You are hereLa Toma de los Preceptos / VI - La Ruptura de la Moralidad

VI - La Ruptura de la Moralidad


By devangelos - Posted on 30 December 2007

El asumir los preceptos es hacer una determinación de vivir en armonía con ellos, no asegurar que uno nunca los romperá. A pesar de nuestra determinación, algunas veces pasa que debido al descuido o a la fuerza de nuestro condicionamiento por las impurezas, actuamos contrariamente a los preceptos. La pregunta entonces se presenta: ¿Qué hacer en tales casos?

Una cosa que no debemos hacer si rompemos un precepto es dejarnos conducir por la culpa y la auto-condenación. Hasta conseguir los planos de liberación, es esperado que las impurezas surjan de vez en cuando y motiven acciones insanas. Los sentimientos de culpa y auto-condenación no hacen nada para ayudar al asunto sino solamente cosas peores para meternos en un revestimiento de auto-evasión. Un sentido de vergüenza y una moral escrupulosa son centrales para mantener los preceptos, pero no debe permitirse que queden enredados en los rollos de la culpa.

Cuando un incumplimiento de los preceptos toma lugar, hay distintos métodos para enmendar. Un método usado por los monjes para ganar exoneración en lo que se refiere a infracciones de las reglas monásticas, es la confesión. Por ciertas clases de ofensas monásticas, un monje puede ganar exoneración simplemente a través de la confesión de su transgresión a otro monje. Quizá con las modificaciones convenientes, el mismo procedimiento podría ser aplicado por los laicos, por lo menos con respecto a las violaciones más serias. Por lo tanto, si hay un número de gente laica que está sinceramente intentando seguir el sendero y alguno cae en el incumplimiento de un precepto, puede confesar su falta a un amigo del Dhamma o, si no hay uno disponible, puede confesarla privadamente ante la imagen del Buddha. Debe hacerse hincapié de cualquier manera, que esa confesión no apunta a ganar la absolución. Nadie es ofendido por la falta de ética ni hay alguien que conceda el perdón. La confesión tampoco revoca el kamma adquirido por la transgresión. El kamma ha sido generado por el acto y producirá su efecto correspondiente si adquiere oportunidad. El propósito básico de la confesión es limpiar la mente del remordimiento producido como consecuencia del incumplimiento. La confesión ayuda especialmente a prevenir el encubrimiento de la falta, una manipulación sutil del ego, usada para reforzar su orgullo en su propia imaginada perfección.

Otro método de enmienda consiste en retomar los cinco preceptos, recitando cada uno de ellos en orden, sea en presencia de un monje o ante la imagen del Buddha. Este nuevo asumir de los preceptos puede ser reforzado por una tercera medida consistente en tomar una determinación fuerte de no caer en el futuro otra vez en la misma transgresión. Habiendo aplicado estos tres métodos, uno puede ejecutar más acciones virtuosas como una forma de acumular buen kamma, para contrarrestar el kamma insano adquirido por el incumplimiento del precepto. El kamma tiende a producir su resultado correspondiente y, si esta tendencia es suficientemente fuerte, no hay nada que podamos hacer para borrarla. De cualquier forma, el kamma no da sus frutos siempre como un asunto de estricta necesidad. Las tendencias kámmicas se tiran y empujan unas a otras, en complejos patrones de relación. Algunas tienden a reforzar el resultado de otras, algunas a debilitar los resultados, algunas a obstruir los resultados. Si construimos kamma sano a través de acciones virtuosas, este kamma puro puede inhibir el kamma insano y prevenirlo de conseguir realización. No hay garantía de que esto se logre, pues el kamma es un proceso viviente, no mecánico; pero las tendencias del proceso pueden ser entendidas y, ya que una tiende por lo sano a contrarrestar lo insano e impide sus resultados indeseados, una fuerza provechosa para suprimir los efectos del incumplimiento del precepto es la ejecución de acciones virtuosas.