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VI-Kamma o La Ley de Causa y Efecto


By devangelos - Posted on 24 December 2007

Capítulo 6

Kamma o La Ley de Causa y Efecto

Afrontamos un mundo totalmente desequilibrado. Percibimos las desigualdades, los diversos destinos de los hombres y los numerosos rangos de seres que existen en el universo. Vemos a uno que ha nacido en condiciones de abundancia, dotado de refinadas cualidades mentales, morales y físicas y otro que ha nacido en la pobreza y la miseria. He aquí un hombre virtuoso y santo, pero, a pesar de sus expectativas, la mala suerte está siempre al acecho para saludarle. Este mundo malvado va en sentido contrario a sus ambiciones y deseos. Él es pobre y miserable a pesar de su honestidad y piedad. He aquí que otro es vicioso y alocado pero resulta favorecido por la suerte. Es recompensado con toda clase de favores a pesar de sus negligencias y malos modos de vida.

Podría uno preguntarse ¿por qué unos han de ser inferiores y otros superiores? ¿Por qué uno es arrebatado de las manos de su afectuosa madre cuando escasamente ha vivido unas pocas primaveras y otro perece en la flor de la vida, o en la madura edad de ochenta o incluso cien años? ¿Por qué uno es enfermizo y débil mientras otro es fuerte y sano? ¿Por qué uno es bien parecido y otro es feo y horrible, repulsivo a todos? ¿Por qué uno crece en los regazos de la lujuria y otro en la absoluta pobreza, empapado de miseria? ¿Por qué uno nace como millonario y otro como pobre? ¿Por qué uno nace con características de santidad y otro con tendencias criminales? ¿Por qué unos son lingüistas, artistas, matemáticos o músicos desde la cuna? ¿Por qué algunos son ciegos congénitos, sordos o malformados? ¿Por qué algunos están bendecidos y otros maldecidos desde su nacimiento?

Estos son algunos problemas que dejan perplejas las mentes de los pensadores ¿Cómo contabilizar los desequilibrios del mundo, las diferencias en el género humano? ¿Todo esto es obra del ciego azar u ocurre por accidente?

Nada hay en este mundo que ocurra por casualidad o accidente. Decir que algo ocurre es debido a la casualidad no es menos cierto que decir que este libro ha surgido por si mismo. Estrictamente hablando, nada sucede a una persona que ésta no merezca por una u otra razón.

¿Podría acaso ser el mandato de un irresponsable creador?

Huxley escribe: “Si asumimos que alguien, intencionadamente, ha puesto en marcha este maravilloso universo, es perfectamente obvio que no es enteramente benevolente y justo, en el inteligible sentido de estas palabras, sino más bien malevolente e injusto”.

Según Einstein: “Si este ser (Dios) es omnipotente, entonces cada ocurrencia, incluidas las acciones del ser humano, cada pensamiento humano, cada aspiración y sensación humanas son también obra suya; ¿cómo es posible pensar que hombres son responsables por sus acciones y pensamientos ante tal Todopoderoso Ser?

“Al repartir castigos y recompensas, en cierto modo se estaría juzgando a si mismo. ¿Cómo podría esto ser compatible con la bondad y rectitud que se le atribuye?”

“Según los principios teológicos, el hombre es creado arbitrariamente sin haberlo deseado, y en el momento de su creación es bendecido o eternamente condenado. Desde ese momento el hombre es bueno o malo, afortunado o desafortunado, noble o depravado, desde el primer paso en el proceso de su creación física hasta el momento de su última respiración, sin importar sus deseos individuales, expectativas, ambiciones, esfuerzos o devotas plegarias. Éste es el fatalismo teológico”. Spencer Lewis.

Como Charles Bradlaugh apunta: “La existencia del mal es un obstáculo en el que tropieza el teísta. Pena, miseria, crimen, pobreza se enfrentan a quien aboga por la bondad eterna y desafían con su incontestable poder su afirmación de un Dios que es todo-bondadoso, omnisciente y todopoderoso.”

En palabras de Schopenhauer: “Quien se considera a si mismo surgido de la nada debe también pensar que también se convertirá en nada, pues una eternidad pasó antes de que el existiese y, luego, otra segunda eternidad ha empezado, a través de la cual nunca cesará de ser, es un pensamiento monstruoso.”

“Si el nacimiento es el absoluto principio, entonces la muerte debe ser el absoluto final; asumir que el hombre surge de la nada conlleva necesariamente el asumir que la muerte es su absoluto final.”

