" (sotāpatti), el primer estado del ariya, se vuelve seguro de alcanzar la completa liberación en un máximo de siete vidas. Es entonces incapaz de revertir el curso del progreso hacia la iluminación. Simultáneamente a su logro de "entrada en la corriente," el discípulo adquiere cuatro cualidades inalienables, llamadas "los cuatro factores de entrada en la corriente" (sotāpattiyaṅga). Los primeros tres constituyen la inquebrantable fe en el Buddha, el Dhamma y el Sangha. El cuarto es la moralidad completamente purificada. El noble discípulo ha cortado las impurezas que motivan la transgresión de los preceptos. Por lo tanto, él nunca puede violar deliberadamente los cinco preceptos. Su observancia de los preceptos se ha vuelto "inquebrantable, inamovible, intachable, liberadora, alabada por el sabio, desapegada, conducente a la concentración."