Refiriéndose a los sufrimientos humanos y Dios, el profesor J.B.S Haldane escribe: “O bien el sufrimiento humano es necesario para perfeccionar el carácter humano, o Dios no es Todopoderoso. La primera teoría es descartada por el hecho de que algunos han sufrido muy poco y, sin embargo, han sido afortunados en su linaje y tienen rasgos muy refinados. La objeción a la segunda teoría es que, sólo respecto al Universo como un todo, hay un hueco intelectual que puede ser llenado con la postulación de una deidad. Presumiblemente un creador podría crear lo que quisiese.”

Lord Russell declara: “El mundo, se nos ha dicho, fue creado por un Dios que es bueno y omnipotente. Antes de que crease el mundo, advirtió todo el dolor y la miseria que contendría. Por lo tanto, es responsable por todo ello. Es inútil argumentar que el sufrimiento en el mundo es debido al pecado. Si Dios sabía de antemano los pecados de los que el hombre iba a ser culpable, él es claramente responsable de todas las consecuencias de estos pecados cuando decidió crear al hombre.”

En “Desesperación”, un poema escrito en su vejez, Lord Tennyson ataca audazmente a Dios, quien, como está escrito en Isaías, dice: “Yo hago la paz y origino el mal” (Isaías, XIV, 7)

¡Qué! ¿Debo solicitar de este infinito amor que tan bien nos ha servido?

Es más bien la infinita crueldad, que fabricó el infierno eterno.

Nos creo, nos preconcibió, nos pre-condenó, y hace lo que quiere con lo que le pertenece.

Mejor que nuestra madre haya muerto, pues nunca nos ha oído gemir.

Seguramente, “la doctrina de que todos los hombres son pecadores y tienen el pecado original de Adán es un desafío a la justicia, misericordia, amor y justicia omnipotente.”

Algunos escritores de la antigüedad declararon autorizadamente que Dios creó al hombre a su propia imagen. Algunos pensadores modernos declaran, por el contrario, que el hombre creó a Dios a su propia imagen. Con el crecimiento de la civilización el concepto humano de Dios se refinó cada vez más.

Es, sin embargo, imposible concebir tal ser, dentro o fuera del Universo.

¿Podría esta diferenciación entre seres humanos deberse a la herencia o el medio ambiente? Puede admitirse que todos los fenómenos químico-físicos revelados por los científicos son parcialmente instrumentales pero no pueden ser los únicos responsables de las sutiles distinciones y vastas diferencias existentes entre individuos. Además, ¿por qué gemelos idénticos físicamente parecidos, herederos de los mismos genes, habiendo gozado de la misma educación, son a menudo totalmente diferentes en temperamento, moralidad e intelectualidad?

La herencia no puede ser la única responsable de estas vastas diferencias. Estrictamente hablando, es más plausible tener en cuenta la herencia para las semejanzas que para muchas de las diferencias. El infinitesimalmente diminuto gen químico-físico, de un tamaño aproximado a la treinta millonésima parte de una pulgada, heredado de los padres, explica solo una parte del hombre, su fundamento físico. En relación a la más complejas y sutiles diferencias mentales, intelectuales y morales necesitamos un poco más de iluminación. La teoría de la herencia no puede dar explicaciones satisfactorias para el nacimiento de un criminal en una larga línea de honorables antepasados, el nacimiento de un santo o un noble en una familia de mala reputación, para el surgimiento de niños prodigio, hombres geniales y grandes maestros religiosos.

De acuerdo al Buddhismo, esta variación es debida no sólo a la herencia, al medio ambiente, “naturaleza y alimento”, sino también a nuestro kamma, en otras palabras, al resultado de nuestras heredadas acciones pasadas y a nuestros actos presentes. Nosotros somos responsables de nuestros actos, felicidad y miseria. Construimos nuestros propios infiernos. Creamos nuestros propios cielos. Somos los arquitectos de nuestro destino. En resumen, nosotros somos nuestro kamma.

En cierta ocasión, un joven hombre llamado Subbha se acercó al Buddha y le preguntó por qué motivo existían entre los seres humanos estados bajos y elevados.

-Pues, -dijo- encontramos entre la humanidad aquellos de breve vida y otros de larga existencia, los sanos y los achacosos, los bellos y los feos, los poderosos y los que no tienen poder alguno, los pobres y los ricos, los mal nacidos y los de elevado linaje, los ignorantes y los inteligentes.”

El Buddha replico, brevemente: “Cada criatura viviente tiene el kamma como propiedad, como herencia, como causa, como origen, como refugio. El kamma es lo que diferencia a los seres vivientes en los bajos y elevados estados.”

Él explicó la causa de tales diferencias de acuerdo a la ley de causalidad moral.

Así, desde elpunto de vista buddhista, nuestras diferencias mentales, intelectuales, morales y temperamentales son debidas principalmente a nuestras acciones y tendencias, tanto pasadas como presentes.

Kamma, literalmente, significa acción; pero, en sentido último, significa la volición meritoria y demeritoria (kusala akusala cetana). El kamma constituye el bien y el mal. El bien produce bien. El málproduce mal. Lo igual atrae lo igual. Ésta es la ley del kamma.

Como algunos occidentales prefieren referir, el kamma es “la influencia de la acción”.

Cosechamos lo que sembramos. Lo que sembramos lo cosecharemos en algún lugar, dentro de algún tiempo. En cierto sentido, somos el resultado de lo que fuimos. En otro sentido, no somos totalmente el resultado de lo que fuimos ni tampoco seremos de modo absoluto el resultado de lo que somos. Por ejemplo, un criminal hoy puede ser un santo mañana.

El Buddhismo atribuye esta variación al kamma, pero no afirma que absolutamente todo se debe al kamma.

Si todo fuese debido al kamma, un hombre sería siempre malo, pues su kamma es el de un hombre malo. Ni otro hombre necesitaría ir al médico para curarse de la enfermedad, pues si tal fuese su kamma, ese hombre se curaría.

De acuerdo al Buddhismo, hay cinco órdenes o procesos (niyamas) que operan en el ámbito de lo físico y lo mental:

     I.        Kamma niyama: orden de acto y consecuencia, por ejemplo, actos deseables o indeseables producen los correspondientes buenos o malos resultados.

   II.        Utu niyama: orden físico (inorgánico), por ejemplo, fenómenos estacionales de viento y lluvias.

 III.        Bija niyama: orden de los gérmenes y semillas (orden orgánico-físico); por ejemplo, el arroz producido por semillas de arroz, el sabor dulce de la caña de azúcar o la miel, etc. La teoría científica de las células y genes y la semejanza entre hermanos gemelos son ejemplos de este orden

 IV.        Citta niyama: orden de la mente o ley psíquica, por ejemplo, procesos de la conciencia (citta vithi), poder de la mente, etc.

    V.        Dhamma niyama: orden de la norma, por ejemplo, los fenómenos naturales que suceden cuando adviene un Bodhisatta en su último nacimiento, la gravedad, etc.

Cada fenómeno físico o mental podría ser explicado con estos cinco órdenes que todo lo abarcan, con estos procesos que son leyes en si mismas. Kamma es, por lo tanto, sólo uno de estos cinco órdenes que prevalecen en el Universo. Es una ley en si misma, pero de ello no debe conseguirse que deba haber un legislador. Las leyes ordinarias de la naturaleza, como la gravedad, no necesitan un legislador. Operan en su propio campo sin la intervención de un agente gobernante independiente.

Nadie, por ejemplo, decretó que el fuego deba arder. Nadie ordenó que el agua busque su propio nivel. Ningún científico ha ordenado que el agua consista en H2O y que la frialdad fuese una de sus propiedades. Éstas son características intrínsecas. Kamma no es destino ni predestinación impuesta sobre nosotros por algún desconocido y misterioso poder al cual debemos desvalidamente someternos. Son los propios actos reaccionando sobre uno mismo, con lo cual uno tiene la posibilidad de desviar el curso del kamma hasta cierto punto. Cuan lejos uno sea capaz de desviarlo depende de si mismo.

Sea remarcado que fraseología tal como “recompensa” o “castigo” no debería ser usada para introducirse en discusiones relativas al kamma. El buddhismo no reconoce un Ser Todopoderoso que gobierna a sus súbditos y los premia o castiga. Los Buddhistas, por el contrario, creen que la pena y felicidad que uno experimenta son el resultado natural de las propias acciones buenas o malas. Debe decirse que el kamma tiene tanto el principio continuativo como el retributivo.

Inherente al kamma existe la potencialidad de producir el efecto correspondiente. La causa produce el efecto; el efecto explica la causa. La semilla produce el fruto; el fruto explica la semilla, ambos están interrelacionados. De la misma manera el kamma y su efecto están interrelacionados; “el efecto ya ha florecido en la causa”.

Un Buddhista que está plenamente convencido de la doctrina del kamma no reza a otro para ser salvado sino que confía en si mismo para su purificación porqué el kamma enseña la responsabilidad individual.

Es esta doctrina la que le da consuelo, esperanza, confianza en si mismo, y valor moral. Es esta creencia en el kamma “lo que valida su esfuerzo, enciende su entusiasmo”, le vuelve siempre amable, tolerante y considerado. Es esta firme creencia en el kamma lo que le induce a abstenerse del mal, hacer el bien sin estar atemorizado por ningún castigo o tentado por ningún premio.

Es esta doctrina del kamma la que puede explicar el problema del sufrimiento, el misterio del llamado “destino” o “predestinación” en otras religiones, y sobre todo la desigualdad entre los seres humanos.

El kamma y el renacimiento son aceptados como axiomáticos.